Oruro

Oruro renovó su consagración a los Sagrados Corazones

La Iglesia orureña renovó su consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de la Virgen María

Oruro celebró la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en una Eucaristía celebrada el Viernes en la Catedral de Oruro, donde además, renovó su consagración al Sagrado Corazón, como lo hiciera el año 2008, luego que el año anterior, se consagró al Inmaculado Corazón de la Virgen María. En sus reflexiones, el Obispo de Oruro decía recordando el inicio de ésta solemnidad con las apariciones de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, a la que Jesús se le apareció mostrándole el corazón le dijo: “Mira éste corazón que tanto ha amado a los hombres, y a cambio, no recibe de ellos más que ultrajes y desprecio; tú al menos, ámame” (segunda mitad del siglo XVII).

“Cuando hablamos del Corazón de Jesús, importa menos el órgano y su significado. Sabemos que el corazón es el signo del amor, del afecto y del cariño. El Corazón de Jesús significa amor en su máximo grado. Significa amor hecho obras, significa recurso generoso a la donación de Sí mismo hasta la muerte.

Cuando Cristo mostró su propio corazón, no hizo más que llamar nuestra atención distraída sobre lo que el cristianismo tiene de más profundo y original: El amor de Dios hacia nosotros.

Nuestra respuesta al amor, es muy deficiente a su llamado, porque sufrimos una grave y crónica afectación cardíaca, que parece propia de nuestro tiempo, está disminuyendo, e incluso, muriendo el amor en distintos lados del mundo. No somos sensibles a las necesidades del otro, nos olvidamos de amar a la otra persona, y nos dedicamos al propio egoísmo y nuestra soberbia; más que todo, en este tiempo de pandemia, sentimos la importancia de amar al otro, de ser caritativo, de ayudarnos mutuamente, de solucionar los problemas familiares, para que podamos seguir adelante unidos, solidarios y fraternos, como debe ser cada cristiano, y toda la familia cristiana. Es una característica de nuestros tiempos, como nos indica la Santa Escritura: “se enfriará la caridad de muchos”.

Cuántas veces, nuestro amor es fragmentario, defectuoso, impresionable, porque no encierra la personalidad total del otro. Amamos algo del otro; tal vez un rasgo característico, tal vez un atributo exterior; quizás su rostro, su peinado, su forma de actuar. Pero no amamos la persona como tal: con todas sus propiedades, con todas sus riquezas y también con todas sus fragilidades. Tampoco amamos a Dios tal como Él lo espera: con todo nuestro corazón, con toda nuestra vida, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas, lo que debemos hacer amando al Señor.

Aquí, pues, el sentido, la actitud de nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Este tan enfermo corazón moderno, confrontamos al Corazón de Jesús, movido de un amor palpable y desbordante. Sabemos que el Señor nos amó hasta el extremo –dice la Biblia– y se entregó hasta la muerte en cruz para demostrar este amor profundo hacia nosotros. Por eso pedimos al nuestro Señor para que trasplante nuestro corazón. Para que nos saque el corazón de piedra y ponga un corazón de carne donde vamos a amar uno al otro; donde vamos a respetarnos mutuamente; donde tenemos que construir esa caridad que tiene que caracterizar a cada persona, a cada cristiano, a cada seguidor del Señor.

También, pedimos al Señor que borre de nuestro corazón, éste egoísmo tan penetrante, que reseca nuestro corazón, que deja inútil, infectada nuestra vida; que encienda en nuestro corazón, el fuego del amor, que hace auténtica y grande, nuestra existencia humana. Más que nunca, en esta temporada tan difícil y complicada que estamos viviendo.

El Sagrado Corazón, nos enseña a amar a la otra persona, pues, éste corazón, está abierto para amar a todos nosotros. Está abierto para purificarnos y santificarnos con los sacramentos. Más que nunca, tenemos que amar a nuestro prójimo; tenemos también que tener el corazón abierto a las necesidades de otras personas. Tenemos que estar cercanos a nuestro hermano y a nuestra hermana: con amor y respeto. Un gesto de caridad y de amor. Debiéramos también, con la Santísima Virgen María, al Inmaculado Corazón de María, unirnos y pedir a nuestro Señor, para que tenga piedad de nosotros. Para que, con su amor, sane el corazón de cada uno de nosotros, de nuestro pueblo. Tenga misericordia de nosotros; pues, de éste corazón, brota la misericordia; y junto a nuestra Madre, la Virgen María, que tiene tanto amor a cada uno de nosotros, vayamos proclamando la Palabra de Dios, proclamando a Cristo, Jesús, en todas partes de nuestra vida, y que dejemos éste corazón material, egoísta y comencemos a llenarlo de amor, de caridad, de esperanza, de fe, de compromiso con nuestro hermano y hermana.

