Análisis

Javier Gómez Graterol: Me sumo a la causa

Entre los dichos de las madres está el que dice que “las malas mañas son las que se pegan”, y viendo cómo se mueven algunas festividades, podría decirse que es así. La espantosa y de raíces ocultistas fiesta del Halloween, ha ido extendiéndose cada vez más. El famoso viernes negro (blak friday) evento comercial, también se ha ido extendiendo, pero, el llamado “Día de acción de gracias”, un día dedicado a dar gracias a Dios, por todo lo que se tiene, ese casi ni se menciona. No quiero echarle tanto la culpa al hecho de que sea algo que menciona a Dios o a alguna creencia religiosa, quiero en parte atribuirla a que no es una rumba, día no laborable o donde hay consumo de bebidas, como el Oktober fest, que también se está propagando y/o no promueve el consumismo, invita a ir a discotecas, etc. Creo que no hace falta dar más ejemplos para que se me capte la idea.

Una de las cosas que más me gusta de esta celebración, desde que me interesé en saber de ella, es que tiene un carácter transversal a todas las religiones que se practican en Estados Unidos y Canadá, donde principalmente se celebra: participan de ella cristianos de todas las tendencias, judíos; musulmanes; incluso laicos y ateos (!).

No hay en ese día ceremonia religiosa en particular asociada a la fiesta, su núcleo central es reunirse en familia y seres queridos ¡y agradecer! (Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”, Santiago 1,17)

Quiero sumarme a promover esta idea que no es mía, puesto que ya ha venido siendo comentada por influyentes (influencers) católicos como Mauricio Pérez, de “Semillas para la Vida”, María García de Fleury, del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, y del espacio Youtube, Inteligencia para la paz: que el día de gracia sea algo que todos los pueblos del mundo adopten.

Ser agradecidos es algo que debemos, en conciencia, sembrar, principalmente en nosotros mismos. A veces no concienciamos las bendiciones cotidianas que tenemos, y como dice un viejo dicho, no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. Hay varios versículos bíblicos que nos hablan de la necesidad de agradecer, y ser agradecidos, con Dios, y con el prójimo. Por razones de espacio solo mencionaré algunos: “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en Él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias (Salmo 28;7). Le siguen: Salmo 50, 14, 23; 69,30-31; 107,1-3; 107,8; Hebreos 12,28; 1 Crónicas 16,34; “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4,6-7; ver también Efesios 2,8-9); Colosenses 3,17; 1 Tesalonicenses 5,18; Colosenses 1,11b-14). Cada uno de estos versículos nos ayudará a ser siempre agradecidos con Dios. Feliz adviento, estimados lectores. Dios les bendiga.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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