Cochabamba

Mons. Oscar Aparicio: El Señor nos invita a entrar en la comunión de los Santos

Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba presidió la eucaristía del a solemnidad de Todos los Santos, en la Catedral de San Sebastián.

En la oportunidad remarcó la importancia de las celebraciones de Todos los Santos y los Fieles difuntos. Siendo motivo para recordar que todos estamos invitados a vivir la santidad en al tierra y unirnos a Dios cuando partamos a su casa.

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Queridos hermanos y hermanas estamos en esta hermosa celebración de todos los santos. Sabemos que también es una celebración que gran parte teniendo una relación con los fieles difuntos nos pone en una actitud particular.
Tenemos tradiciones y costumbres entre nosotros que nos hacen pensar en todos aquellos que han pasado ya a la Casa del Padre, tantos de nuestros seres queridos como también diríamos aquellos reconocidos como santos o santas de Dios que ya gozan de la presencia de Dios, que en su vida han tenido un camino de fe, de seguimiento al Señor. Son dos fiestas que se entrelazan.

No nos equivocamos porque esta festividad evoca esta comunión de santos que ya gozan de la presencia del Señor. Aunque de alguna manera nos anuncian a los que estamos en esta tierra todavía, a los que vivimos y los que vendrán en las próximas generaciones.

De hecho, Santo, en el antiguo testamento, se utilizaba como término solamente dirigido a Dios. El Santo de los santos o el Tres Veces Santo, para remarcar que su forma de vivir, de ser; su propia identidad está plasmada en aquello, en la Santidad. Es aquel que no sabe ser de otra manera. Que después se revela también a Nosotros.

Hemos escuchado en la primera lectura del Apocalipsis, cuando habla de estos que han purificado sus vestiduras en la Sangre del Cordero. Parece extraña la figura de cómo en la sangre del Cordero hacer purificar las vestiduras y que aparezcan blancas y tan resplandecientes. Es una figura, es para mostrar que aquellos que participan del misterio de Jesús, de la gloria de Dios, también han hecho un camino de santidad y pertenecen a esta multitud, esta asamblea de los Santos y que viven en comunión. Y habla incluso de un cierto número 144.000. Yo aquí quisiera decirles que no se trata de los salvados y los condenados. Porque a veces este texto se usa para ello, van a haber 144 mil en las generaciones que se salvaran y estarán elegidos. En cambio el resto se condenará. Ya sería una limitación y un desdecir de la misericordia de Dios, porque ya en este mismo momento, como generación somos millones. Es por lo tanto un número figurativo.

Que quiere decir: el número 12 en la escritura es signo de la totalidad. Por eso cuando hablamos de las 12 tribus de Israel hablamos de todo el pueblo de Israel, porque aunque está constituido en 12 se habla de todo. 12 es signo de totalidad. Así como otros números tienen sus significados, 1 es Dios, 3 es varón, 4 es mujer, 7 es perfección, el 12 significa totalidad. La totalidad de la humanidad está llamada a la gloria de Dios, a la santidad y participar de la santidad de Dios.

Que quiere decir esto hermanos, algo muy sencillo y hermoso; que tenemos una vocación universal. Llamados a ser santos, a participar de la comunión de los Santos. Es verdad que somos pecadores, basta reconocer un poquito nuestra historia, basta saber cuántas veces hemos dado la espalda a Dios o a nuestros hermanos. Tenemos algo allí que no nos permite entrar en comunión. Somos pecadores, somos limitados en un camino de santidad. Por tanto el esfuerzo de las primeras lecturas, de lo escuchado hoy, de esta festividad; es no solo pensar en aquellos que gozan de la Santidad o de aquellos que fueron reconocidos oficialmente como santos. Por ejemplo nuestra Catedral está dedicada a San Sebastián, conocemos su historia, los esfuerzos que ha hechos. Cuanto deseamos que nuestra Beata Nazaria Ignacia, en camino a santidad, sea reconocida como santa. O la venerable Virginia Blanco, Cochabambina, profesora, sea reconocida como beata y después canonizada, reconocida como santa oficialmente. Cómo no quisiéramos que sea así, esperemos que ese camino sea posible.

Pero hermanos míos, a cada uno de nosotros el Señor nos llama, a cada uno nos invita, a entrar en la comunión de los Santos. A entrar en esta multitud, de los llamados, del os elegidos, los discípulos del Señor que camina en Santidad. Por eso todo esfuerzo de conversión es bueno. Todo esfuerzo de perdón y reconciliación es bueno. Toda actitud de misericordia, como nos hemos puesto en Cochabamba este año. El Papa Francisco quiere que toda la Iglesia Universal lo haga. Toda actitud de misericordia de amor es buena. Nos ayuda a caminar en Santidad.

Tenemos una responsabilidad, responder al amor de Dios y poner el empeño en este camino de Santidad. Desde los más pequeños a los más grandes desde los niños hasta los ancianos. Cada uno de nosotros en nuestro sitio, en lo que es nuestra identidad estamos llamados a esta comunión de Santos. Hay que empeñarse, no es vano el camino de la Santidad. Es más fácil ir por el otro camino. Así como dice la escritura: el camino es ancho para la perdición el camino de la santidad es más estrecho. Por tanto hermanos les invito a hacer su camino de santidad, propio; después como comunidad tengamos que hacer.

Es propiamente lo que Jesús dice en el evangelio. Casi que traduce qué es la Santidad con las bienaventuranzas. Hay alguien que es afligido, que es pobre o se siente abandonado. Qué esperamos. Si este año hemos empezado a hacer actitudes de misericordia empezando en casa, estamos dentro. Somos de estos felices, de estos bienaventurados, de estos dichosos, de estos santos de los cuales nos menciona el Señor.

Hermanos míos si somos algo de aquellos bienaventurados, si somos parte de esta multitud, alégrense y regocíjense. Y hay que seguir trabajando para entrar en esta multitud, seamos parte de la comunión de los santos aquí en esta tierra y en el futuro, en la gloria de Dios.