La Paz

Mos. Eugenio Scarpellini: Domingo mundial Mundial de las Misiones

Mons. Eugenio Scarpellini, Director Nacional de Misiones y Obras Misionales Pontificias convocó a los misisoneros a salir al encuentro de las familias, de los alejados, de los no católicos para compartir con ellos nuestra experiencia del encuentro con Jesucristo.

“Den al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”

Queridos hermanos, hoy es un domingo muy importante para nuestra vivencia de discípulos. Es el Día del DOMUND, o Domingo Mundial de las Misiones; es un momento en el cual podemos meditar sobre la dimensión misionera de nuestra Iglesia: La Iglesia nace de la Misión de Jesús y crece por la misión de los discípulos impulsados por el mismo Espíritu de Dios. ¡La Iglesia, o es misionera o no es Iglesia de Cristo! ¡Un bautizado, un discípulo, o es misionero o no es verdadero discípulo de Jesús!

Al mismo tiempo la Palabra que hemos escuchado nos  mueve a la reflexión sobre el compromiso político y social del discípulo, justo en el momento en el cual hemos participado de las elecciones nacionales, como una fiesta democrática; fiesta, pero, se ve opacada por las dudas y susceptibilidades sobre la transparencia del mismo proceso y por eso, como Obispos, manifestamos hace pocos días, “nuestra preocupación por la demora y denuncias de irregularidades graves en el conteo oficial de los votos por parte del TSE”. (Comunicado de la Secretaria de la CEB, “Por una Bolivia unida con justicia y equidad).

¿Cuál es la relación entre el Reino del Cesar, los estados y organizaciones y políticas con el Reino de Dios?
La Palabra de Dios de hoy nos permite descubrir el fundamento evangélico de esta relación.

Primeramente podemos aclarar que no hay incompatibilidad o exclusión mutua.

Es posible e imperativo para el discípulo operar contemporáneamente en ambos ámbitos. Para eso es importante mirar la actitud de Jesús frente al poder político.

A Jesús le quieren poner una trampa: ¿Es lícito pagar el tributo al Cesar? Si hubiese contestado que “no”, se habría declarado como un subversivo frente a los herodianos, al poder político.  Si hubiese dicho que “sí”, habría sido acusado de colaboracionista por parte de los zelotes, quienes rechazaban el poder de los romanos en Palestina. ¡Era una trampa!
La respuesta de Jesús va a lo profundo del problema: hay una independencia de poderes, una separación entre Iglesia y Estado; al mismo tiempo hay la presencia del Reino de Dios en la historia de los hombres; Dios conduce los destinos de la historia, aunque a veces de manera misteriosa. En la primera lectura, hemos escuchado como Dios conduce los destinos del pueblo de Israel y de todos los pueblos de la tierra eligiendo y conduciendo las acciones del rey Ciro, rey extranjero “para que se conozca, desde el Oriente y el Occidente, que no hay nada fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay nada fuera de mí”. (Is 45,6).

La primacía o soberanía de Dios en la historia se plantea a dos niveles grandes: una soberanía espiritual propia de su Reino y que se hace presente en Cristo nuestro Rey, y una soberanía temporal, política, que Dios realiza confiándola a la conciencia y responsabilidad de cada uno de nosotros. Es decir, que cada uno de nosotros estamos llamados a construir un mundo mejor y más justo en nombre y a partir de Dios.

Miremos ahora el ejemplo concreto de Jesús:

–    El invita a pagar el tributo a Cesar, es decir a reconocer el rol del estado, a colaborar para mejorar la sociedad, la justicia, la seguridad, los servicios: esta es tarea de todos y no podemos sencillamente demandarla a otros.
–    Ha denunciado el poder cuando esto se ejercía para el enriquecimiento personal, o explotaba a los pobres, a la viuda o el huérfano.
–    Tampoco ha predicado la revolución o sublevación; pero sí ha exigido que el verdadero poder sea el servicio al pueblo y de manera especial, a los más pobres.

