Análisis

Javier Gómez Graterol: Reavivar la conciencia

“Feliz aquel a quien su conciencia no reprocha,
y que no queda corrido en su esperanza”
(Eclesiástico 14,2).
Uno de los efectos más notorios de muchos pecados es el del adormecimiento de la conciencia, al punto de que esto nos hace caer y formar parte en lo que Benedicto XVI (Dios lo tenga en la gloria) llamaba la “dictadura del relativismo”.
Como cristianos estamos llamados a una constante revisión y vigilancia de nuestras propias acciones. Pablo de Tarso decía: “…yo también me esfuerzo por tener constantemente una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” (Hch 24,15). En esta época actual es posible que hasta terminemos sintiéndonos orgullosos de ser unos pecadores y por ello nada hagamos para mejorar.
La Biblia misma advierte las consecuencias de vivir con la conciencia adormecida: “Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena; acosada por la conciencia imagina siempre lo peor; pues no es otra cosa el miedo sino el abandono del apoyo que presta la reflexión; y cuanto menos se cuenta con los recursos interiores, tanto mayor parece la desconocida causa que produce el tormento” (Sb 17,11-13). Es decir, podemos estar sin creer que estamos en pecado, ser infelices a consecuencia de ello, y no saber el porqué lo somos.
 Es bien conocida la frase de Simón Bolívar: “moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Thomas de Kempis dijo: “fácilmente estará contento y sosegado el que tiene la conciencia limpia”.
Varios me hacen preguntas sobre el pecado en cuanto a si alguna acción que se comete lo es y hasta qué punto lo es, siempre termino diciéndoles que una de las mejores y más fáciles maneras de hacernos un marco de referencia sobre lo que es y no es pecado, es decir, de tener una conciencia formada, es leer completo el Catecismo de la Iglesia Católica (que sería lo ideal) o al menos su edición posterior y sintetizada el “compendio” (es bueno, pero aún mejor leer completo el Catecismo). Esta obra contiene compendiado todo lo referente a la moral cristiana, lo que es pecado y porqué, y es una de las mejores formas de examinar nuestra conciencia.
También lo es buscar una “guía para confesarse bien”, que es básicamente una lista de preguntas de reflexión para ir mejor preparados a la confesión con un sacerdote.
Constantemente hemos de pedir a Dios que reavive nuestra conciencia, para que nos ayude a que no nos adormezca el pecado, que al contrario, busquemos en lo posible combatirlo y crecer en santidad, que es a lo que estamos llamados en el transcurso de nuestra vida en este mundo (1 Pe 1,16), y si vemos que hay un pecado que nos cuesta vencer, hemos de estar en constante oración y mortificación para que el Señor nos dé la gracia de vencerlo. Dios con nosotros.
Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista
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