Análisis

“Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad”

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO – Mc 1, 40-45 – 12 FEBRERO 2012

“Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad”

El evangelio de este sexto Domingo del Tiempo Ordinario nos muestra cómo Jesús acoge a un leproso. Es importante precisar que en aquel tiempo, los leprosos eran las personas más excluidas de la sociedad, esquivadas por todos. No podían participar en ninguna actividad común. Porque antiguamente, la falta de medicinas eficaces, el miedo al contagio y la necesidad de defender la vida de la comunidad, obligaba a las personas a aislarse y a excluir a los leprosos. Además, entre el pueblo de Dios, donde la defensa del don de la vida era uno de los deberes más sagrados, se llegó a pensar que fuese una obligación divina la exclusión del leproso, porque era el único modo de defender a la comunidad contra el contagio de la muerte. Por esto, en Israel, el leproso se sentía impuro y excluido no sólo de la sociedad, sino hasta de Dios; en Levítico 14 desde el verso 1 al 32 habla de la purificación de los enfermos de lepra. Hoy en día, a pesar de casi dos mil años de cristianismo, la exclusión y la marginación de ciertas categorías de personas continúan, tanto en la sociedad como en la Iglesia. Por ejemplo, los enfermos de sida, los emigrantes, los homosexuales, los divorciados…. ¿Es importante saber qué conductas de exclusiones tenemos? Esta pregunta nos ayudará a comprender la actitud de inclusión que debemos tener.

Veamos, tanto en los años 70, época en la que escribe Marcos, como hoy, época en la que vivimos nosotros, era y continúa siendo muy importante tener criterios o modelos para saber cómo vivir y anunciar la Buena Nueva de Dios y cómo realizar nuestra misión de cristiano. En los versículos del 16 al 45 del primer capítulo, al narrar los hechos de Jesús, Marcos describe cómo Jesús anunciaba la Buena Nueva. Cada acontecimiento constituye un criterio para la comunidad de su tiempo, de modo que ésta pudiese examinar su misión. El texto de este domingo concreta el octavo criterio: “reinsertar a los excluidos”. Ahora pongamos atención a las palabras del leproso: “Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad”.

Alcohólicos Anónimos, el que identificamos con la doble A (AA), es una organización fundada en 1935 por un corredor de bolsa de Nueva York y un médico de Ohio (ambos ya fallecidos), que se consideraban borrachos desenfrenados. Su intención era ayudar a otros que sufrían de la enfermedad del alcoholismo. Alcohólicos Anónimos creció con la formación de grupos autónomos, primero en los Estados Unidos y luego por todo el mundo.

La ciencia y sus avances determinó que el alcoholismo es una enfermedad, la persona deberá tomar en cuenta que nadie puede rehabilitarse si no se acepta su enfermedad. Entonces la persona, que con sinceridad quiere dejar de beber, debe aceptar su incapacidad por controlar la bebida; de lo contrario le podrá causar la locura e incluso hasta la muerte prematura. Por tanto, el criterio con el que trabajan en AA es que los alcohólicos son personas enfermas que pueden recuperarse si siguen un sencillo programa que ha demostrado tener éxito para más de dos millones de hombres y mujeres a lo largo y ancho del mundo. La experiencia demuestra que el programa de AA funcionará para todos los alcohólicos que son sinceros en sus esfuerzos por dejar de beber y que, por lo general, no funcionará para aquellos que no tienen la certeza absoluta de que quieran hacerlo.

El proceso tiene doce pasos, son las siguientes: (1) Admitir que son impotentes ante el alcohol, que sus vidas se habían vuelto ingobernables. (2) Llegar a creer que un Poder superior a ellos mismos podría devolvernos el sano juicio. (3) Decidir poner sus voluntades y sus vidas al cuidado de Dios, como lo conciben. (4) Sin miedos deben hacer un minucioso inventario moral de sus vidas marcadas por la enfermedad. (5) Admitir ante Dios, ante ellos mismos, y ante las personas de su entorno, la naturaleza exacta de sus defectos. (6) Estar totalmente dispuestos a dejar que Dios los libere de todos sus defectos de carácter. (7) Humildemente deben pedir liberase de sus defectos. (8) Hacen una lista de todas aquellas personas a quienes han ofendido y deben estar dispuestos a reparar el daño que causaron (9) deben reparar directamente a cuantos han ocasionado algún daño, excepto cuando el hacerlo implique perjuicio para ellos o para otros. (10) Continúan haciendo su inventario personal y cuando se equivocan admitir de inmediato. (11) Buscar a través de la oración y la meditación mejorar su contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, piden con insistencia que les permita conocer su voluntad y les dé la fortaleza para cumplirla. (12) Finalmente, habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratan de llevar este mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos sus asuntos.

El leproso que se acerca a Jesús, pidiendo ser curado de su enfermedad, necesitó reconocerla primero y, al mismo tiempo, confió en que este profeta tenía la fuerza para sanarlo. Y Jesús le pide que solamente cumpla con las ofrendas que manda la ley de Moisés por su curación, pero que no se lo diga a nadie más; sin embargo, el leproso “se fue y comenzó a contar a todos lo que le había pasado”. Como el AA, no podía dejar de llevar a otros el mensaje de su propia experiencia de salvación. Porque cuando se experimenta el Amor de Dios sencillamente no puede guardar para sí mismo sino de compartirla.

Fuentes consultadas: www.homilética.org y www.lectionary.org

Por: Fernando Carrillo Mamani, sacerdote diocesano.