Cochabamba

Saludo de Mons. Oscar Aparicio a los Obispos de Bolivia que inician su XCVIII Asamblea

Mons. Oscar Aparicio, durante el acto inaugural de la 98 Asamblea de Obispos de Bolivia saludó a los Obispos de Bolivia, en el mismo expresó preocupación por algunos temas de coyuntura y recordó a los Obispos que fallecieron en esta gestión.

Saludos y recordatorios

Muy queridos hermanos obispos, estimados colaboradores de la Conferencia Episcopal Boliviana y representantes de los diversos sectores del Pueblo de Dios, presentes en esta XCVIII (nonagésima octava) Asamblea de los Obispos, miembros de los medios de comunicación y, a través de ustedes, saludo a todos los hermanos  bolivianos.

Como siempre y de manera muy especial, permítanme enviar a nuestro querido Cardenal Julio  Terrazas un sentido y fraternal saludo, en nombre de todos, y nuestras oraciones por su salud, a quien por mucho tiempo presidió nuestras asambleas de la Conferencia Episcopal Boliviana y, actualmente nos acompaña espiritualmente como presidente honorario. En esta ocasión permítanme expresar a Su Eminencia, el cardenal Julio nuestro apoyo y respeto, de todos los obispos de Bolivia, más aún, de todo el Pueblo de Dios que camina en Bolivia por su valentía profética y ejemplo de compromiso y amor a todos, especialmente a los más pobres. Pido a Mons. Sergio Gualberti haga llegar este nuestro saludo y solidaridad a su Eminencia.

Otro saludo especial a nuestro hermano, el Sr. Nuncio Apostólico, Su Excelencia Mons. Giambattista Diquattro, representante de la Santa Sede para nuestro país, quien, con su presencia, nos ayuda a sentir la comunión con el Santo Padre, el Papa Francisco, y a su vez nos anima aún más a trabajar por la unidad y comunión de la Iglesia.

Quiero Saludar y celebrar también las nuevas responsabilidades, en primer lugar, de nuestro hermano  Mons.  Fernando Bascopé, Obispo Electo del Ordinariato Castrense y, en esta ocasión, la mía propia, escogido por Dios y por el Santo Padre,  para ser Arzobispo Electo de la Arquidiócesis de Cochabamba. Ambos sabemos que contamos con su apoyo y oración en esta tarea que nos han encomendado, sin méritos de nuestra parte

Además debo expresar un profundo agradecimiento y reconocimiento a nuestro hermano Mons. Tito Solari, cuya renuncia como Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba, ha sido aceptada también por el Santo Padre. Mons. Tito sabes que estamos profundamente agradecidos por tu ejemplo de servicio pastoral a nuestro pueblo y el enorme trabajo y sabiduría de vida que has sembrado  en nuestra Conferencia Episcopal.

Pido por todos y cada uno de nuestros hermanos, sobre todo, por los enfermos y los que nos han precedido en la fe y viven ya en la Casa del Padre, especialmente en este periodo lamentamos el fallecimiento de nuestro  hermano Mons. Manuel Revollo, cuya fiel presencia en estas asambleas, sus poesías y su ardor misionero vamos a extrañar. Querido Manuel, continúa velando por nosotros y  acompañándonos desde la casa del Padre.

Una mirada a la realidad de nuestro país

Al mirar la realidad de nuestro país  país en este momento, creo que vale la pena felicitar a todos los bolivianos por el proceso electoral participativo, pacífico y con espíritu democrático que hemos vivido. Es justo reconocer el crecimiento del espíritu democrático de nuestro pueblo, así como la mayor inclusión y participación de los  excluidos en la vida política del país. Nos alegramos y felicitamos por la Bolivia que va surgiendo en la que pueblos indígenas y movimientos sociales van siendo cada vez más protagonistas del camino de construcción de nuestra Bolivia.

