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Reflexión dominical de Mons. Aurelio Pesoa: ” Busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo”

Mons. Aurelio Pesoa, Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana, desde la Basílica Menor de San Francisco de la Arquidiócesis de La Paz; reflexionó acerca del propietario rico quien “No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Solo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha,mis graneros, mis bienes, mi vida.”

A continuación el texto completo de la Homilía:

 

TODO ES VANIDAD 

Domingo 31 de julio de 2016

 

Todo es vanidad, exclama el antiguo sabio de Israel que se conoce con el nombre de Qohelet, lo hace con una mirada desencantada y amarga de la vida, cuyo texto hoy escuchamos en la liturgia, pasaje breve e indicativo de lo trágico de la existencia humana, en la que todo parece ser vanidad. Qohelet, con el término vanidad subraya como es precaria, transitoria, casi como un soplo, la vida del hombre que se fatiga por realizar proyectos y alcanzar metas que parecen dar seguridad y estabilidad y que en cambio dirigen inevitablemente al tremendo paso de la muerte, que despoja de todo bien: de la sabiduría como de la riqueza, del poder como de toda otra seguridad.

En el Evangelio, el protagonista de la parábola del rico un propietario de tierras fértiles. Hombres poderosos que explotaba sin piedad a sus trabajadores, pensando solo en aumentar su bienestar y poder.

Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado a reflexionar: ¿Qué haré?  Habla consigo mismo. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos, es una persona solitaria. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Solo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha,mis graneros, mis bienes, mi vida.  

Es el hombre que no se da cuenta que la vida es corta para creerse eterno, pues todo se termina tarde o temprano.  La riqueza empobrece aleja de los demás.

El rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de un sentimiento que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Solo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida. De pronto, de manera inesperada, Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e ilusiones del rico: Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?  Esta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es corta no es eterna como pensaba.

Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría, la solidaridad. No sabe dar ni compartir, solo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida?

Las realidades, de dolor y de tristeza en el mundo y nuestra sociedad hoy, y de las cuales somos testigos deben ser para nosotros un signo de los tiempos que hemos de leer a la luz del evangelio. No basta pedir  que Dios nos escuche, es urgente y necesario hacer el esfuerzo por escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias diciéndonos, diciéndonos una vez más: Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel.

Así pues, San Pablo no exhorta: Busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios: piensen en las cosas de arriba; y no por desatender las cosas temporales que nos son dadas para vivir y que debemos cuidar, usar y hacer producir; cuando el apóstol habla de arriba, se refiere a las realidades del hombre nuevo y del don del Espíritu que vive en nosotros si lo invocamos y lo deseamos; Espíritu que nos comunica la gracia, la vida divina que por ahora está velada,escondida en Cristo, pero un día será completamente revelada, conocida y disfrutada, cuando hayamos superado los límites del tiempo y estemos plena y definitivamente unidos al Padre, en Cristo nuestra única y verdadera riqueza. Amén

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