En su homilía, explicó que Jesús utilizaba ejemplos sencillos de la vida cotidiana para comunicar las verdades más profundas de la fe. “Con este lenguaje sencillo, Jesús hacía entender el misterio de Dios”, compartió, al señalar que el mensaje central del Evangelio del día es “la fuerza transformadora de la palabra de Dios en nuestros corazones, la fuerza transformadora de la palabra de Dios en nuestras vidas”.
Los desafíos del mundo actual
Mons. Saldías explicó que en la parábola el sembrador representa a Dios, la semilla simboliza la Palabra divina y la tierra es el corazón humano. A partir de esta imagen, reflexionó sobre distintas realidades presentes en la sociedad contemporánea. Advirtió que uno de los principales riesgos del contexto cultural actual es el creciente alejamiento de Dios: “En el contexto cultural actual que vivimos, la fe en Dios corre riesgo de ser relegada a la indiferencia religiosa”, señaló. Asimismo, precisó que esta indiferencia debe entenderse como “desinterés hacia Dios, la ausencia de Dios”.
Según el obispo, esta realidad se asemeja a la semilla que cae en terreno pedregoso, donde no logra desarrollar raíces profundas: “Así es el corazón superficial, es un corazón sin profundidad donde el amor es inconstante y pasajero”. También se refirió a la semilla que cae entre espinos, explicando que estos representan “todo aquello que nos aleja de Dios” y que termina asfixiando el crecimiento espiritual de las personas. En este sentido, mencionó “las heridas del corazón” y la ausencia de Dios como obstáculos que impiden construir una vida plena y orientada al bien.
Frente a estas dificultades, el obispo señaló que existe también la realidad de la “tierra buena”, presente en muchas personas y comunidades que mantienen viva la fe y el compromiso cristiano. “En el corazón de muchas personas, de muchos cristianos, especialmente en las familias que oran, en jóvenes valientes del Evangelio”, la semilla de la Palabra encuentra un terreno fértil para crecer, aseguró.
Las familias y la transmisión de la fe
Mons. Saldías subrayó que la fe auténtica no se limita al ámbito personal, sino que impulsa a servir y acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles: “Es la fuerza transformadora de la palabra que nos envía a anunciar la buena noticia. Ayudar a otros a encontrar a Dios allá donde estamos”. En esa línea, remarcó el papel de la fe como fuente de consuelo y esperanza para las personas que sufren: “Es Dios quien sana los corazones heridos. Es Dios que nos envía a consolar a los que sufren para cambiar su tristeza, su duelo en alegría y esperanza viva”.
El obispo dedicó una parte importante de su reflexión a las familias, a quienes animó a asumir su papel en la formación espiritual de las nuevas generaciones: “Recuerden la mejor herencia que las familias, que los padres pueden dejar a sus hijos”, dijo, para responder inmediatamente: “La semilla de la fe en Dios en el corazón, en la conciencia de sus hijos”.
A su vez, insistió en que esta herencia constituye un legado más valioso que cualquier bien material: “Esta es la mejor herencia que la familia, que ustedes como padres pueden dejar a sus hijos”, subrayó.
Los jóvenes, protagonistas de la evangelización
Mons. Saldías también dirigió un mensaje especial a los jóvenes, retomando enseñanzas del Papa Francisco sobre su papel dentro de la Iglesia y la sociedad. “Jóvenes, ustedes son un lugar teológico. Ustedes son tierra sagrada”, recordó, citando al pontífice argentino.
Además, los alentó a convertirse en protagonistas del anuncio del Evangelio entre sus propios compañeros: “Jóvenes, evangelicen a sus jóvenes”. Para el obispo, la realidad juvenil representa una oportunidad para revitalizar la vida cristiana y fortalecer el discipulado. “Esta realidad juvenil constituye una oportunidad para el anuncio del Evangelio. Para volver a las raíces de nuestra fe. Para formar nuevos discípulos del Señor. Hoy necesitamos formar nuevos discípulos del Señor”, expresó.
También evocó el testimonio de San Carlo Acutis, quien definía la Eucaristía como “mi autopista para llegar al cielo”, e invitó a los jóvenes a descubrir que Dios cuenta con ellos para transformar la sociedad.
“Custodiar mi corazón”
Mons. Saldías enlazó la parábola del sembrador con las necesidades actuales de la sociedad y de la Iglesia: “Eso es lo que necesita nuestra sociedad. Eso es lo que necesita nuestra Iglesia. Por sus frutos los conocerán”. A continuación, recordó las palabras de San Pablo sobre los frutos del Espíritu Santo: “amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio”.
Invitó a los fieles a asumir una decisión para la vida cotidiana: “custodiar mi corazón”, de modo que la Palabra de Dios pueda dar frutos abundantes en favor de las personas, las familias y la comunidad.
La homilía concluyó con una oración a la Virgen de Chaguaya, patrona de Tarija, para que ayude a los creyentes a “purificar el corazón y custodiar la presencia de Dios en nuestras vidas”.
Fuente: Conferencia Episcopal Latinoamericana