Más adelante, Mons. Cristóbal pidió que ese amor hacia el otro, se manifieste en la solidaridad; en éste tiempo, en especial hacia los hermanos del Beni que sufren los peores embates del corona virus; desde la pobreza, también ayudaremos además de nuestros hermanos que sufren en Oruro, a los de Beni.

Inmaculado Corazón de María.

Esta vez, el sábado 20, dedicado a la solemnidad del Inmaculado Corazón de la Virgen, celebramos su festividad y la renovación de su consagración que lo hiciera hace 14 años atrás. La celebración, se llevó a cabo en el Santuario de Nuestra Señora del Socavón, epicentro de una manifestación religiosa del pueblo por el que ha sido reconocida por la UNESCO como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. La Eucaristía fue presidida por Mons. Cristóbal Bialasik, Obispo de Oruro y concelebrada por varios sacerdotes de la Diócesis. El Obispo de Oruro expresaba a propósito de la Festividad promovida por San Juan Eudes y el 4 de mayo de 1944, el Papa Pío XII, al obtener por intercesión de María la paz de las naciones, la libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, el amor a la pureza y la práctica de las virtudes, extendió ésta devoción a toda la Iglesia; y Juan Pablo II, declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de la Virgen María, era de nuestra naturaleza obligatoria. Y la Liturgia para ésta Celebración debía realizarse en todo el mundo católico.

Mons. Cristóbal decía: Hoy, también nosotros nos hemos reunido para celebrar ésta fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María inmediatamente después de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús para manifestar que los dos corazones son la inspiración porque el Corazón de María, siempre estuvo ligado al Corazón de Jesús y Ella, siempre nos lleva a Él.

La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María, lo hace con éstas palabras: “María conservaba éstas cosas en su corazón”. Y éstas palabras hoy, en la proclamación del Evangelio, las acabamos de escuchar. Y esto expresa, la vida interior de la Virgen, de su corazón profundamente contemplativo. Todos los acontecimientos de la vida, todos los acontecimientos públicos de Jesús: que María le siguió, le acompañó, vivió y compartió con Él, mostró siempre su corazón atento; vigilante y disponible a todas nuestras necesidades. Antes de morir en la cruz, Jesús entregó a su madre, la Virgen María, como madre nuestra, madre de toda la Iglesia, madre de toda la humanidad. El amor de su corazón, se dirige primero a Dios, pero se extiende también, con atención maternal, sobre cada uno de nosotros, sobre todos los orureños y orureñas, sobre todos los bolivianos y bolivianas y sobre todo el mundo entero; pues, María, es la madre nuestra, por la voluntad de su Hijo y tiene corazón generoso, tierno, como por naturaleza tiene cada madre: el corazón tierno para sus hijos, siempre dispuesto a escuchar y a ayudar a cada uno de sus hijos.

Antes de la anunciación de la Virgen María, ya había decidido reservar su corazón a Dios; el corazón amoroso y entregado es en su generosidad un corazón tierno; un corazón entregado totalmente a Dios hasta el final. El Corazón de María, nos muestra todas las emociones que un corazón es capaz de sentir, especialmente el corazón de una madre que siempre cuida a sus hijos. Es el corazón tan grande y tan generoso, que es además, nuestro propio refugio. Por eso, hacen 14 años, hemos consagrado nuestra familia orureña, nuestra Diócesis, a todas las personas que viven en el territorio de nuestra Diócesis, a todos los sacerdotes y religiosos-religiosas y todo nuestro pueblo, al Inmaculado Corazón de la Virgen María; porque sabemos bien, que bajo su maternal corazón, vamos a poder seguir adelante: unidos, solidarios y fraternos. Y sabemos bien que, como cada madre, a pesar que sus hijos, a veces se rebelan contra la voluntad de Dios, Ella, siempre busca la forma de consolar, de perdonar y de conseguir nuevas gracias para cada uno de ellos.

Hoy, también queremos renovar ésta consagración que no tenemos que olvidar nunca, pues somos sus hijos. Dios, Padre, lleno de amor y misericordia, a través de ésta imagen de la Virgen de la Candelaria, Asunta al cielo, bendiga y proteja a nuestro pueblo y a toda nuestra Iglesia. Que ésta paz de Cristo, llegue al corazón de cada uno de nosotros, para que purifique nuestros pecados, para que nos dé la fuerza para seguir adelante. El Señor, orando por todo nuestro pueblo decía: “Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti, sean también uno en nosotros; así el mundo creerá que Tú nos has enviado”. Que éstas palabras se cumplan en nuestra familia orureña. Que la Virgen María nos proteja de ésta pandemia, de estas enfermedades, tanto materiales, corporales, como también espirituales. Que todos los virus en nuestra vida, se alejen de nosotros y podamos llevar una vida normal, alabando al Señor, agradeciendo por el don de la vida.