Análisis

Javier Gómez Graterol: Si ser cristiano es peligroso, una vida sin sentido lo es más

En el pasado, los mártires cristianos de los primeros tiempos impresionaron y convirtieron a muchos con su testimonio: ser capaces de ir orando y resignados a la muerte. Destaca, por ejemplo, la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Romanos, en la cual pide abiertamente que “Halaguen, más bien, a las fieras, para que sean mi sepulcro y no dejen nada de mi cuerpo; así, después de muerto, no seré gravoso a nadie. Entonces seré de verdad discípulo de Cristo, cuando el mundo no vea ya ni siquiera mi cuerpo. Rueguen por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios”.

Los primeros cristianos sabían que era un riesgo profesar la fe en Cristo, pero se centraron más en el sentido verdadero y propósito de sus vidas, y prefirieron perderlas antes que renunciar a su fe. Asumieron el riesgo de morir, a cambio de la vida eterna. Después de todo, el mismo Jesús se los advirtió (Lc 23,31 y ss)

En la actualidad hay nuevos retos virales que están haciendo que jóvenes pierdan su vida. Me han llegado 4 vídeos de un nuevo reto en el cual jóvenes aparecen atravesándosele a automóviles en movimiento y luego tratan de esquivarlos, estos han circulado porque han sido de final trágico. Bien sabemos que no es solo este desafío viral el que ha matado jóvenes, han sido varios (por lo que se ve, habrá más), la mayoría absolutamente absurdos y por los cuales, jóvenes sin propósito real, están perdiendo muy pero muy estúpidamente sus vidas.

Ha habido recientemente una nueva masacre de cristianos en una iglesia católica de Nigeria, el pasado Domingo de Pentecostés. Un vídeo crudo circula en el que se muestran cuerpos mutilados, entre ellos, el de una señora mayor de la cual quedaron parte de sus partes íntimas y entrañas al descubierto. Desgarra el corazón verlo, pero sus muertes no serán en vano puesto que la Iglesia sabe que “La sangre [de los mártires] es semilla de los cristianos” (Tertuliano, año 197), y que ellos pasarán a la vida eterna: “Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mt 10,28).

Vemos también que células terroristas convierten a jóvenes en extremistas radicales que, al grito de “Al·lahu-àkbar” (Alah akbar: Dios es grande), no tienen el más mínimo reparo en perder sus vidas forrados de bombas para explotar junto con sus enemigos. Vemos jóvenes perder sus vidas por drogas; peleas y retos absurdos; malas juntas; sida y demás enfermedades venéreas; violaciones, pertenencia a pandillas; tribus urbanas estilo “emo”; prácticas de “parkour” y de caminar en riscos y terrazas de edificios; “swatting”; carreras clandestinas; peleas; celos; ser capaces de vender un riñón por una computadora y celular de moda, imitar programas tipo Jackass; promiscuidad sexual  etc.

Sí, en la actualidad, ser cristiano se está haciendo cada vez más peligroso, elementos como el marxismo cultural se están encargando de eso. A los padres cristianos de hoy les toca entonces decidir qué prefieren formar, si un cristiano, capaz de asumir la fe hasta sus últimas consecuencias, o un joven atomizado, sin identidad ni sentido verdadero en su vida, pero capaz de perder la vida en retos absurdos. Es duro decirlo, pero está pasando. Tocará decidir entre una vida según el mundo, que conduce a la muerte, o el riesgo de una muerte por Cristo que nos lleva a la vida eterna. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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