Cochabamba

Mons. Flock: Tenemos que negociar la paz

El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, llamó a negociar la paz “Nos damos cuenta que frente a Dios, tenemos que negociar la paz. Y para esta paz, Dios nos pide una rendición total e incondicional. Todo lo que tenemos y todo lo que somos, hemos de poner a su disposición. Pero con esto, no solamente logramos la paz. No solo logramos ser discípulos de Jesús. También ganamos la guerra contra el mal y hasta vencemos la muerte, porque quedamos aliados al Dios de la vida”, dijo al referirse al conflicto que se sucita entre Estados Unidos y el país de Siria.

Homilía de Mons. Flock, 08/09/2013

“Que nuestro corazón alcance la sabiduría”

Queridos Hermanos,

El Papa Francisco ha pedido que hoy-ayer sea un día de oración y ayuno para lograr la paz en Siria, y también envió una carta a los presidentes de Grupo de los 20 en la reunión que acaban de celebrar, pidiendo que no se involucren en la guerra civil de Siria. El patriarca ortodoxo de Siria también ha pedido que los Estados no ataquen al régimen de Basar al Asad, porque sería simplemente favorecer a los extremistas del país. El debate sobre la intervención militar por parte de las naciones más poderosas, en represalia por el uso de armas químicas, ilustra bien lo que dice nuestra lectura del libro de la Sabiduría:

“Los pensamientos de los mortales son indecisas y sus reflexiones precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime la mente con muchas preocupaciones. Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra, y lo que está a nuestro alcance los descubrimos con esfuerzo; pero ¿quién ha explorado lo que está en el cielo?”  

En otras palabras: ¿Quién conoce la voluntad de Dios? ¿o siquiera se esfuerza para buscarla? Es evidente que en el debate sobre Siria, y en muchos otros del mundo de hoy, en entra en los argumentos un interés en el plan de Dios, en su voluntad ni en sus caminos.

Sin embargo, el Libro de la Sabiduría afirma que podemos conocer Su santa voluntad porque Dios mismo lo ha revelado y nos ha dado Su sabiduría y Su santo espíritu.

Quien se acerca al Dios vivo y verdadero se da cuenta que Dios no quiere la violencia. Ni la de tiranos como Basar al Asad, ni la terroristas que se convierten en bombas suicida, ni tampoco la de los países poderosos que pueden castigar a estos desde lejos. Frente a Dios no se puede dividir el mundo en buenos y malos, dando a los buenos licencia para matar a los malos. Porque la maldad está en la violencia misma, sea quien sea que la emplea.

    Dios nos ha dado Su sabiduría y Su santo espíritu para que conozcamos su voluntad. Esta sabiduría la encontramos en la Palabra de Dios proclamada por sus profetas y encarnada en la persona de Jesucristo.

    ¿Cuál es la postura de Jesús frente a los malos?

    ¿Acaso hay algún caso donde Jesús dice que se debe matar al maleante?

    Pués, no hay niguno.

    ¿Acaso Jesús alguna vez empleó la violencia contra los malos?

    Quizás viene a la mente la limpieza del Templo, cuando Jesús hizo un especie de chicote o látigo con cuerdas, pero si examinas los textos del Evangelio, el chicote era para el ganado, no para pegar los vendedores, a quienes ni siquiera los tocó, a pesar de condenar con fuerza el comercio en la Casa de Dios.

    Jesús descalificó el principio de “ojo por ojo, diente por diente”, porque no cura el mal, y no convierte el malvado.

    Jesús dice: “Ama a tu enemigo.” Porque si lo ama, ya no es tu enemgo, o por lo menos, ya no eres su enemigo. Eres su prójimo, su amigo.

    Así actuó Jesús, al cargar la cruz sobre sus hombros y al perdonar a sus verdugos mientras moría en medio de sus burlas.
    
    Hoy, Jesús dice: “Cualquiera que venga a mi y no me ame más que a su padre y su madres, a sus mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.”

    Si no fuera Jesús la Sabiduría de Dios hecho hombre, hecho historia y hecho vido, no podría decirnos esto. Pero por ser “El Camino, la Verdad y la Vida”, Jesús puede reclamar nuestra adhesión total, por encima de todo.

    Jesús nos pone dos ejemplos que requieren cálculos. El primero es la construcción de una torre. Podemos imaginar uno de estos condominios que se levantan en nuestro medio. Hay que calcular los gastos. ¿Cuanto va a costar la mano de obra y todos los materiales de construcción?

    Pués, Jesús quiere construir una especie de torre. No la Torre de Bable que desafía a Dios, sino la Torre de la templo espiritual que alcanza hasta al cielo. ¿Cuánto cuesta? Cuesta, pues, cada gota de su propia sangre. Y habiendo calculado el gasto, Jesús abrazó la cruz y pagó la cuenta.

    El segundo ejemplo es una guerra entre reyes. El que tiene solamente diez mil contra veinte del otro, cae en la cuenta que tiene que negociar la paz. Y nosotros, vamos a hacer la guerra contra Dios y sus Ángeles, que vencieron a Satanás y lo botaron del cielo. Nos damos cuenta que frente a Dios, tenemos que negociar la paz. Y para esta paz, Dios nos pide una rendición total e incondicional. Todo lo que tenemos y todo lo que somos, hemos de poner a su disposición. Pero con esto, no solamente logramos la paz. No solo logramos ser discípulos de Jesús. También ganamos la guerra contra el mal y hasta vencemos la muerte, porque quedamos aliados al Dios de la vida.

    Señor, “Enseñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la Sabiduría”.

Mons. Robert Flock