Análisis

Javier Gómez Graterol, religioso/periodista: Murieron… y no nos dimos cuenta

Tengo pendiente escribir, como le prometí a mi amiga Viviana, algo sobre la Ley Natural. Lamentablemente, hechos más noticiosos han hecho que varias veces haya tenido que posponer los temas más espirituales para ofrecer un análisis, desde lo espiritual, a lo que pasa.

Hoy me urge hablar de esto: Nos dimos cuenta, unos más conscientemente que otros, pero como no fue repentino como alguien que muere en un accidente, sino como esos ancianos a los que la soledad condena a morir cruelmente solos en un apartamento y luego los vecinos se dan cuenta, por el mal olor, de que falleció, o porque pasan los días sin verle hasta que alguien se acerca a su puerta y ve que algo no cuadra. Lo peor en estos casos es que suele darse que hay quien entra y no notifica su muerte hasta que ha revisado previamente y visto si hay algo de valor que puede llevarse antes de dar la noticia.

Los primeros en darnos cuenta fuimos los que convivíamos con ellas, los que fuimos formados en academia con profesores que nos enseñaron que valían mucho y que son (o eran) la base de nuestra profesión, aquellos que alguna vez vimos la película Ciudadano Kane, y comprendimos un poco el poder que pueden llegar a tener algunos imperios de la información.

Murieron la ética y la objetividad periodística. Murieron aplastadas por las agendas mediáticas, por la Inteligencia Artificial, por la pasividad de muchos, por la ideologización izquierdosa que se coló lentamente en nuestros sistemas educativos, como esas termitas silenciosas que llegan a un árbol milenario, capaz de resistir incluso truenos, huracanes, ventiscas, y se dedican a roerlo silenciosa y progresivamente, hasta que en el momento menos pensado un simple airecillo matinal lo tumba.

Ahora es el mal olor el que nos lo avisa, ese que, al destaparse nos dice que tenía bastante tiempo en descomposición, que tal vez hasta lo que se conoce como “fatiga olfativa” (o nuestra común evasión de la realidad) nos hizo que no le prestásemos atención a las primeras emanaciones de peste que empezaron a salir.

Sus muertes al parecer no han sido en vano. Han sido como aquellas plantas que sueltan esporas que flotan en el aire, y que se esparcen con él cayendo incluso en sitios insólitos, como esas plantas que nacen entre grietas, en azoteas, en los tendidos eléctricos, en lugares recónditos y aparentemente inhóspitos.

Días tristes pasan por nuestra sociedad: los medios son ahora quienes quieren decirnos qué pensar, qué sentir, qué es la verdad, qué es la democracia, qué es lo correcto, cuál es la moral más adecuada, y cómo debemos reaccionar. Detrás de eso, una agenda globalista mundial, cuyos postulados son aterradores cuando se llevan a la práctica.

Época convulsa nos toca. Esperemos que las “esporas” que se han liberado, por las muertes de estos importantes elementos de nuestra interacción con los medios, produzcan un fruto más sólido para el futuro. Mientras aún nos quedan voces, los cristianos debemos hacer nuestra parte o seremos aún más silenciados de lo que ya estamos siendo. Dios con nosotros ¿quién contra nosotros?

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista
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