Análisis

Javier Gómez Graterol: Ayuno cuaresmal, y prohibición médica

Me han estado llegando preguntas en mi consultorio virtual de la aplicación Amén, sobre el ayuno, y su forma de hacerlo, especialmente en personas que médicamente tienen alguna razón para no hacerlo de alimentos. Aquí haré una síntesis: “El ayuno en el tiempo de Cuaresma es la expresión de nuestra solidaridad con Cristo. Tal ha sido el significado de la Cuaresma a través de los siglos y así permanece hoy” (Juan Pablo II).

“¿Por qué el ayuno?: Es necesario dar una respuesta más amplia y profunda a esta pregunta, para que quede clara la relación entre el ayuno y la “metánoia”, esto es, esa transformación espiritual que acerca el hombre a Dios. Trataremos, pues, de concentrarnos no sólo en la práctica de la abstinencia de comida o bebida —efectivamente, esto significa “el ayuno” en el sentido corriente—, sino en el significado más profundo de esta práctica que, por lo demás, puede y debe a veces ser “sustituida” por otras. La comida y la bebida son indispensables al hombre para vivir, se sirve y debe servirse de ellas; sin embargo, no le es lícito abusar de ellas de ninguna forma. El abstenerse, según la tradición, de la comida o bebida, tiene como fin introducir en la existencia del hombre no sólo el equilibrio necesario, sino también el desprendimiento de lo que se podría definir “actitud consumística”. Tal actitud ha venido a ser en nuestro tiempo una de las características de la civilización, y en particular de la civilización occidental” (Juan Pablo II).

Para quienes pueden hacerlo de alimentos, desde el punto de vista médico se recomienda: 1. Planificación: Antes de comenzar, es útil planificar las comidas y horarios de ayuno para asegurar mantener un equilibrio nutricional. 2. Hidratación: Asegurarse de beber suficiente agua durante el ayuno para mantenerse hidratado. 3. Apoyo social: Compartir la experiencia con amigos o familiares que también estén ayunando puede brindar apoyo mutuo.

¿El ayuno es única o necesariamente de alimentos, y más si tengo razones médicas para no poder hacerlo?: “No se contenten con que ayune la boca: ayunen también los ojos, los oídos, los pies, las manos y todo su cuerpo” (S. Juan Crisóst., Homil. 3, sent. 8, Tric. T. 6, p. 301). “La abstinencia y la mortificación del cuerpo son excelentes virtudes, cuando al mismo tiempo nos abstenemos de los vicios y pecados” (San Paulino).

«Debemos hacer penitencia, debemos sentir un poco el hambre, debemos rezar más, pero si nosotros hacemos mucha penitencia y no vivimos así el ayuno, la semilla que nacerá de ahí será la de la soberbia, la de quien dice: “Te doy gracias, Señor, porque puedo ayunar como un santo”» (Papa Francisco).

“La pregunta para plantearse, ´¿Cómo me comporto con los otros? ¿Mi ayuno llega para ayudar a los otros?´. Porque si esto no sucede, ese ayuno ´es fingido, es incoherente y te lleva sobre el camino de una doble vida´. Es necesario, por tanto, ´pedir humildemente la gracia de la coherencia´” (Papa Francisco).

“No basta extenuar el cuerpo con la abstinencia, si no adquiere el alma nuevas fuerzas. Cuando se procura afligir al hombre exterior, es preciso confortar el interior. Cuando negamos a la carne el alimento corporal, se debe alimentar el alma con delicias espirituales” (S. León, Papa, Serm. 39, c. 5, sent. 32, Tric. T. 8, p. 389)”.

“Hemos de ayunar de tal modo, que en vez de reservamos el precio de lo que en otro tiempo costaría la comida, se lo demos a los pobres” (S. Cesáreo de Arlés, Serm. 46, sent. 9, Tric. T. 9, p. 45).

“Santificar el ayuno es manifestar con otras buenas obras que nuestra abstinencia es digna de Dios. Se debe advertir a los que se abstienen, que ofrecen a Dios una abstinencia agradable si dan a los pobres los alimentos de que ellos mismos se privan” (S. Gregorio el Grande, sent. XIV, adic. Tric. T. 9, p. 382 y 383). Dios con nosotros, feliz Cuaresma a todos.

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