La Paz

Las peripecias que pasó Xavier Albó para poder hablarle al Papa de su amigo Luis Espinal

“Espero que podré decirle (al Papa) por lo menos aquí está (tres libros sobre la vida de Luis Espinal) para que se vea que realmente el Lucho es un mártir de la Iglesia”, fueron las palabras del sacerdote jesuita Xavier Albó en una entrevista con ANF , días previos a la visita del Papa Francisco a Bolivia.

Albó fue compañero y amigo muy cercano de Luis Espinal, jesuita que fue asesinado por paramilitares en marzo de 1980, y considera que la Iglesia Católica debe declararlo formalmente como mártir. Por esta razón, y por el cariño profundo que siente por Espinal es que Albó desde que se confirmó la visita del Papa Francisco a Bolivia, inició una campaña para el que el pueblo boliviano, y el mundo en general, forme parte de un reconocimiento en honor a su amigo.

Es así que promovió que el Papa modifique su agenda y realice una parada de 5 minutos en la curva del Plan Autopista, a unos kilómetros de donde fue hallado el cuerpo sin vida de Espinal, para dedicarle un momento de oración. Durante ese acto, la intención de Albó fue la obsequiar al Papa Francisco tres publicaciones que hablan sobre su amigo y que demuestran que él gastó la vida por los demás. Pero no se imaginó que su plan se frustraría por el control policial que no lo dejó acercase hasta el papa móvil, es entonces que se inicia una serie de frustraciones para poder lograr su objetivo, le quedaban dos días para hacerlo.

Frustración primera: El padre Albó pensó entregar sus libros en algún momento después de la eucaristía en Santa Cruz, pues estaba entre los inscritos para concelebrarla. Pero, no contó con que su teléfono no pararía de sonar con varias llamadas nacionales e internacionales. Ese día, todos los medios de comunicación tenían interés en localizarlo porque Albó conocía a detalle el significado de una réplica de la cruz tallada por Luis Espinal y que fue obsequiada al Papa por el Presidente Evo Morales en Palacio de Gobierno. Entonces, llegó tarde a la misa y no pudo entrar. Los libros seguían en su mano.

Frustración segunda: Perderse la misa no lo desanimó. Albó se dijo a sí mismo que en el encuentro con religiosos y religiosas en el Colegio Don Bosco encontraría la oportunidad de hacerlo, pues como jesuita tenía un espacio reservado. Sin embargo, cuando vio que el Santo Padre se acercó hacia donde estaba ubicado, la multitud y lo fugaz del encuentro no permitieron que entregue los libros.

Tercera frustración: Luego de perder la oportunidad en el coliseo Don Bosco, el padre Albó sabía que su última oportunidad era el Encuentro de Movimientos Populares, pero debía desplazarse hasta el Campo Ferial de Santa Cruz y el tráfico de personas y movilidades estaba a punto de desanimarlo, pero no lo hizo. Mientras caminaba en busca de un taxi fue interceptado por una periodista del periódico Los Tiempos de Cochabamba quien deseaba una entrevista.

Lo más que pudo hacer Albó con la periodista fue brindársela mientras compartían el taxi rumbo al encuentro de Movimientos Populares. Según el sacerdote, ambos se beneficiaron de esa travesía. La periodista que pudo conseguir su nota y él porque no pagó el trasporte, lo hizo ella.

Cuarta y última frustración. Debido al tráfico, Xavier Albó llegó cuando las puertas del Campo Ferial ya habían cerrado y no hubo ruegos que le permitieran ingresar. Sin embargo, permaneció pardo entre la gente, tal vez podía hacer algo al final del encuentro.

“La puerta se abrió sin querer”. Repentinamente, la puerta de ingreso al Campo Ferial se abrió por un momento y Albó buscó burlar a la Policía que controlaba el ingreso y se sumó a la muchedumbre que deseaba colarse al interior. En ese instante, cuenta Albó, que una persona que trabaja para el Gobierno lo vio desde dentro, logró reconocerlo y pidió a la seguridad lo dejaran ingresar. Es así que sin pensarlo, se vio asímismo bien sentado y muy cerca del escenario.

Una vez que el Papa Francisco terminó su intervención, Albó se percató que el Santo Padre no salió de inmediato como ocurrió en el Coliseo Don Bosco, más bien se metió por la parte trasera del escenario. Fue ahí que aprovechó para ir a buscarlo y sí, lo encontró. El Papa estaba sentado, descansando.

Fue el momento que Albó pudo realizar su cometido, aunque duró muy pocos minutos, entregó al Papa los tres libros que cargó durante toda su travesía: el primero, la nueva edición de las “Oraciones a Quemarropa” escritas por Espinal y que incorpora las fotografías de sus tallados. El segundo, la edición especial de la Revista Cuarto Intermedio titulada “Francisco en Bolivia”, dedicada al Santo Padre, y el tercero fue el libro “Callar es lo mismo que mentir”, del propio Espinal.

Además aprovechó para entregar un encargo de la esposa de un diácono amigo suyo, un “lluchu” (sobrero tejido a mano con lana de alpaca), pues era deseo de esa pareja de amigos que ese detalle junto a una carta informando sobre un encuentro latinoamericano de diálogo entre indígenas y cristianos llegue a manos del Papa.

“Feliz, muy feliz”, son las palabras que el padre Albó utiliza para describir lo que siente cuando se le pregunta sobre toda su hazaña.

Xavier Albó es sacerdote jesuita de origen español y nacionalizado como ciudadano boliviano. Con 81 años de edad hizo todas estas peripecias con el fin de consolidar la memoria y reconocimiento de su amigo “Lucho Espinal”. Demostró que no es necesario utilizar un nombre reconocido a nivel intelectual o mediático, su sencillez y humildad le abrieron las puertas para poder estar frente al Papa Francisco.