Santa Cruz

“No teman” Homilía de Mons. Robert Flock, Domingo 21 de junio 2020

No Teman

Domingo 12 del Tiempo Ordinario – 21 de junio de 2020

“No teman”

Queridos hermanos,

La palabra de Dios hoy nos habla de terror y de coraje. “Terror por todas partes.” Así sentía el profeta Jeremías al ser castigado por haber denunciado los pecados de las autoridades y del mismo pueblo, y por anunciar las consecuencias de esta infidelidad. La lectura de hoy cuenta lo que Jeremías sentía después de haber sido apaleado y encadenado en un cepo. Reaccionó calificando de falso profeta y terrorista al sacerdote que lo había ordenado castigar, y predijo su destierro.

En el Evangelio, Jesús nos dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.  Jesús había enfrentado oposición desde su primera prédica en la sinagoga de Nazaret cuando puso de relieve los prejuicios de sus vecinos y más aún cuando sus curaciones y enseñanzas contradecían a los fariseos y escribas. Culminó su misión terrenal entregándose a los mataron su cuerpo, pero no podía tocar su alma. A diferencia de Jeremías, Jesús no los condenó, pero sí, afirmó que todo lo oculto y escondido sería revelado.

A la luz de esto, creo que Jesús, al querer establecer la paz en los pueblos después de convulsiones sociales, y hasta guerras, apoyaría la amnistía para quienes ya no son amenaza, pero no sin primero establecer la verdad de los hechos. No hay que perdonar sin saber qué está perdonando. Esto fue el gran error después del famoso Octubre Negro en Bolivia, 2003, cuando se dio amnistía a los que habían cercado a La Paz creando pánico en la ciudad, sin investigar a fondo lo que habían hecho. A diferencia de los cabildos y pititas el año pasado, las manifestaciones de Octubre Negro eran muy violentas. Y actualmente hay mucho que requiere investigación sobre lo sucedido en Bolivia desde entonces hasta ahora.

Actualmente provoca pánico y terror la Pandemia de Coronavirus, que después de un par de meses sin casos en San Ignacio, llegó como la línea de enfrentamientos en una guerra, cobrando en las últimas semanas muchas vidas. El virus, por supuesto, no tiene una lista de gente que quiere atacar; simplemente, de manera muy agresiva, aprovecha nuestros descuidos.

El mensaje de Jesús frente a terroristas es lo mismo para el virus: “No teman al que puede mater el cuerpo, pero no puede tocar el alma”. Sin embargo, esto no es un consejo para ser imprudente. Jesús no permitió su propio arresto hasta que estaba seguro que era la voluntad del Padre, y constantemente advertía a sus discípulos a tener una postura de vigilancia. “Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no lo dejaría entrar en su casa” (Mateo 24,43). Es difícil, pero sabemos cómo impedir al virus. Trágicamente, muchas han dejado que el virus entre en su casa.

Jesús nos dice, “No teman”, porque el temor y el terror son las puertas que permiten entrar un enemigo peor que el virus o un ladrón. Es la entrada de Satanás, quien siembra miedo y mentiras seguido por violencia y maldades. Jesús tampoco tenía miedo al diablo, pues sabía cómo desarmarlo y ponerlo en su lugar. Y mientras Jesús está con nosotros, este enemigo no nos puede hacer nada. Al quitar el miedo y revelar las mentiras, Satanás es impotente.

Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.” Jesús nos habla de Dios Todopoderoso, de quien no podemos esconder nada. Pero, acaso Jesús tenía miedo a su Padre celestial. Por supuesto, Jesús conoce su infinito poder. Pero también experimenta su infinito amor, que en más de una ocasión fue expresada públicamente desde el cielo: “Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo” (Mc 9,7). Por esto Jesús añade el ejemplo de los pájaros y concluye: “No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.”

Al decirnos: “No teman al que puede matar el cuerpo”, Jesús nos quiere fortalecer como discípulos suyos, por lo que concluye su discurso añadiendo: “Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.” Como sabemos, Pedro, la roca de fe, negó a Jesús ante varios, cuando Jesús fue arrestado. Lo hizo por miedo, y por no comprender a fondo la misión de Jesús la salvación que traía. Más tarde, sin miedo, Pedro se convirtió en una verdadera roca de fe y entregó su vida por Jesús hasta el martirio, como lo han hecho muchos otros desde entonces hasta ahora.

Jesús nos pide a nosotros un testimonio público también. En el contexto actual, con esta pandemia, el testimonio consiste primero en la oración en nuestros hogares, rogando protección celestial frente a este mal; protección por su pareja, hijos, hermanos y padres, por sus vecinos y por todos. Segundo consiste en protegerse y los que les rodea, asumiendo las medidas, por incomodas que sean, para evitar contagios. Por favor, no tengan miedo de hacerse ver si tiene síntomas. Hay que tener miedo de la consecuencia de demorar. Tres, nuestro testimonio incluye la solidaridad para con los demás, y finalmente, nuestra gratitud por  quienes arriesgan su propia vida para atender a los enfermos y realizar otros servicios que los expone. En honor a quienes ya hicieron el sacrificio último, nos toca a los demás, asumir los esfuerzos necesarios para liberarnos de este mal.

Finalmente, sabiendo que el virus no es el único ni el peor enemigo, Jesús nos quiere librar del temor, para que estemos capacitados como Él para luchar contra Satanás. No podemos permitir que este se mete entre nosotros provocando miedos, mentiras, violencias y maldades. Con valentía, denunciemos las falsedades, renunciemos las violencias y devolvamos el bien por el mal. Jesús mismo nos promete: “No teman…. yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo”.