Análisis

Javier Gómez Graterol: Tornando la desgracia en gracia

“Dios nos ha puesto a todos en el mundo para aportar alguna contribución… Y suceda ahora lo que suceda, creo que Charlie ha hecho la suya” fueron las palabras que pronunció John Holter hablando de su hijo luego de abrazarlo, cuando este recibió, y sobrevivió, a la operación que le hicieron por un caso complejo de hidrocefalia.

Lo más significativo de esta operación es que fue para implantarle una válula que John, movido por la adversidad, inventó para salvarle la vida.

Esta válvula no solo salvó a su  hijo, sino que también lo hizo y sigue haciendo con otros con el mismo padecimiento.

John no era médico, y en 1955, su hijo fue diagnosticado con un caso muy severo de hidrocefalia, en el cual los comunes procedimientos de la medicina de esa época no servían para tratarle. Así que él, sin ser médico, logró, con la tecnología de ese tiempo, diseñar una válvula que se adaptaba al caso de su hijo, quien, además de su condición, tenía una obstrucción no operable que impedía que el líquido acumulado en su cabeza fuese drenado como  comúnmente se hacía.

John, ante su adversidad, no se rindió, sino que se dedicó a diseñar la solución que creyó correcta, y se empeñó en ello con gran tenacidad.

Uno de los puntos más hermosos de esta historia es que, el primer diseño que hizo de esta válvula no pudo ser probado inmediatamente en su hijo, sino en otro, ya que en ese momento el pequeño Charles estaba débil para recibir cualquier operación. La válvula salvó a ese otro niño en el cual inicialmente se probó, lo cual fue aún más esperanzador. Cuando su hijo estuvo en condiciones, sí se le pudo salvar con el invento de su padre.

Este hombre, Jonh Holter, hizo vida la afirmación bíblica Romanos 8,28: “Por lo demas, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio”. “Todas” las cosas quiere decir que también aquellas que consideramos malas.

Dios escribe derecho en renglones torcidos, decían las abuelas. Si estás en desgracia, estimado lector, no olvides esto. Seca tus lágrimas y mira al cielo, si en ese momento no comprendes el porqué de tu mal, pide a Dios la fuerza para salir adelante, y mantente firme. Dios mismo te enviará el consuelo en medio de tu prueba y hará salir adelante, para tu bien, y el de los tuyos. No desfallezcas. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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