–    El se manifiesta libre frente a cualquier poder, porque vive y camina en la verdad; no se somete a ningún chantaje o presión. Recordemos la frase que dice a Pilato cuando este le hace notar que podría mandarlo a morir o liberarlo: “Tu no tendrías ningún poder, si mi Padre  no te lo habría concedido”. No le tiene  miedo a la muerte, porque tiene en sí la gran libertad de quien se ha hecho siervo de los demás, se ha hecho el verdadero libertador de los hombres dándoles la dignidad de ser hijos amados del Padre. Es esta actitud de Jesús, es su amor a la verdad y la libertad de corazón que da más miedo a los potentes de ayer y de hoy, porque como no pudieron someterlo a Él, tampoco pueden someter a sus discípulos hoy. El mayor peligro para un poder humano despótico son los mártires por la libertad.

Ahora, ¿cuál es nuestro rol como Iglesia, como católicos, en el mundo de hoy? Lo hemos aclarado también hace pocos días en esta coyuntura electoral: “…como Iglesia, ofrecemos nuestra colaboración a las nuevas autoridades,  ya que, “la autonomía de la Iglesia y la de la comunidad política no comporta una separación tal que excluya la colaboración”. (Carta de los obispos de Bolivia: “Los católicos en la Bolivia de hoy”, 122). La Iglesia colabora con la predicación del Evangelio,  con su servicio a los más pobres de la sociedad boliviana, pero también, seguimos el consejo del  Papa Francisco que nos dice: “nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos.” (EG183).

He aquí algunas indicaciones concretas:

–    El católico es al mismo tiempo discípulo y ciudadano. Es decir que está llamado a anunciar la Buena Nueva de Jesús en el trabajo, en la familia, en el colegio, en la vida social y política.
–    Como ciudadanos asumimos las normas y reglas de la sociedad y colaboramos para su crecimiento; pero mantenemos la libertad del Evangelio de criticar las injusticias, los atropellos a la dignidad de las personas, la libertad de oponernos a toda aquella norma que vaya en contra de la vida, de la dignidad de la persona, del bien común, de la paz y de la justicia.
Podríamos resumir esto: somos discípulos encarnados, activos y comprometidos en el mundo, con el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús en la mano que nos permite vivir en el amor a la verdad y ofrecer la vida plena de Dios a cada persona.

Permítanme también unas palabras sobre el Día Mundial de las Misiones, DOMUND. Al comienzo de esta reflexión hemos dicho que “un bautizado, un discípulo, o es misionero o no es verdadero discípulo de Jesús”. Los discípulos debemos permitir que el la experiencia y encuentro con Jesús y que la pasión por el evangelio inflame toda nuestra vida para ser portadores de la alegría del Evangelio al mundo entero: a los cercanos y a los lejanos, a los inciertos y a los sin esperanza, a los que todavía no conocen expresamente a Jesús y su Evangelio, “como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres que esperan” (Mensaje DOMUND 2014). Es tiempo de salir al encuentro de las familias, de los alejados, de los no católicos para compartir con ellos nuestra experiencia del encuentro con Jesucristo.

Además de asumir nuestro compromiso misionero, estamos llamados al “compromiso con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría”. (Papa Francisco, Mensaje  DOMUND 2014).
Es importante pensar en las comunidades cristianas que son más pobres que nosotros y ser solidarios con ellas. La limosna del día de hoy será entregada para apoyar las iniciativas de animación, formación y caridad en los territorios de misión más pobres. Aunque también Bolivia sea un país necesitado, no olvidemos que el “óbolo de la viuda” hace milagros si es dado con gratuidad. “Somos Iglesias pobres, pero debemos dar desde nuestra pobreza y desde la alegría de nuestra fe” (DA 379).
Quiero cerrar esta reflexión con las palabras del papa Francisco: “Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. ¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización!”
¡Así sea!