Análisis

Javier Gómez Graterol: Conciencia adormecida por el pecado

El pecado adormece la conciencia, no la mata, no la elimina, no la extirpa del ser. Eso se da porque Dios mismo lo dijo: Escribiré mi ley en sus corazones (Jeremías 31,33, Hb 10,16). Aún así, el pecado puede llegar a adormecer la conciencia de tal modo que incluso podamos llegar a sentirnos orgullosos del pecado que estamos cometiendo. “Al dirigir nuestra mirada ahora al mundo contemporáneo, debemos constatar que en él la conciencia del pecado se ha debilitado notablemente” (Juan Pablo II). Podemos creer que estamos bien, sin darnos cuenta de que nuestro pecado actual nos está corroyendo.

El resentimiento, la soberbia, la falta de perdón, heridas internas no sanadas pueden llevar también a vivir alejados de Dios “el drama de la situación contemporánea, que da la impresión de abandonar algunos valores morales fundamentales, depende en gran parte de la pérdida del sentido del pecado” (Juan Pablo II).

La ingeniería social actual, impulsada por muchas empresas y organizaciones multinacionales, que pretende destruir, dizque “deconstruir”, la ley natural, y alejar a Dios de toda noción de moral actual también está haciendo su parte para adormecer la conciencia: ‘Sin embargo, como he afirmado muchas veces, es un hecho incontrovertible que la interdependencia de los sistemas sociales, económicos y políticos crea en el mundo actual múltiples estructuras de pecado (cf. Sollicitudo rei socialis, 36; Catecismo de la Iglesia católica, n. 1869). Existe una tremenda fuerza de atracción del mal que lleva a considerar como ‘normales’ e ‘inevitables’ muchas actitudes. El mal aumenta y presiona, con efectos devastadores, las conciencias, que quedan desorientadas y ni siquiera son capaces de discernir. Asimismo, al pensar en las estructuras de pecado que frenan el desarrollo de los pueblos menos favorecidos desde el punto de vista económico y político (cf. Sollicitudo rei socialis, 37), se siente la tentación de rendirse frente a un mal moral que parece inevitable. Muchas personas se sienten impotentes y desconcertadas frente a una situación que las supera y a la que no ven camino de salida. Pero el anuncio de la victoria de Cristo sobre el mal nos da la certeza de que incluso las estructuras más consolidadas por el mal pueden ser vencidas y sustituidas por ‘estructuras de bien’ (cf. ib., 39)” (Juan Pablo II).

Muchas conciencias adormecidas sienten que son libres sin Dios o la religión: “…muy a menudo la responsabilidad humana se ofusca por la pretensión de una libertad absoluta, que se considera amenazada y condicionada por Dios, legislador supremo” (Juan Pablo II).

Una buena sugerencia para vivir a plenitud esta Cuaresma es la de pedir a Dios que reavive nuestra conciencia, nos haga ver cuál es nuestro mayor pecado y nos dé su gracia para abandonarlo: “es decisivo ‘el encuentro entre mis pecados y Cristo’”; “Es necesario pedir a Dios ‘la gracia de la vergüenza’, porque es una gran gracia avergonzarse de los propios pecados y así recibir el perdón y la generosidad de darlo a los demás”; “La fuerza de la vida cristiana y la fuerza de la Palabra de Dios está precisamente en ese momento donde yo, pecador, encuentro a Jesucristo. Y ese encuentro hace dar un giro a la vida, cambia la vida. Y te da la fuerza para anunciar la salvación a los demás” (Papa Francisco). Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista. Instagram y X: @jegogra

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