Análisis

Javier Gómez Graterol: El momento del cambio…

Escuché a mi hermana, ex trabajadora de la PDVSA antes de Chávez, decir que allí, en la continua formación que le daban, le habían hecho reflexionar sobre esto: ¿Cuándo es la mejor circunstancia de una empresa para empezar a hacer cambios y mejoras? Y la respuesta que le dieron es cuando no hay circunstancias aparentes para hacerlo, ya que una empresa no debe esperar a que haya cambios, presiones, crisis, etc., para hacer ajustes, es decir, no puede ni debe estar operando reactivamente.

¿Y si aplicamos eso a nuestras vidas? Habría que preguntarnos ¿cuándo es el mejor momento para un cambio? Desde el año pasado, en mi evangelización vía redes, he estado enviando reflexiones sobre el tiempo y la eternidad, aún más, sabiendo que mucha gente suele hacer resoluciones de año nuevo para cumplir y plantearse metas. Otros no pasan de hacer meros rituales supersticiosos para que las cosas se den, pero, el momento del cambio, si a ver vamos, es el presente.

Yo inicié mi año poniéndolo en manos de Dios y, desde que comenzó estoy teniendo varias sacudidas, pero, ¿Saben qué? Me hacen ver que Dios se tomó en serio mi propuesta y que está conmigo. Para bien o para mal, las decisiones que he tomado, entre ellas la de dar un cambio de curso como consagrado a Dios en la vida que estuve llevando durante 17 años están dando frutos de crecimiento personal y espiritual, siento cada vez más la providencia divina.

Hablo de mi experiencia, y parto de ella para hacerle reflexionar sobre esto: no hay que temerle al cambio, a comenzar de nuevo, incluso a levantarse luego de una caída. No lo digo como un gurú barato de esos tantos que salen a ofrecer fórmulas mágicas, lo digo desde mi experiencia, como alguien que ve a Dios en los cambios que se están dando en su vida y que, ahora que los ve en restrospectiva, sabe e internaliza que han sido para bien, pero que también han partido de saber soltar, de analizar que a veces no es bueno quedarse en donde se está, especialmente si se ve que no hay futuro, solo porque ese quedarse ahí da seguridad.

En todo momento trato de hacer mía la frase (que ya he citado anteriormente aquí y en varias partes) de Don Bosco: “Que tu oración preceda a tu acción”. Para dar un cambio que resulte riesgoso, también hay que hacer mucha oración, en especial para pedir fuerzas para dar el salto y, al momento de darlo, no autosabotearnos por miedos, o temores de fallar. Todo lo que viene precedido de la oración, así lo percibamos en su momento como un error, es para bien. No es lo mismo orar y que las cosas no salgan como lo planeamos, que decidir sin orar. Si bien es cierto que Dios dispone de todas las cosas para bien de los que le aman (Romanos 8,28), siempre será más duro errar sin su guía.

Orar, obrar, atreverse, agradecer. Orar, en todo momento intentar orar, crearse momentos para hacerlo, pequeñas jaculatorias aunque sea, mientras se espera, se hacen pausas, mientras se camina, se hacen cosas. Intentar dedicar más tiempo a Dios, y eso repercutirá positivamente en nuestras vidas. Solo tenemos el ahora, el pasado ya fue, y el futuro partirá muchísimo mejor de lo que orando hayamos decidido. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista, X e Instagram @jegogra

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