Santa Cruz

San Javier celebró la fiesta patronal de su Santo Misionero

El 3 de diciembre, el pueblo de San Javier nos convocaba para celebrar a su patrono. Siempre sorprende la universalidad de la Iglesia. Francisco Javier no llegó por  su propio pie a la Chiquitanía. Fue  la predicación de los primeros jesuitas quien lo trajo  a estas tierras. Y,  a estas tierras,  hemos llegado a festejarlo de otros lugares de Bolivia, incluso del extranjero. Es la fuerza de la Buena Noticia quien impulsa estos movimientos que producen contagio y seguimiento.

La primera lectura de la eucaristía nos hablaba de los sentimientos de Pablo, expresados en la primera carta a los Corintios: ¡Ay de mí si no evangelizara!…me he hecho todo para todos, con el fin de salvar, sea como sea, a algunos…
La respuesta de una vocación misionera siempre rompe fronteras. No se somete a un lugar, no depende de un  tiempo determinado, no se acaba  en unas determinadas acciones. Traspasa el espacio y abarca a todas las culturas, abraza a los hombres y mujeres de cualquier época y nación. Pero esto no puede descubrirse sino es desde una honda experiencia de fe. Y a la vez, no hay experiencia de fe sin una atenta escucha. Así lo recordaba nuestro obispo en la homilía haciendo referencia a la lectura del Evangelio: “No son los que dicen: Señor, Señor… sino el que escucha mis palabras y las pone en práctica”.
Después de insistir en la actitud de escucha que debemos tener para ser discípulos misioneros, monseñor Antonio, recordó la imagen del buen pastor cargando sobre sus hombros a la oveja, que lejos del rebaño necesita ser buscada, ser encontrada para regresar nuevamente a la familia.  Introdujo así el anuncio del Jubileo extraordinario de la misericordia a celebrarse del 8 de diciembre del año 2015 hasta el 20 de noviembre del 2016. Hizo alusión a la bula que, con este motivo,  ha publicado el Papa Francisco, deteniéndose a comentar las obras de misericordia,  corporales y espirituales, que todos podemos practicar en nuestras familias, con los vecinos, en nuestro pueblo e incluso con aquellos a quienes no conocemos, como hizo el samaritano.
La presencia de las autoridades, la participación del coro, la asistencia de un grupo numeroso de fieles, fue muy agradecida por nuestro obispo. Al terminar la misa, hubo un espacio para saludarse y conversar. Con el almuerzo nos despedimos hasta el 8 de diciembre en Concepción.