Cochabamba

Mons. Giambattista Diquattro: Un corazón abierto a Dios y cerrado al tentador

Oremos juntos para tener un corazón dispuesto a acoger la Palabra de Dios y para no caer en la tentación de la globalización de la indiferencia a Dios y a los hermanos, ha sido la invitación de Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico en Bolivia, en su homilía en la Eucaristía al inicio de la Asamblea Extraordinaria de los Obispos de Bolivia que se realiza hoy en Cochabamba.

Hermanos y hermanas en el Señor, no hay nada más precioso que el corazón y no hay nada más nefasto que el corazón. Jeremías señala dos actitudes que pueden elevar o dañar el corazón.

Muchas veces Jesús habla de la dureza del corazón, y llora por Jerusalén porque no comprendió quién era Él. El Evangelio presenta la figura del hombre rico y del pobre y las diferencias que hay entre ellos. En el hombre rico se presenta el corazón cerrado a su hermano, tarde reconoce su culpa y tarde llega su oración para pedir perdón. Olvidó durante su vida, ignoró y excluyó al pobre Lázaro, como dice el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año. En el Evangelio se habla del corazón dispuesto a la Palabra de Dios llamado a dar fruto gracias a su constancia.

El Papa Francisco exhorta a cuidar el corazón, fortalezcan sus corazones en este tiempo de gracia y de conversión. Manifiesta su deseo de orar con nosotros para no caer en la globalización de la indiferencia a Dios y a los hermanos. De este modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso. La Cuaresma como escuela de santidad vivámosla como camino de formación del corazón. Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte y firme, cerrado al tentador pero abierto a Dios.

El Papa invita a celebrar los próximos días 13 y 14 la iniciativa 24 horas para el Señor , a fin de orar juntos para que Dios nos ayude a eliminar las toxinas del egoísmo, a cultivar misericordia y preservarnos de la plaga de la indiferencia. Una liturgia penitencial en la que la oración y purificación obren el milagro de una auténtico testimonio de amor a Dios y a los hermanos.

Que en esta empresa nos acompañe María, Madre y Maestra.