La Paz

Obispos de La Paz envía su mensaje navideño a la iglesia paceña

Transcribimos el saludo navideño que el Arzobispo de La Paz, junto a sus obispos auxiliares, ha dirigido a los fieles de la Ciudad de La Paz

SALUDO NAVIDEÑO Diciembre 2014
A los queridos hermanos y hermanas cristianos de la arquidiócesis de La Paz, a los sacerdotes, religiosos(as) y laicos(as) que viven en esta Iglesia de Dios,

el Arzobispo y los Obispos Auxiliares queremos expresarles un cordial y sentido saludo navideño, deseándoles la paz, alegría y esperanza que nos trae el Señor.

Hacen más de dos mil años que el Hijo de Dios irrumpe en nuestra historia para mostrarnos que Dios quiere ser un “Dios con nosotros”, que se interesa por todos y cada uno, individualmente y en y en conjunto, por nuestras familias y asociaciones y por toda nuestra sociedad y nos invita a que seamos y vivamos, como hijos e hijas de Dios. Es el regalo grande de la Navidad. No es un Dios lejano; está al alcance de cada uno; por eso se hace niño pequeño y nace de María, en un pueblito pobre y marginado, sintiendo desde el principio la pobreza, el hambre y el frió, y teniendo que huir, recién nacido, a un lejano país. El ya ha nacido en nuestras vidas el día de nuestro bautismo y nos ha convertido, por la unción del sacerdote, en templos del Espíritu Santo, para que seamos hijos de Dios y testigos de la Buena Noticia que nos trajo Jesús.

Navidad es reavivar la presencia de Dios en nuestras vidas. Esa presencia operante que nos hace llevar, como lámparas encendidas, el amor de Dios a los demás. Siguiendo el ejemplo de ese “Dios con nosotros”, nuestra atención y nuestras preocupaciones deben estar dirigidas en primer lugar hacia nuestros hermanos más pobres, a los más necesitados, a los marginados; en una atención especial, como ya desde la Iglesia primitiva, “a los huérfanos, los enfermos y las viudas”, a los que las situaciones difíciles de la vida les han oscurecido el horizonte, para llevarles consuelo y esperanza, acompañadas de nuestra ayuda material. Pedimos, por ello, que en esta Navidad la colecta de los templos y las aportaciones de los fieles, sean destinadas a la ayuda a las instituciones de Iglesia que se dedican a estos hermanos sufrientes.

Invitamos a las familias de la arquidiócesis a acoger en su seno al Salvador, que hace sagrado el día de la Navidad. A hacer que, junto a nuestros seres queridos, procuremos que todos, hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos, ricos y pobres, miembros de cada una de nuestras culturas, nos sintamos y vivamos como verdaderos hijos de Dios y hermanos, en la gran Familia de Dios. Confiamos y pedimos a Jesús Niño que el Nuevo Año 2015 sea un ano de firme esperanza, de mejores tiempos, de perspectivas alentadoras, con la ayuda de Dios y el aporte de cada uno de sus hijos e hijas. Que sigamos construyendo una sociedad cada vez más humana y digna, solidaria y fraterna, en el respeto del uno al otro y en el aprecio a las cualidades diferentes de los demás. Que las desigualdades se nivelen, que construyamos cada vez mejores puentes del uno al otro y de todos hacia Dios.

Deseamos a todos y cada uno, cada una, de ustedes que esta Navidad sea motivo e impulso de renovación en su vida personal, familiar y social y les de nuevos ánimos, alegría y esperanza para seguir caminando a esa meta a la que aspiramos: que Dios viva efectivamente en cada uno y en todos nosotros, que sea el centro de nuestras vidas, que sea “todo en todos”. Porque “hoy nos ha nacido un Salvador, Dios con nosotros, el Mesías, el Señor”.

Con afecto, sus hermanos y obispos

Mons. Edmundo, Mons. Aurelio, Mons. Jorge