Análisis

Javier Gómez: Hacia una “nueva sexualidad”

Actualmente la iniciación sexual, que en la década de los ochenta era, en promedio estadístico a los 18 años en los hombres y 23 en las mujeres en la mayoría de los países latinoamericanos, según algunos estudios, ha caído a una escandalosa media de 11 y 12 años en ambos sexos. No solo eso, sino que actualmente se promueven nuevos paradigmas de sexualidad: se viene denunciando (solo por mencionar un ejemplo) desde hace tiempo el querer normalizar la pederastia en algunos países, y muchos analistas dicen que la próxima revolución sexual será con robots.

La pornografía también es un tema que ha influido mucho en la sociedad, y actualmente ya es más fácil que un niño de cualquier edad pueda ver desnudos o material de contenido sexual sin siquiera proponérselo. Eso sin mencionar que la agenda mundial actual promueve la “educación sexual” con la que ideologiza y corrompe. Conviene entonces, a todos los cristianos, repasar las enseñanzas bíblicas y de la Iglesia en torno al tema de la familia, paternidad y sexualidad responsable. Es un imperativo categórico urgente.

La Iglesia a lo largo de sus dos mil y tantos años de haber sido fundada por Cristo, -quien es el mismo ayer hoy y siempre (Hb 13,8), y cuyas palabras no pasarán (Mt 24,35)- tiene grandes enseñanzas al respecto de la sexualidad que conviene que sepamos. Es precepto legal humano que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”. Si bien es cierto que la ignorancia es atenuante en el cristianismo, igual es pecado el pecado, solo que hay más misericordia en cuanto a cómo se le trata (ver Lc 12,48).

El desarrollo del pensamiento moral eclesial no tiene otro centro que el mismo Jesús como auténtica ley, como Señor y Salvador. Toda la enseñanza moral cristiana es basada en la plenitud del triunfo final de Cristo, en quien y para quien todo es posible, sobre el pecado.

Comprender la sexualidad desde Dios nos lleva a saber que existe una verdad moral absoluta que le da sentido y dignifica al hombre cuando se practica según Dios, y por ello seguir estas enseñanzas le conduce de manera moral y responsable en su relación con el prójimo.

Desde la Revelación, la verdad moral constituye el criterio de comportamiento real/ideal, no las costumbres, independientemente del grado de apoyo social que una determinada práctica pueda lograr. Es importante tener esto en cuenta debido a que el ser humano puede adormecer, e incluso, aún más grave, llegar a perder la conciencia moral. La solución para estos problemas se halla fuera del hombre, se encuentra en Dios, y es asequible a través de la revelación y el Magisterio de la Iglesia.

Toda relación que perdura es basada en Cristo, en especial la matrimonial. Mientras la permisividad y el desenfreno definan hoy la expresión de la sexualidad, la sujeción del deseo sexual al ejercicio de la voluntad es y sigue siendo la opción correcta. La promoción de antivalores actual ha llevado a que las relaciones sexuales se hayan degradado a una mera conducta recreativa más entre tantas otras, y la carencia de compromiso nos está deteriorando como sociedad. En resumen: profundizar en la enseñanza moral de la Iglesia nos ayudará a una mejor sociedad y mejores humanos. Comenzar por ubicar y leer el documento “Orientaciones educativas sobre el amor humano” (https://cutt.ly/yEWPN25), disponible en la página oficial del Vaticano, es un excelente comienzo. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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