Análisis

UNA IGLESIA CAPAZ DE SALIR DE SÍ MISMA

Con un lenguaje claro, directo, abierto y sencillo sin dejar de ser profundo el Papa Francisco ha expresado algo de su pensamiento sobre la realidad de la iglesia y del mundo. En los últimos días se han publicado dos entrevistas que revelan una nueva forma de guiar la Iglesia, Pueblo de Dios, y que explicitan algunos de los grandes desafíos que tiene la misma en los tiempos actuales.

Tanto la entrevista del P. Antonio Spadaro, S.I. para la Civilitá Cattolica y reproducida simultáneamente en más de 16 revistas jesuitas del mundo, así como la entrevista de Eugenio Scalfari publicada en el periódico Reppublica de Italia traslucen las inquietudes y los desafíos que el Papa Francisco propone al conjunto de la Iglesia, que no se reduce a los miembros del clero o a la vida religiosa sino a todo el “Pueblo de Dios” como enseña el Concilio Vaticano II.

Un primer desafío es “salir de sí misma”. En momentos de crisis las instituciones tienen la tentación de buscar seguridad para reafirmarse encerrándose en sí mismas, haciendo que todo gire en torno a ellas y sus problemáticas y remirándose con un afán narcisista para consolarse.

Las diversas crisis por las que atraviesa la Iglesia Católica en todo el mundo son la oportunidad para hacer justamente lo contrario: dejar el eclesiocentrismo y el vaticano-centrismo para abrirse a la realidad desafiante de un mundo que también vive sus crisis. Una puerta de acceso es la apertura al encuentro y el diálogo con la diversidad y la diferencia, para reconocerse desde el otro, la otra. Una Iglesia centrada en sí misma y preocupada por sus dificultades internas –por importantes que parezcan- está condenada a reproducir equivocaciones o a desaparecer.

La Iglesia, dice el Papa a modo de provocación e invitación, debe salir a las calles, los jóvenes deben “armar lío”, debe animar a la esperanza y denunciar la idolatría del poder político o económico que cierran el futuro, no puede ser una institución más resguardada por su burocracia y sus legislaciones sin Espírtu.

Salir de sí significa que reconoce que el centro de su existencia está en el Dios de Jesucristo y por tanto está abierta a dejarse cuestionar, a avanzar en el diálogo respetuoso y sincero, a aprender de los demás y no sólo a enseñar, a cambiar estructuras caducas que ahogan la vida. Implica también dejar la comodidad que adormece conciencias y estar dispuesta a peregrinar en medio de inseguridades.

Otro desafío importante, no sólo porque lo haya manifestado el Papa, sino porque responde a la invitación del Vaticano II en el documento Gaudium et Spes, es tener la capacidad de leer “los signos de los tiempos”, es decir estar atentos a todo aquello que requiere una respuesta actualizada en la realidad presente. Esto significa, entre otras cosas, revisar las estructuras vaticanas que no son un servicio al Reino de Dios sino que se pierden en una burocracia institucional o, más importante aún, atender a la participación de la mujer en la Iglesia (“la Iglesia es femenina, decía Francisco al despedirse de Scalfari), replantear su forma de anunciar el Evangelio, de celebrar, de proponer la doctrina, entre muchos más. Por otra parte, también señala Francisco que la Iglesia debe ser pobre entre los pobres, ¿es sólo una frase piadosa para la reflexión personal o es la propuesta revolucionaria del Evangelio en las palabras de Jesús de Nazaret, llamadas bienaventuranzas?