Cochabamba

Mons. Giambattista Diquattro: Pastores del Santo pueblo de Dios estamos llamados a renunciar a nosotros mismos

Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico del Santo Padre, el Papa Francisco; presidió la Celebración Eucarística dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, con motivo de la entrega del Palio a Mons. Oscar Aparicio Céspedes. Arzobispo Cochabamba.

En la oportunidad, el Señor Nunció remarcó el servicio de los pastores que se entregan por completo al pueblo de Dios, cargando con la cruz y dejandolo todo. A ejemplo de la vocación de San Pedró Apostol pidió llevar un verdadero compromiso por dirigir a la grey del Señor.

Audio y texto completo de la homilía:

Celebramos el XXIV domingo del tiempo ordinario y en este día del Señor me alegra entregar a S.E. Mons. Oscar Omar Aparicio Céspedes el palio de Arzobispo Metropolitano de Cochabamba.

La fiesta de este domingo adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de muchos representantes de la Arquidiócesis y quiero especialmente saludar a S.E. Mons. Roberth Herman Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba, y a S.E. Mons. Tito Solari, Arzobispo Emérito de Cochabamba, y a los reverendos sacerdotes religiosos y religiosas y a todos ustedes hermanos y hermanas en el bautismo.

En cierto modo, revivimos el acontecimiento del cual nos habla el salomo responsorial: caminamos en presencia del Señor en la tierra de los vivientes. Caminamos confiadamente juntos porque sabemos que el Señor inclina su oído hacia nosotros y protege a sus hijos. La fe de la Iglesia habla hoy con estas palabras que hemos proclamado en el salmo 114 y que son las palabras de nuestro corazón.

En el evangelio de hoy, San pedro se dirige de manera explícita al Señor diciendo “Tú eres el mesías” y sabemos que a partir de este acontecimiento se desarrolla el ministerio propio de san pedro y de sus sucesores, los Romanos Pontífices, los Obispos de Roma.
El papa, como sucesor de san pedro, está llamado a confirmarnos en la fe. Hemos leído en la primera lectura el martirio del Siervo de Yahvé, que prefigura el mismo martirio de nuestro Señor Jesucristo: “ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían”. Confirmar en la fe es confirmar en la confesión de la cruz y de la resurrección, y esta confesión no viene de nuestro interior, sino que viene del padre celestial.

El papel, el servicio eclesial de San Pedro tiene su fundamento en la confesión de fe en Jesús, en virtud de una gracia recibida de lo alto, de un don otorgado por Dios Padre. Sin embargo, en San Pedro, como en todos nosotros, existe el riesgo de desviarse del camino de Dios y de preferir el camino de las convivencias humanas, el camino mundano de la carne y de la sangre. Pedro, que ha sido llamado piedra y roca se transforma en piedra de tropiezo, cuando se aleja del Espíritu Santo Señor.

Cuando nosotros dejamos que prevalezcan nuestras ideas, nuestros sentimientos, la lógica humana, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. Cuando nuestro yo prevalece, se pone de lado de la fe en Cristo, la cual es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia. El salmo de hoy lo dice claramente: el Señor protege a los sencillos: Yo estaba en la miseria y me salvó”.

La vocación de San pedro es también aquella de confirmar en el amor. En la Segunda lectura hemos escuchado las palabras de Santiago: “¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?”. Y la obra cristiana es entregar toda su vida por Cristo y por los demás. Porque – como hemos leído: “la fe: Si no va acompañada de obras, está completamente muerta”. La fe exige el amor que se expone, el dejarse consumir por el evangelio, el hacerse todo para todos. San pedro lo ha realizado sin reservas y ha edificado la Iglesia.
Querido Mons. Oscar, el Obispo de Roma, con su ejemplo y con su palabra, nos llama a vivir y a fortalecer en nosotros este amor a Jesús y a todos sin distinción, sin límites y sin barreras. Así, no solo el obispo de Roma: todos nosotros Pastores del Santo pueblo de Dios estamos llamados a renunciar a nosotros mismos, a cargar con nuestra cruz, a ofrecer gozosamente al Señor nuestra vida por Él y por el Evangelio, perdiéndola decididamente por el mundo. Para que el servicio de nuestra vida de todo corazón sea ofrecido con los dones eucarísticos que presentamos en honor del nombre de Dios y sirva para la salvación de todos (así rezaremos en la oración de las ofrendas).

Único cuerpo, aquel de Cristo, la Iglesia, única salvación en Cristo. Por este motivo el ministerio de confirmar en la unidad se explicita de forma clara y evidente en el palio que es un símbolo de comunión con el Sucesor de pedro, “principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión” (Lumen Gentium, 18).
Y la presencia hoy de la Iglesia de Cochabamba en la celebración de esta Liturgia Eucarística durante la cual se entrega el palio al querido Padre y Arzobispo Oscar es signo de que la comunión de la Iglesia no es uniformidad, es crecer en armonía con el servicio primado, es crecer en la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios, es crecer en la variedad de los dones del Espíritu, que crea esta gran riqueza del cuerpo de Cristo y le proporciona la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios.

Este compromiso de unidad debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias, esta es la vía de Jesús: unirse en las diferencias.

El palio, siendo signo de la comunión con el obispo de Roma, con la Iglesia universal, con los Obispos en el Sínodo, juntos en camino, supone también para ti Mons. Oscar el compromiso deser instrumentos de comunión. Este compromiso se presentará como inspirada súplica después de la comunión con las siguientes palabras: “Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento”, este sacramento de comunión.

Confesar al Señor dejándote instruir por Dios; consumarte por amor de Cristo y de su evangelio; servidor de la comunión. Querido hermano del Episcopado, estas son las consignas que la iglesia y el Santo padre Francisco te confían. Que nuestra Señora de Urcupiña nos guie y acompañe siempre con su intercesión: Reina de la Iglesia, reza por nosotros amén.