También tenemos que alegrarnos y dar gracias al Dios que rige el destino de los pueblos y a la gestión de las autoridades por el buen momento económico que vivimos, manifestado en las construcciones que han aumentado y son servicios al pueblo que mejoran la  calidad de vida.  Es un momento en el que hay razones para el optimismo y la esperanza.

Sin embargo no podemos dejar de ver tampoco los desafíos que seguimos teniendo todos en la tarea ingente de construir una  Bolivia de progreso.  Como dijimos en el comunicado de la Conferencia Episcopal del 15 de Octubre: “Entre estas grandes tareas pendientes hay que mencionar la necesidad de contar con propuestas estructurales y sostenibles frente al drama de la pobreza persistente, respuestas más eficaces y oportunas frente a las amenazas crecientes del narcotráfico, una verdadera y profunda renovación del sistema judicial, propugnar una auténtica y sana independencia de los poderes al servicio del estado de derecho, una evidente mejora de los servicios de salud y educación, así como adoptar medidas urgentes para resolver la  creciente  inseguridad ciudadana, entre las más importantes”.

A estas tareas me permito añadir  también entre esos desafíos: una Bolivia en la que se garantice el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y en la que se regule y reconozca  la objeción de conciencia para los funcionarios del sistema de salud que no puedan, por fidelidad a su conciencia, realizar abortos.

Una Bolivia en la que en su sistema educativo se respete el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus convicciones religiosas sin que el Estado imponga una sola ideología para todos, como se está intentando hacer actualmente.

Tenemos el desafío de construir una Bolivia con más tolerancia y respecto a los que piensan diferente

Es así que, permítanme soñar, una Bolivia en la que los más pobres puedan acceder a servicios de salud y educación dignos con calidad y en donde sean tratados con calidez.

Para lograr estos desafíos o sueños, porque soñar con algo mejor en este mundo debe estar permitido y no debe ser censurado, la Iglesia ofrece su colaboración para que Iglesia y Estado, siendo independientes como son, colaboren al servicio del bien común de los ciudadanos. De sabios es colaborar juntos para lograr el bien común.

La Iglesia realiza un trabajo social de salud, educación y atención a los más pobres en más de dos mil obras extendidas por la geografía nacional, que son fruto del trabajo generoso de muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos,  y que son colaboración con el Estado, en sus obligaciones, por lo que deben ser favorecidas y ayudadas  también por el Estado, ya que ambos, Iglesia y Estado, sirven al pueblo. En este contexto me permito volver a hacer una llamada a las autoridades para dialogar sobre el doble aguinaldo para los trabajadores de estas obras sociales. Siendo el doble aguinaldo una mejora salarial positiva, no es justo equiparar a las empresas con beneficios, incluso muy importantes, con proyectos al servicio de niños abandonados y pobres, que, en situaciones muy precarias,  se sostienen la mayoría de las veces con ayudas del exterior. Insistimos en la postura, ya expresada por la Conferencia  Episcopal, de que al cumplir las obras sociales una labor de suplencia de las responsabilidades del Estado, constituye un deber de justicia el abono de este beneficio por parte del Estado en favor de los trabajadores de las obras sociales.

Realidad Eclesial y el rol de la Iglesia en Bolivia

En esta Asamblea reflexionaremos los obispos sobre el papel y el futuro de esas obras sociales. Queremos, con nuestras escasas posibilidades económicas, seguir sirviendo al pueblo boliviano, en cumplimiento de la Palabra del Señor Jesús y hacerlo cada vez de forma más coordinada y profesional.

Vamos a mirar también la realidad de la familia: hemos podido participar en el 1er congreso de familia en Panamá que fue un hermoso y fraterno preámbulo al Sínodo extraordinario y  he gozado de la gracia de Dios de participar en  el 3er Sínodo extraordinario en el Vaticano Presidido por el Papa Francisco con el tema: “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. En nuestro país  tenemos el desafío, como Iglesia, de compaginar la verdad  que Cristo nos enseñó: el matrimonio es la unión de un varón y de una mujer,  una comunidad de amor indisoluble, para siempre, a imagen el amor de Dios, con la misericordia en todos los casos  particulares que no viven este ideal cristiano. En la Iglesia nadie puede sentirse excluido, siempre que desee acogerse a la misericordia infinita de Dios y caminar con los hermanos en la fe.

