Análisis

“Enseñaba con autoridad, no como los charlatanes…”

“Enseñaba con autoridad, no como los charlatanes…”

El Evangelio de este Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, que la Iglesia proclamará y reflexionará, habla de la admiración de la gente de la forma cómo Jesús transmite su enseñanza en las sinagogas, el lugar del culto de los judíos, seguidamente nos presenta el primer milagro que se refiere a la expulsión de un demonio y finalmente habla de nuevo de la admiración de la gente, ante la enseñanza de Jesús y de su poder de arrojar espíritus inmundos. Es decir, son tres momentos, comienza y termina con elogios y en medio la expulsión del espíritu opresor. De esta manera lo hemos visto resumiendo y dividiendo el texto.

Su contexto histórico: en los años 70, época en la que escribe Marcos, las Comunidades de Italia tenían necesidad de orientación para saber cómo anunciar la Buena Noticia de Dios al pueblo que vivía oprimido por el miedo de los demonios, por la imposición religiosa de normas religiosas de parte del Imperio romano. Al describir las actividades de Jesús, Marcos indicaba cómo las comunidades debían anunciar la Buena Nueva.

Contexto literario: El Evangelio que estamos reflexionamos es la descripción que el evangelista Marcos hace del primer milagro de Jesús. No todos los evangelistas cuentan los hechos de la vida de Jesús de la misma manera, cada uno tiene su particularidad porque la realidad de sus comunidades son particulares. Porque precisamente ante las necesidades de las comunidades para las que se escribía, cada uno de ellos acentuaba algunos puntos y aspectos de la vida, actividades y enseñanzas de Jesús que más ayudasen a sus oyentes. Es como la pastoral que se hace hoy en día, cada parroquia tiene su particularidad y aplicando las líneas generales del Plan de Pastoral de cada Diócesis, el párroco o equipos parroquiales llevan adelante la evangelización. Por ejemplo, haciendo una comparación, la comunidad de Mateo vivían en el norte de la Palestina y en Siria; los de Lucas, en Grecia; los de Juan, en Asia Menor; los de Marcos, probablemente en Italia. Un ejemplo concreto de esta diversidad es el modo en el que cada cual presenta el primer milagro de Jesús. En el Evangelio de Juan, el primer milagro sucede en unas Bodas en Caná de Galilea, donde Jesús transformó el agua en vino, encontramos en Jn 2,1-11. Para Lucas el primer milagro es la tranquilidad con la que Jesús se libra de la amenaza de muerte por parte de los pobladores de Nazaret que también le habían escuchado en la sinagoga, está en Lc 4,29-39. Para Mateo, es la curación de un gran número de enfermos y endemoniados, descritas en Mt 4,23, o, más específicamente, la curación de un leproso, ya en el capítulo 8, 1-4. Para Marcos, tal como lo hemos manifestado, el primer milagro es la expulsión de un demonio Mc 1,23-26. En suma cada evangelista escribe el evangelio para su comunidad y que ahora se actualiza para nosotros.

¿Cómo aplicamos a nuestra vida? Dicen que un hombre se lanzó de un avión en su paracaídas y al llegar a tierra quedó colgado de un árbol, sin poder bajarse. Cuando pasó alguien por allí, el hombre que colgaba del árbol preguntó: “– ¡Eh! ¿Podría usted decirme dónde estoy?” “– Desde luego. Usted está colgado de un árbol”, respondió el transeúnte. El hombre que colgaba del paracaídas preguntó entonces: “– ¿Es usted sacerdote?” “– Si – respondió el transeúnte. – ¿Cómo lo supo?” – “Porque lo que usted dice es verdad, pero no sirve para nada…”.

Esta historia refleja un tipo de enseñanza contraria a la de Jesús, quien enseñaba de una manera nueva, “con plena autoridad y no como los maestros de la ley”. Enseñar con autoridad es enseñar de tal manera que se ayude a los demás a encontrar solución a sus problemas y sentido a sus vidas. No se trata sólo de cosas útiles y prácticas, sino de un tipo de enseñanza que ayuda a las personas a ser ‘autoras’ de sus vidas. Esto es lo que significa ‘autoridad’. Por tanto, una persona que enseña con autoridad no sólo ofrece información sobre los temas que trata, sino que ayuda a vivir más plenamente la vida, encontrando su sentido más profundo.

Todos hemos tenido profesora o profesor, -bueno casi todos porque todavía hay, aunque digan cero analfabetismo, los que no han pasado por el aula de una escuela o colegio-, que nos han enseñado cosas de interés e importancia para nuestro crecimiento intelectual, y los hemos considerado buenos y necesarios. Pero, seguramente, también hemos tenido algunos maestros y maestras que nos han enseñado a vivir con sentido. Lamentablemente, son más escasos y podemos decir que encontrar un verdadero maestro o una verdadera maestra es una de las bendiciones más grandes que Dios nos puede conceder para nuestro crecimiento como personas y los recordamos con gratitud. Sin ellos, la vida sería mucho más difícil y los caminos de este mundo, menos amables.

De igual forma, podríamos preguntarnos por nuestro papel como docentes porque algo enseñamos en la vida, si lo que enseñamos a los que nos rodean, se parece más al tipo de enseñanza de Jesús, o a la manera de enseñar del sacerdote de la historia con la que comenzamos la aplicación del Evangelio a nuestras vidas. Podemos comunicar cosas que son verdad, pero que no sirven para nada, o enseñamos haciendo vida lo que decimos: “Jesús reprendió a aquel espíritu, diciéndole: – ¡Cállate y deja a este hombre! El espíritu impuro hizo que el hombre le diera un ataque, y gritando con gran fuerza salió de él. Todos se asustaron, y se preguntaban unos a otros: – ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, y con plena autoridad! ¡Incluso a los espíritus impuros da órdenes, y lo obedecen!”

Pidamos para que nuestra forma de enseñar sea como la de Jesús. Llena de autoridad para ayudar a las personas que tenemos cerca, a crecer y vivir más plenamente, de manera que si alguien que cuelga de un árbol en el que se ha enredado su paracaídas, nos pregunta dónde está, podamos ofrecerle no sólo la información que ya tiene, sino las coordenadas de su ubicación, de manera que pueda encontrar el rumbo hacia su casa.

Fuentes consultadas: www.homilética.org y www.lectionary.org