Análisis

Javier Gómez Graterol: La mejor fórmula para hacer rendir el tiempo y las finanzas

Uno de los más grandes misterios, sobre cómo obra la Divina Providencia, está en este versículo bíblico: “En vano madrugan a levantarse, el descanso retrasan, los que comen pan de fatigas, cuando Él colma a su amado mientras duerme” (Sal 127 1). Lo más importante es que Jesús complementa ese mensaje cuando dice (en el capítulo 6 de Mateo): “Por eso les digo: No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” Y más adelante: Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura. Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal (No pondré los versículos porque recomiendo leer el capítulo entero, igual que el salmo).

En una época marcada por la incertidumbre, el estrés que padecen muchos por sus empeños, y la inseguridad personal, habría que preguntarnos entonces: ¿Estoy preocupándome por las cosas correctas? ¿Estoy afanándome por lo que realmente importa? Si el salmo dice que Dios “colma a su amado mientras duerme”, ¿me estoy preocupando por ser el amado de Dios ¿qué significa ser el “amado de Dios”?

Tal vez ahí podamos conseguir la causa del estrés y el vano afán de muchos. El Beato Santiago Alberione se dedicó a Dios y a la oración, y formó una Congregación que ahora está en los cinco continentes, viviendo siempre de la providencia divina. Muchas órdenes monásticas, como los benedictinos hacen girar su tiempo en torno a la oración, con la Liturgia de las Horas, y con ello no solo hacen grandiosas obras, sino que son el pulmón espiritual de la Iglesia, y además de eso, nunca les falta la providencia.

El Beato Santiago Alberione dijo: “Nosotros no podemos ser un palo en la rueda de la Providencia. Si trabajamos por el Paraíso, y no por nosotros mismos, nunca nos va a faltar la Providencia. Debemos trabajar en pobreza”. Mientras más tiempo dediquemos a Dios y a la oración, más nos rendirá el tiempo que nos queda, como por arte de magia, y nos llegarán recursos y se nos abrirán posibilidades inimaginadas. «Ocúpate de Mí —decía Jesús a Santa Catalina de Siena—, y Yo me ocuparé de ti», ¿acaso no hay nada mejor que dejar que sea Dios quien se ocupe de nuestros asuntos.

Así que, si usted está cansado, estresado, preocupado, en especial por su economía, es hora de que se pregunte si está actuando con las premisas erradas, porque esperar a que su estrés se somatice y se convierta en algo dañino y/o un problema crónico para su salud no es muy buena idea. Dios le bendiga.

Autor:  Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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