Cochabamba

La devoción a la Virgen en Latinoamérica

La devoción a María es la característica del cristianismo latinoamericano más popular, persistente y original. Ella está presente en los primeros años de evangelización del Nuevo Mundo. “Su presencia confirió dignidad a los esclavizados, esperanza a los explotados y motivación para todos los movimientos de liberación en la época de la independencia”, coinciden varios estudios sobre la religiosidad en América Latina.

Una prueba de esa veneración a María de parte del pueblo latinoamericano son los santuarios marianos existentes en todo el continente.

De acuerdo a investigaciones, como todas las realidades de la vida cristiana, la veneración latinoamericana respecto a María también tuvo una evolución impuesta por los cambios históricos. En la época de la conquista, como muestra de la devoción y espíritu evangelizador que traían los españoles, la toma de posesión de muchos lugares en América, así como fundaciones y demarcaciones territoriales, se hicieron en nombre de Jesús y la Virgen, siendo bautizadas gran número de ciudades con el nombre de algún santo o diversas advocaciones de María. Igualmente, muchas iglesias y capillas fundadas hasta el siglo XIX llevan títulos marianos, unos traídos desde España (de Montserrat, del Pilar, del Rosario, etc.) y otros nacidos en América, con un fuerte carácter hispánico.

En los diferentes países, la devoción a las diferentes advocaciones marianas, con el rostro sobre todo mestizo de María, reúne a diversas capas sociales, contribuyendo, en mayor o menor grado, a crear una conciencia nacional. Están la virgen de Guadalupe, en México; Chiquinquirá, en Colombia; de Coromoto, en Venezuela; de Copacabana y Urcupiña en Bolivia; Luján, en Argentina; Caacupé, en Paraguay; el Quinche, en Ecuador; Nuestra Señora Aparecida, en Brasil, para mencionar sólo algunas.

La presencia de María como madre en la cultura y religiosidad de los pueblos latinoamericanos se expresa en las celebraciones patronales, que son ocasiones de fiesta, de romerías, y promesas por las gracias recibidas. Generalmente, son celebraciones comunitarias que hacen olvidar las diferencias y las divisiones de la sociedad. Con el tiempo, el culto no se ha interrumpido; contrariamente, ha ido en aumento.

“Bolivia, al igual que otros países latinoamericanos, recibió de España una profunda fe cristiana y al mismo tiempo mariana. Prueba de ello son las numerosas advocaciones con las que la Virgen María es venerada por el pueblo sencillo y también por todas las clases sociales. Especial relevancia ha adquirido en las últimas décadas la Virgen de Urcupiña, en su sede de Quillacollo, cuya fiesta principal es el 15 de agosto, día de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos”, destacó el sacerdote Miguel Manzanera en el artículo “María de Urcupiña, madre de la integración eclesial y social”.

Según el religioso, el fenómeno de Urcupiña atrae a muchos estudiosos para investigar sus múltiples facetas y dimensiones folklóricas, sociales, culturales y religiosas, habiendo adquirido en las últimas décadas una dimensión enorme hasta convertirse en el acontecimiento religioso más importante del país.