Nos ocupará a los obispos en esta Asamblea una reflexión sobre la importante opción pastoral, que ha sido ratificada en la Vª Conferencia de Aparecida: las comunidades eclesiales de base, que en nuestra Iglesia siguen siendo una realidad con fuerte presencia y vida en muchas parroquias, pero hemos de animar a otras para que se conviertan en comunidad de comunidades misioneras, como indica Aparecida.

Otro de los temas que ocupará nuestra reflexión es la pastoral de comunicación. Los obispos  hemos participado en  un importante seminario sobre los Medios de Comunicación Social, que nos ha motivado acerca de las posibilidades pastorales de las tecnologías actuales y vamos a seguir compartiendo sobre este tema y, ojalá, llegando a conclusiones que puedan avivar la presencia de la Iglesia en esta importante realidad de la cultura de nuestro tiempo, tan importante sobre todo para los jóvenes.

Somos conscientes de la importancia que tiene la vida religiosa en cada una de nuestras jurisdicciones y expresamos nuestro agradecimiento por su presencia evangelizadora y testimonial en nuestra Iglesia. Mantendremos un encuentro con los religiosos y religiosas y programaremos juntos el año próximo que ha sido declarado por el Papa Francisco como año de la vida consagrada. Tenemos un enorme desafío, sobre todo, de animación vocacional de la juventud para que puedan conocer la belleza de dar la vida al Señor Jesús, optando por una vida como la suya: en pobreza, castidad y obediencia siendo radicales en el seguimiento de su persona.

También aprovecho para recordar eventos importantes que se acercan y que debemos preparar: el Vº Congreso Eucarístico Nacional en Tarija el año próximo en el que estamos convocados a participar todas las jurisdicciones que con la ayuda del Señor y de su Espíritu nos ayudará a todos a valorar más y celebrar mejor la Eucaristía en cada una de nuestras comunidades parroquiales y el CAM 5 COMLA 10 que es el gran Congreso Misionero de toda América  que se celebrará en Santa Cruz y del que somos anfitriones el año 2018. Seguro que el Señor  aprovechará este evento  para hacernos vivir la universalidad de la Iglesia y hacernos más misioneros.

Muchos acontecimientos de gracia y salvación para vivirlos en profundidad pero que al mismo tiempo nos exigen responder a lo que Dios quiere hacer con nosotros. Nada es casual. El quiere hacernos caminar como una Iglesia más unida en la que experimentemos la comunión y vivíamos el amor. El Papa Francisco es insistente en esto: “a los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pedirles especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo se cuidan unos a otros, cómo se dan aliento mutuamente y cómo se acompañan”. (Evangelii Gaudium,99)

Intentarán dividirnos porque el mundo no quiere la unidad de los cristianos, quiere nuestra división y el fracaso de la Iglesia. Pero, como dice el mismo Apóstol San Pablo a los Efesios: no debemos dejar “resquicio al diablo” (Efesios 4,27). En realidad, nos debemos a Cristo y no al mundo, no a ideologías o a grupos que dividen. Que nadie nos pueda dividir.

Inauguración de la XCVIII Asamblea

Pido a Dios, a Cristo su Hijo, a su Santísima Madre y al Espíritu divino que nos acompañen en esta Asamblea para que, abiertos a su presencia y a su acción, nos entreguemos a la  tarea de construir la unidad en nuestra Iglesia boliviana como pastores que somos del rebaño de Dios, que El compró con su sangre (Cfr.Hch 20,28). Él nos bendiga y acompañe.