Análisis

Nataly Carrasco: Todos Santos

“Todos santos”, nunca mejor expresado, este año los santos no se manifestaron con aureolas ni hábitos, su presencia se hizo visible entre nosotros, con barbijos y trajes de bioseguridad: médicos, enfermeras, trabajadores en salud y de limpieza, policías, militares, voluntarios, religiosas y sacerdotes, que en el último tiempo, de pandemia, se han convertido en “santos y santas de la puerta de al lado” porque han sido capaces de mostrar el más grande signo de santidad que no es otro más que la entrega desinteresada de la vida misma por amor al prójimo.
Muchas veces me he detenido a pensar en lo inspirador que sería ver a los santos fuera de los tradicionales retratos de piedad imperecedera, como en el caso del recordado Mons. Eugenio Scarpellini que en medio de sus luchas cotidianas por la justicia y reivindicación de los derechos de los más necesitados hizo de su vida un evangelio.
En la Iglesia Católica boliviana alrededor de doce sacerdotes fallecieron víctimas del coronavirus COVID-19. Entre diocesanos, carmelitas descalzos, jesuitas, salesianos, franciscano conventual, solo en los meses de julio y agosto del presente año.
Se hace importante nombrar, también, a religiosas que como la hermana Rosario Rodriguez ofrendaron sus vidas como signo de amor a Dios y a su Iglesia. La mencionada religiosa dedicó gran parte de su paso por este mundo a la educación de niños con discapacidad en el Centro de Rehabilitación Física y Educación Especial CEREFE a través de un servicio desinteresado y pleno de amor.
Nada más justo que rendir homenaje a quienes sus nombres no figuran en las listas de los santos de la denominada “Iglesia Triunfante”, junto a figuras de renombre como San Francisco de Asís, el santo de la ecología, o San Martín de Porres, santo de los humildes o Santa Teresa de Calcuta, la santa de los pobres, por nombrar algunos, que sin duda han recibido el mérito de la veneración por una vida ejemplar.
En su exhortación apostólica sobre la santidad, Gaudete et Exsultate (Alégrense y Regocíjense), el Papa Francisco, explica el llamado a la santidad y cómo podemos responder a él en medio de nuestra vida cotidiana.
Hoy recordamos a todos los santos los conocidos y los anónimos con los con que convivimos a diario y cuya santidad surge de un amor desmedido que tiene la capacidad de ver en el rostro del prójimo, el rostro de un amado hermano, madre o padre. Su perseverancia y paciencia los conducen a la mansedumbre del corazón. Conocieron la gracia de la humildad, lo que los llevó a decir la verdad con amor.
En Bolivia, la Fiesta de “Todos Santos” es una tradición, en la que se tiene la costumbre de recordar y acoger las almas de los seres queridos que ya partieron. A partir del medio día del primero de noviembre hasta el mediodía del dos de noviembre, las familias se congregan, según la tradición, para elevar oraciones por la salvación del alma del difunto.
Este año las almas de los fallecidos por Covid-19 en Bolivia, son recordadas en las tradicionales figuras de las “t’antawawas”, típicas de esta festividad y que en esta ocasión llevan barbijos o mascarillas quirúrgicas porque no podemos dejar de recordar y agradecer a quienes dieron su vida por salvar otras siguiendo el ejemplo de Jesús.