Análisis

Javier Gómez Graterol: Tiempo perdido buscando fama

El escritor irlandés Óscar Wilde dijo alguna vez “Cada efecto que usted consigue, le crea un enemigo más. Para ser popular hay que ser mediocre”. Viendo ahora la segunda parte de esta cita, me parece que es casi una profecía esta afirmación: Ahora con la competencia de las redes sociales por parecerse al hasta ahora imbatible TikTok, (el cual, según la administración Trump, nos vacía de nuestra privacidad y la pone en mano de los comunistas), se tropieza uno, en casi todas las redes, con una cantidad intrusiva e insufrible de cortos (reels), que pretenden ser graciosos y/o llamativos, de gente de todas las edades, que parecen haber perdido la noción del pudor y del ridículo.

Navegar una red social ahora es ahora como ese viejo juego de Windows, buscaminas, donde uno tiene que evitar pisar cualquier cosa porque enseguida el algoritmo va a arrojar más y más basura similar, con la mera intención de mantenernos enganchados.

Aún más chocante me resulta que constantemente lleguen versiones y versiones del mismo chiste, personas que ponen una reflexión hecha por otro en pantalla dividida, mientras hacen gestos aprobatorios y de respaldo, como si eso fuese a hacer más interesante el vídeo que están mostrando, o quienes simplemente ponen el audio de otro vídeo y mueven ellos los labios.

En cuanto a la pérdida del pudor: chistes de alto contenido sexual, jóvenes de tempranas edades hablando de sus experiencias sexuales, prestándose a hacer escenificaciones con contenidos propios de antros de mala muerte, pero ahora edulcolorados por la dramatización.

¿A dónde nos irá a llevar esta constante búsqueda de aprobación logarítmica? No me gusta ser apocalíptico… podría decir que también hay gente haciendo cosas buenas, pero cuando uno se entera de que el contenido realmente valioso solo llega al 2 %, a duras penas, y reiterando que es a costa de venderle la privacidad al gran hermano comunista, pues creo que a tiempos de pruebas duras para la fe y la razón.

El pan y circo para distraer ahora es masivo, particularizado, penetrante y monstruoso en cuanto a su influencia y capacidad de apartarnos de hacer algo tan importante como leer. Lo único que puedo decir, para no sonar como profeta del desastre es que Dios es el Señor de la historia, Él sabe más que yo, y siempre ha sabido influir en los acontecimientos diarios para hacer valer sus designios. Además puedo añadir que soy testigo de que también llama a  jóvenes cristianos a ser cambio y acción. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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