Análisis

Javier Gómez Graterol: Algunas consideraciones sobre la lujuria…

La Biblia deja claro que la lujuria es un pecado al que se le debe huir: “Que el apetito sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues al deseo impúdico” (Eclesiástico 23, 6), porque sabe que es uno de los pecados más autodestructivos, atrayentes, y difíciles de dejar. Lujuria es: apetito desordenado por sucios y deshonestos deleites.

Nunca dejaremos de sufrir tentaciones. Pero para saber el límite sano, ese que muchos en la actualidad no parecen saber distinguir, hay que aclarar que hay diferencia que hay entre atracción física, excitación sexual y lujuria: No son lo mismo. Dios nos creó sexuados y sexuales, y dice la Biblia que luego de la toda la creación “vio Dios que eso era bueno”. Atracción y excitación son respuestas corporales naturales, espontáneas y dadas por Dios a la belleza física.

La lujuria es un acto deliberado de la voluntad, “Mientras que la gula es la voracidad hacia la comida, este segundo vicio es una especie de ‘voracidad’ hacia otra persona, es decir, el vínculo envenenado que los seres humanos mantienen entre sí, especialmente en el ámbito de la sexualidad. Entiéndase bien: en el cristianismo no se condena el instinto sexual” (Papa Francisco).

En pocas palabras: la simple atracción sexual no es lujuria… ¡hasta que se le da cabida! El mundo suele vendernos una asociación entre sexo y éxito. Especialmente para el hombre, mientras más parejas tiene, más exitoso es, y para la mujer actualmente, tener más hombres se está vendiendo como que es prueba de ser más codiciada y por lo tanto más atractiva. Nuestras opiniones sobre nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y el ejercicio de la misma, el sentido de nosotros mismos, afectan nuestra identidad.

“…hay una segunda razón por la cual la lujuria es un vicio peligroso. Entre todos los placeres del hombre, la sexualidad tiene una voz poderosa. Implica todos los sentidos; habita tanto en el cuerpo como en la psique, y esto es bellísimo, pero si no se disciplina con paciencia, si no se inscribe en una relación y una historia en la que dos personas la transforman en una danza amorosa, se convierte en una cadena que priva al hombre de libertad” (Papa Francisco).

Nunca como ahora se tiene más facilidad para la pornografía, y esta es un círculo vicioso y corruptor de lujuria. Muchas personas han caído en adicción a ella, y se está viendo que, sin una espiritualidad sólida, es muy poco lo que la psicología y la persona pueden hacer, aunque no sea imposible dejarla por estas vías. Lo cierto es que “el Espíritu del Señor da nueva forma a nuestros deseos” (Catecismo de la Iglesia Católica 2764).

El deseo sexual cuando se encamina siempre por la vía de la lujuria, se distorsiona, es por ello que las personas terminan cometiendo actos verdaderamente impuros. Cuando es guiado en un ambiente de espiritualidad sólida, se da de forma natural, como Dios lo ha concebido, para amar al otro como Dios ama, y ser partícipes del poder cocreador que tiene. Dios con nosotros

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista, Instagram y X @jegogra

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