Santa Cruz

“El juicio final” – Homilía de Mons. Robert Flock. Solemnidad de Cristo Rey

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo – 22 de noviembre de 2020

Queridos hermanos,

Al rezar el Credo, proclamamos nuestra certeza que Jesucristo, el Hijo de Dios, muerto y resucitado, “ha de venir a juzgar a vivos y muertos.” Hoy en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, escuchamos la parábola de Jesús sobre el Juicio Final. “Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda.”

Me hace pensar en los corales que tenemos en las estancias ganaderas, donde podemos separar a los animales por algún motivo, por ejemplo, las vacas de descarte que irán al matadero. La diferencia es que las vacas no saben lo que está sucediendo, ni cuál será su destino, ni mucho menos el por qué han sido apartados y subidos a un camión. En cambio, en el juicio final, Jesús es bien claro: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron».

El juicio que describe Jesús no es cómo lo que hicieron los Nazis durante la II Guerra Mundial, cuando enviaron a los campos de concentración, cámaras de gas y hornos crematorios a judíos, discapacitados, homosexuales y gitanos. Tampoco es cómo la política actual, donde uno tiene que pertenecer al partido en poder para ser liberados por los jueces, y si eres un opositor habrá un pretexto para que vayas a la cárcel. Según el libro de Apocalipsis, en la Jerusalén Celestial habrá gente de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Curiosamente, no dice nada sobre su religión o iglesia, aunque Jesús luego explica a sus Apóstoles, que siendo Él mismo, Camino, Verdad y Vida, nadie va al Padre, sino por Él (Ver: Juan 14,6-7).

En el Sermón de la Montaña, aconsejó a sus discípulos: «Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran» (Mateo 7,13-14). En otro momento explicó: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas» Juan 10,7). Ahora, nos explica que, para pasar por esa puerta estrecha, o en cambio, ser destinado al infierno, hay un solo criterio, que es la solidaridad con los marginados, abandonados y discriminados de este mundo. «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». Y de manera similar: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo».

Evidentemente, esto significa que aquellos nazis están muy mal posicionados para encontrarse frente al Justo Juez, como también muchos otros que han ejercido el poder político y económico para su propio beneficio y no el de los más pobres.

¿Cómo será para tú y yo?

Hay situaciones en la vida, sea lo que sea su causa, que sirven como prueba para manifestar quienes son solidarios y quienes no. Por ejemplo, la pandemia que estamos viviendo ha puesto de relieve a personas heroicas que entregaron sus vidas para salvar a otros, especialmente en los centros de salud. Otros se han movilizado para recolectar y repartir leche y canastas solidarias a los pobres. En el área de la educación, algunos profesores fueron muy creativos para encontrar la manera de seguir enseñado y formado a sus alumnos. Pero, la pandemia también ha resaltado a otras personas indiferentes, o peor, que aprovecharon la tragedia de manera vergonzosa, como lo que sucedió con la compra de respiradores, el bloqueo de caminos y hasta ataques a autoridades y personal de salud.

Algo similar sucedió el año pasado durante los incendios; hubo quienes prendieron fuego sin importar si lo podrían controlar o no, y hubo otros que se sacrificaron apagándolos. Hubo quienes escucharon el grito de la Chiquitania, de la flora, de la fauna y de los pobres, y hubo otros que intentaban descalificarlos y callarlos. Luego por las elecciones fraudulentas, hubo grandes protestas con ollas comunes y oración constante, reclamando democracia y transparencia, y por otro lado grupos de choque armados con piedras y palos, dinamita y borrachera, queriendo sangre, Hubo hasta quienes querían provocar hambre en las ciudades.

Nuestra muy mala justicia terrenal, quizás no logra separar a las ovejas de los cabritos, pero Dios sabe quien carga con la cruz y quien la impone. Si permite pandemias, no es para ponernos a prueba, como si fuésemos un experimento de laboratorio, sino para que reconozcamos nuestro pecado, aprovechemos su misericordia y cambiemos nuestra conducta, antes de llegar al juicio final.

San Pablo explica en nuestra segunda lectura: “es necesario que Cristo [resucitado] reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies”. Entonces, no conviene ser su enemigo. Mejor ser su amigo. En la Última Cena dijo a los Once después de botar a Judas: «Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.» (Jn 15,15) Pero añadió: «Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando» (15,14). «Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Lucas 22,28-30). Parece que Jesús va a tener un poco de ayuda al separar a las ovejas de los cabritos. Por lo que les aconsejo hacerse su mejor amigo, para ayudar en el juicio y no estar en la incertidumbre de los juzgados.