Análisis

Nataly Carrasco: “Unidos aprendamos a vivir en equilibrio”

“Unidos aprendamos a convivir en equilibrio”, es el artículo de opinión de la coordinadora del área de Medio Ambiente del Centro de Promoción del Laicado “Ricardo Bacherer” que este 22 de abril, día internacional de la Madre Tierra nos regala las siguientes reflexiones:
Hace 50 años desde 1970 se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra cada 22 de abril, buscando primordialmente la conciencia común ante los problemas de la crisis ambiental. Se pueden mencionar una infinidad de conflictos a raíz de las malas decisiones humanas que no sólo afectan a nuestro medio natural, sino que conllevan un impacto muy profundo en la vida de los seres más vulnerables que habitan nuestra casa común, como bien la denominó nuestro Papa Francisco.
Entonces celebrar no parece ser la palabra indicada para recordar esta fecha, ni tampoco reducirla a un día en el año. Porque más que celebrar debemos seguir cuestionando nuestro accionar individual y colectivo, mismo que ha contribuido al deterioro ambiental que se percibe en la actualidad.
En este momento a nivel mundial buscamos sobrellevar el problema de la pandemia por el COVID- 19, este conflicto en salud que tan duramente ha golpeado al mundo y sobre todo a la población humana. Ha sido motivo de cuestionamientos y reflexiones al poner en la balanza la situación de crisis sanitaria y sus repercusiones en el medio ambiente.
De ahora en adelante abordaremos algunas reflexiones al rescatar los aspectos positivos que ha conllevado esta crisis sanitaria y nace la cuestionante: ¿en qué medida ha beneficiado el conflicto en salud por el coronavirus en nuestros ecosistemas a nivel nacional y local?
En una noticia publicada en el portal de la BBC, investigadores aseveraron que en Nueva York, el monóxido de carbono principalmente producido por los autos se redujo en casi un 50% en comparación con el año pasado en esa ciudad estadounidense. Y si bien aún no existe un estudio específico a nivel nacional sobre este tema, se puede afirmar que los índices de contaminación por monóxido de carbono que se generaban a diario en ambas ciudades tanto en El Alto como en La Paz por la circulación de vehículos, actividad industrial, quema de residuos y otros, se ha reducido considerablemente. El solo poder respirar un aire más puro y encontrarse con cielo despejado y azul nos hace dar cuenta de este hecho.
Por otra parte, para Giovanna Robles, vecina de Copacabana, el lago Titicaca –famoso en el mundo por ser el que se ubica a mayor altura que otros– está «descansado” de la contaminación que produce la gente (Portal virtual: periódico La Razón, de fecha 16 de abril 2020). Declaraciones como ésta nos ayudan a comprender que nuestras fuentes de agua: ríos, lagunas y nuestro lago sagrado paceño, que, por la actividad industrial, la minería convencional, el turismo y el desecho de aguas residuales y basura se veían contaminados hace meses atrás, hoy se han ido clarificando o descontaminando de manera gradual, adquiriendo nuevamente el color de la vida.
Así mismo ante la inestabilidad y el cambio de rutina en el abastecimiento cotidiano respecto a los alimentos que consumimos a diario, nos han hecho dar cuenta de lo importante que es el trabajo del hermano campesino que sin descanso sigue con sus actividades de siembra y cosecha para que muchos de nosotros tengamos los alimentos suficientes y necesarios para alimentar a nuestras familias. Y este hecho nos hace notar que la tierra siempre nos da bondadosamente el alimento que necesitamos.
Seguramente muchas otras reflexiones las podemos hacer en familia, para que esto que estamos viviendo nos haga caer en cuenta de que es el ser humano es quien más daño le genera a nuestro planeta y que esas acciones dañinas repercuten en nuestra vida cotidiana. Si por la pandemia hemos comprobado que la naturaleza puede regenerarse rápidamente sin nuestra presencia, tomemos en cuenta que el medio natural en el cual nos desenvolvemos tiene vida y que debemos aprender a convivir en equilibrio dando y recibiendo. Sólo así podremos construir un mundo más habitable.

(Nataly Carrasco)