Cochabamba

Mons. Roberto Flock: Den al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”

El amor verdadero es fiel, solidario y exige sacrificio, señala mons. Roberto Flock, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochababa en su homilía de este domingo refiriéndose a la Semana de la Familia.

Queridos Hermanos,

Hoy al celebrar la Jornada de Misiones, y al clausurar la Semana de la Familia, escuchamos lo que nos dice nuestro Señor Jesucristo: “Den al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.Ustedes pueden determinar lo que deben al César, es decir al Estado y los gobernantes que han elegido: impuestos y obediencia a la constitución y las leyes. Lo que realmente nos interesa aquí es lo que todos le debemos a Dios, incluso lo que César debe a Dios, ya que Dios es Creador y Dueño del Universo, soberano de todo y todos.

En primer lugar, a Dios le debemos nuestra gratitud. Mira como Jesús, durante la Última Cena, aunque enfrentaba la muerte bajo el poder del Poncio Pilato, entregado por las autoridades religiosas y anticipando el abandono de sus propios discípulos, “tomó el pan y dio gracias”. Jesús fue agradecido porque su existencia viene de Dios, porque experimenta en todo momento el amor del Padre y porque esta cruz que sufrirá reconcilia a Dios con toda la humanidad y nos posibilita la vida eterna. ¡Cuánto más motivo tenemos nosotros para estar agradecidos a Dios por nuestra existencia, por las bendiciones diarias de nuestra vida y por conocer el amor de Dios en Cristo.

En segundo lugar, le debemos a Dios nuestra alegría y gozo, que su surge de la gratitud y se constituye en un testimonio vivo de nuestro Dios Amor. Por supuesto hay mucho que nos entristece y hasta enoja en este valle de lágrimas, donde nadie se escapa de las consecuencias del pecado.  Pero sabemos que aquello es pasajero, mientras la victoria de Dios es cierta y su amor es eterno, porque Jesús no solo murió sobre la cruz, también resucitó de entre los muertos. Él vive y reina y nos ama para siempre. Entonces aclamamos al Señor; aclamamos la gloria y el poder del Señor.

En tercer lugar, le debemos a Dios todo lo que está en nuestro poder para compartir su salvación con los demás. Como pide el Salmo hoy: “Anuncien su gloria entre las naciones,y sus maravillas entre los pueblos.” Nos toca hacer lo que San Pablo reconocía en los Tesalonicenses: “Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, [porque] han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanzaen nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia”.

Queridos hermanos: “fe con obras, amor con fatigas y esperanza firme” significa que seamos discípulos y misioneros de Jesús de manera concreta y coherente. No vivimos nuestra fe, por ejemplo, con violencia, vicios e inmoralidades, sino acercándonos al Señor por la oración y la participación en la Santa Misa, especialmente en el Día del Señor. Todos debemos a Dios nuestra participación en la Eucaristía los domingos. Jesús mismo lo pide: “Hagan esto en conmemoración mía”.

“Amor con fatigas” es una forma de decir: “Toma tu Cruz y sígueme”. El amor verdadero es fiel, solidario y exige sacrificio, como Jesús que se sacrificó por nosotros. Este amor debemos vivir primero en la familia, donde aprendemos a diario a perdonar, a ayudar, a entregarnos y a luchar por la vida y la alegría de los demás. Todos debemos a Dios el amor por la familia y por el prójimo porque ellos son también queridos por Dios. Jesús mismo nos dice: “¡Que se amen los unos a los otros como yo los he amado!”

“Esperanza firme”, significa que a pesar de las dificultades y pruebas de la vida, sigamos adelante con nuestra mirada en Cristo Resucitado. Esperanza firme es la actitud del Misionero que a veces se encuentra con falta de recursos, con la ingratitud de quienes ayuda, y hasta con la oposición de César u otros intereses que sienten amenazados por el Santo Evangelio y el Reino de Dios. Jesús mismo nos anima cuando dice: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.”

“Den al César lo que es del César.” Al fin de cuentas es una forma de amar al prójimo, porque César tiene que ponerse al servicio del bien común, y el mismo César debe amar a Dios y someterse al Reino de Dios.

“Den a Dios lo que es de Dios”. Vamos a darle nuestra gratitud, nuestra alegría, nuestra entrega. Vamos a darle nuestra fe vivida, nuestro amor solidario, nuestra esperanza firme. Al fin de cuentas, es Dios quien nos da todo a nosotros.