Sucre

Mons. Adolfo Bittschi. Hemos venido a adorarlo

6 de enero de 2021, celebramos la Solemnidad de la EPIFANÍA DEL SEÑOR, conocida como fiesta de los REYES MAGOS, y proclamamos el Evangelio según San Mateo 2, 1 – 12. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía

Después de presentar al Niño Jesús, el Mesías y Salvador, como hijo de David y de Abraham, San Mateo lo presenta ahora en relación con los paganos, representados por los Sabios de Oriente que llegan para ofrecerle sus dones y para adorarle. Ellos que, bajo la guía de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Belén, son el comienzo de una gran procesión que recorre la historia. La liturgia lee el evangelio de los Magos junto con las visiones proféticas de Isaías 60 y del Salmo 72, que ilustran con imágenes orientales de reyes, oro, camellos y dromedarios la peregrinación de los pueblos hacia Jerusalén. En la navidad son los pastores los primeros adoradores del Niño recién nacido que yace en el pesebre. Ellos son la personificación de los pobres de Israel, de las almas humildes que viven interiormente muy cerca de Jesús. Hoy en la fiesta de la Epifanía o Manifestación son los Sabios que vienen de Oriente quienes personifican a todas las naciones y pueblos, la Iglesia de los gentiles, los hombres que a través de los siglos se dirigen al Niño de Belén, honran en Él al Hijo de Dios y se postran ante Él. Si nos fijamos en el hecho de que, desde aquel comienzo, hombres de toda proveniencia, de todos los continentes, de todas las culturas, modos de pensar y de vivir, se han puesto y se ponen en camino hacia Cristo, podemos decir verdaderamente que esta peregrinación y este encuentro con Dios en la persona del Niño es una Epifanía de la bondad de Dios y de su amor por los hombres (cf. Tito 3,4).

Los Sabios que entonces partieron hacia lo desconocido eran hombres de corazón inquieto. Hombres movidos por la búsqueda inquieta de Dios y de la salvación del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus entradas seguras y una alta posición social. Ellos buscaban la realidad más grande. Parece que eran hombres doctos que tenían un gran conocimiento de los astros y probablemente disponían también de una formación filosófica. Pero no solo querían saber muchas cosas. Querían conocer sobre todo lo que es esencial. Querían saber cómo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto querían tener una experiencia de Dios, dónde está y cómo es. Si él se preocupa de nosotros y cómo podemos encontrarlo. Querían conocer la verdad sobre nosotros, sobre el mundo y sobre el fundamento de todo: Dios. Su peregrinación exterior era expresión de su estar interiormente en camino, de la peregrinación interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia Él. Se dejaron guiar y lo encontraron: Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo.

Pidamos al Espíritu Santo el don de ser buscadores de Dios y del amor que Dios nos tiene a nosotros y a todos para transformarnos en verdaderos discípulos misioneros del Hijo de Dios.

Y que nuestro interés esté orientado a Dios, porque sólo así nos interesaremos también por los otros. Podemos decirlo también al revés: discípulos misioneros que nos importan los demás. El Papa Francisco nos pide orar en este mes de enero para que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con hermanos de otras religiones, rezando unos por otros. Pidamos también por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Nos puede ayudar la meditación de los misterios de nuestra fe en el SANTO ROSARIO. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Monseñor Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Responsable del área de Misiones CEB