Santa Cruz

Remar mar adentro. Mensaje del Monseñor Antonio Reimann

Desde Infodecom tenemos el agrado de difunir el mensaje pascual de Monseñor Antonio Reimann.

 

REMAR MAR ADENTRO…

Estimados Hermanos
Para acercarnos al Misterio Pascual, que celebramos en este final de mes, quisiera servirme de la noticia sobre la reunión de hace unos días en La Haya. Ante la Comisión Internacional de Justicia, Bolivia, presenta sus alegatos para conseguir el acceso al mar; y por otro lado, la delegación de Chile, tiene argumentos para defender su postura. Bolivia justifica su demanda por haber nacido a la independencia con el acceso al mar y perderlo por la invasión del país vecino y la negligencia de los gobernantes de aquel tiempo…

¿Por qué lo menciono al inicio de esta edición pascual del Mensajero?

En la Vigilia Pascual renovamos nuestro compromiso bautismal y por la aspersión del agua bendecida en esta noche, recordamos también aquellas aguas que el sacerdote derramó sobre nosotros en el día de nuestro bautismo, pronunciando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A partir de esta unción con el Espíritu del Señor, hemos recuperado nuevamente el acceso al infinito mar del amor misericordioso de Dios Padre, acceso perdido por nuestra desobediencia. Esta unción nos introduce a formar parte de su pueblo que es la Iglesia, y ser para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Gracias a esta Unción somos de Cristo Jesús, que por su entrega al Amor se ha convertido para nosotros en sabiduría de Dios y justicia, en consagración y redención (cfr. 1Cor 1,30).

Pero no basta solo con llegar a las orillas del mar. Estamos llamados también a remar mar a dentro, como Simón Pedro y los primeros discípulos, confiando en la Palabra del Señor, echar las redes y pescar (cfr. Lc 5,4-6). Algo parecido aconteció cuando Jesús Resucitado se apareció a los discípulos junto al lago de Tiberíades, cuando obedeciendo a su palabra echaron las redes; y era tanta abundancia de peces que no podían arrastrarla (cfr. Jn 21, 1-7).

Nuestras redes

Los que estuvimos participando en la última Asamblea Pastoral del Vicariato, hemos tomado tres compromisos: en torno a la Palabra, la Misión, y la Misericordia, y todo eso dentro del ambiente Familiar y Juvenil.

Me pregunto: ¿Con relación a estas prioridades, podemos decir que nuestras redes están tejidas de una profunda amistad con la Palabra de Dios que es alimento para el camino; de entusiasmo misionero en las periferias de cada parroquia donde Él está vivo llamándonos a compartir el regalo de la fe; y de una gran compasión y misericordia con nuestros hermanos más vulnerables y heridos?

Estoy convencido si empleamos estas redes, y las echamos al mar de nuestras familias y de los jóvenes por quienes Jesús entregó su vida, y les abrió el acceso al Padre, entonces también se repetirá el milagro del lago de Tiberíades después de la resurrección del Señor: la acción desu Gracia salvadora llenará las redes de Vida Nueva.

Vale la pena recordar que este mandato de echar las redes no lo recibió solo Pedro, sino todo el grupo, cuando Jesús les dijo: Tiren la red…
¿Qué significa eso para nuestra Iglesia local, ungidos en el bautismo con el Espíritu Santo, y particularmente para los Laicos, la Vida Consagrada, y para nosotros los Sacerdotes?

– Que el sacerdote, sea hombre que vive de la Palabra, en Misión permanente y Misericordioso desde la fraternidad sacerdotal;
– Que el religioso viva estas prioridades desde su comunidad religiosa conforme a su carisma;
– Y que los Laicos vivan y anuncien la verdad, la misericordia y la alegría de ser cristianos desde la Familia, tanto la Familia de sangre, como desde la

Familia parroquial.

Queridos Hermanos

El último Prólogo del mes de marzo concluyó con las siguientes palabras: “Es mi deseo para que todos los que hemos conocido la encarnación del Señor, lleguemos por su pasión y su cruz a la alegría de la resurrección”

Ahora queremos recorrer el camino al revés: desde el encuentro con Cristo Resucitado, partiendo de nuestras comunidades, llevar su alegría donde hay tristeza, su amor donde hay odio, su paz donde hay guerra, su reconciliación donde hay venganza…

Así lo han hecho las primeras comunidades cristianas, comenzando por el emblemático encuentro de Cristo con los discípulos de Emaús. Sin aquello, no hubieran podido comprender la muerte redentora de Jesús y volver alegres a la comunidad en Jerusalén. Todo en Nuevo Testamento se centra en esta reflexión: La resurrección de Jesús transforma el fracaso en éxito, el escándalo de la muerte en signo del Reino.

Que María, mujer de la mañana de la Resurrección, nos ayude a caminar siempre con Cristo Resucitado siendo sus fieles discípulos misioneros.

¡Felices Pascuas de Resurrección pata Todos!

+Antonio Bonifacio Reimann, OFM