Análisis

Javier Gómez: ¿Qué tan bueno es ser normal?

Uno de los libros que más me ha fascinado de todos los que he leído, es el de Manfred Lütz: “¿Estamos locos? Una visión amena de la psicología”. Este libro contiene, entre muchas de sus interesantísimas apreciaciones la siguiente: Fue la gente “normal” la que subió a Hitler al poder.

Se puede decir que no ha sido este el único ejemplo: fue la gente “normal” la que hizo crucificar a Jesús, la que subió a Hugo Chávez al poder, la que ha dado el poder a muchos de los actuales presidentes de Latinoamérica y del mundo.

Actualmente el mundo entero, quiera o no, está en estos momentos sufriendo una sacudida en todas sus bases, valores, principios. Los valores que actualmente se promueven como parte del “nuevo orden mundial”, -y demás nombres que se le pueda dar a este movimiento pendular hacia la izquierda-, cuestionan la “normalidad” y quieren imponer una nueva.

La batalla se está dando a diario, con ingeniería social, a través del mercado, con una estrategia de perder en el corto plazo, pero ganar en el largo. No importa que a la gente no le guste o no acepte esta nueva “realidad” importa crear mensajes que se repetirán y repetirán, hasta que las actuales generaciones se resignen y las nuevas lo asimilen ya desde pequeñas.

Lo peor de esta dinámica de “normalización” es que en muchos países democráticos, la imposición de estos esquemas pasa por crear mecanismos de autocensura y miedo entre quienes desaprueban lo que está pasando. Sigue vigente la frase de Sócrates, aquél que murió cuestionando la realidad de su época, y por ello sus contemporáneos le hicieron beber la cicuta: “una vida que no se cuestiona a sí misma no merece ser vivida”.

Entonces ¿qué tan bueno es ser “normal”? Dependerá de en qué pare este proceso de “nuevo orden mundial”. Sí se sabe que cuando toda “normalidad” tiránica se impone, los disidentes son los “anormales” y los primeros en querer ser extirpados, preferiblemente de una forma ejemplar, para que a los demás anormales no se les ocurra seguir manifestando su anormalidad. Jesús, “anormal”, murió bajo la premisa: “ni caen en la cuenta que les conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación” (Jn 11,50). Cristiano: cuando tu realidad se ve cuestionada ¿te mimetizas para ser “normal”? De todo lo que hagamos daremos cuenta. Dios con nosotros.
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