Análisis

Javier Gómez Graterol, religioso: 2021 y la necesidad de abandonarnos en Dios

Leyendo “Autismo y espiritualidad” de Olga Bogdashina, me encontré con que la autora, investigando el fenómeno de la espiritualidad en la actualidad, cita estos datos de investigaciones científicas sobre el este fenómeno: “Creyentes como Isaac Newton, agnósticos como Charles Darwin y ateos como Richard Dawkins han considerado seriamente todos la fascinación por Dios, porque en el momento en que Dios se presenta al cerebro humano, el concepto neurológico no desaparecerá. (Newberg y Waldman 2010, págs. 5-6)”.

También nos dice que: “En el contexto clínico, en una encuesta realizada por psicólogos miembros de la APA (Asociación Americana de Psicología), 60 por ciento informó que sus clientes usaban lenguaje religioso para expresar sus experiencias personales, y uno de cada seis de sus clientes habló sobre problemas lidiando con la religión o la espiritualidad (Shafranske y Maloney 1990). Lannert (1991) se refiere a otro estudio de psicólogos en el que 72 por ciento informó que en algún momento se dirigieron a temas religiosos o espirituales cuestiones en el tratamiento de sus clientes. Un estudio nacional de psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y terapeutas de la memoria revelaron que 29 por ciento ciento está de acuerdo en que las cuestiones religiosas son importantes en el tratamiento de todos o muchos de sus clientes (Bergin y Jensen 1990)”. Tales afirmaciones científicas nos hablan de nuestra innata necesidad de ser espirituales, aunque muchos en la actualidad no quieran ser religiosos.

Con un 2020 que nos ha sacudido a todos, y un 2021 que se acerca cargado de incertidumbres, debería estar entre nuestros propósitos de año nuevo hacer un acercamiento a Dios desde la perspectiva más difícil de todas: conocerle más, y poner en práctica el abandono en sus manos y la confianza en su divina providencia.

Actualmente se vende a la religión y todo lo relacionado con ella como opresión, pasado de moda, ridículo y digno de ser erradicado, pero ahí está, datos científicos como los de Bogdashina le pegan en la cara a quienes pretenden que el hombre desconozca que tiene un lado espiritual que no puede ni podrá ser llenado por sistemas totalitarios que han pretendido erigirse ellos como religión y liberación, pero que han terminado siendo opresivos y negadores de la verdadera dignidad humana. El cristianismo, con sus más de dos mil años, y contando, desde su fundación, sigue re-ligándonos a Dios y ofreciéndonos una vía para conocerle, amarle e imitarle.

Invito entonces a a todos a reflexionar sobre dónde y cómo está Dios en sus propósitos de año nuevo, porque creo que no hay que ser místico ni iluminado para comprender que necesitamos más que nunca aprender a abandonarnos en Él, confiar en su providencia, y salir adelante confiando en que Él nos irá señalando el camino. Cristo y yo, mayoría aplastante. Cristo ha resucitado, ¡en verdad ha resucitado! Dios les bendiga, gracia, paz y bendiciones de parte de Dios y la Virgen para todos.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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