Análisis

Monseñor Roberto Flock: Vigilia Pascual 2019

Vigilia Pascual 2019

Queridos hermanos.

Disculpa que en la Hoja Dominical se colocó el texto equivocado para el Evangelio, correspondiente al año pasado. Con algunas excepciones, las lecturas de la Misa Dominical siguen un ciclo de tres años, de manera que en el Ciclo A, leemos del Evangelio de San Mateo; en el Ciclo B de San Marcos, y en el Ciclo C, que corresponde a este año, de San Lucas. El Evangelio de San Juan se lee, más que todo en tiempos de Cuaresma y Pascua. Aunque hay mucha similitud, cada Evangelio tiene un estilo y detalles propios, tanto para acomodar el mensaje a los diversos destinatarios, como por el arte de cada escritor. Por ejemplo, San Lucas es más sensible que los otros evangelios al tema de los pobres y de las mujeres.

Así al relatar la experiencia de María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y las demás mujeres en el día de Pascua, San Lucas no solo recuerda como ellas fueron al sepulcro, encontrando la piedra removida y el cuerpo de Jesús ausente, y como luego vieron a los dos hombres con apariencia de ángeles, que dieron el mensaje de la Resurrección; Lucas también explica como “ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron”.

Estas mismas mujeres, según San Lucas, acompañaban a Jesús y a los Doce en Galilea y los ayudaban con sus bienes. Dice que Juana era la esposa de Cusa, intendente de Herodes (Ver: Lc 8,1-3). Eran ellas que fueron al sepulcro para completar los ritos del entierro, no solo por sus sensibilidades, sino porque a diferencia de los Apóstoles que huyeron cuando Jesús fue arrestado, ellas se quedaron con Jesús bajo la cruz y luego vieron el lugar donde fue sepultado. Entonces, esto no es como las películas de terror que siempre ponen el estereotipo de mujeres paralizadas por el miedo e incapaces de pensar qué hacer. Son mujeres valientes, formadas y responsables.

Cuando uno ve todo esto, es fácil pensar que Jesús debería haber elegido a mujeres como apóstoles, o por lo menos mitad-mitad en vez de toditos varones. No podemos cuestionar la sabiduría del Hijo Encarnado de Dios, y como son las cosas, tendremos que esperar hasta llegar al cielo para preguntarle a Jesús con qué locura optó por doce hombres, y en particular a estos doce, (y a mi). En todo caso, Jesús eligió a estas mujeres para el primer anuncio de la resurrección, y esto implica que los hombres necesitamos escuchar a las mujeres y tomar en serio lo que dicen.

El Evangelio no cuenta nada de lo que nosotros vamos a celebrar más tarde esta noche: el encuentro entre Jesús y su querida madre. Si Jesús apareció a María Magdalena y a los Apóstoles, ¿cómo no va a encontrarse con su propia madre, que también permaneció bajo la cruz hasta el final? El Señor ha reservado este momento privado para ellos. Nada de paparazzi con la Virgen Santísima.

Sin embargo, al llegar el momento de Pentecostés y el don del Espíritu Santo, además de los Once Apóstoles restantes, y San Matías para completar la docena, estaban presentes todas estas mujeres, y la Virgen María también.

Ellas no dicen nada. Ahora le toca a Pedro y los demás Apóstoles la tarea de anunciar el Evangelio. Tienen la fuerza que viene de lo alto, y los recuerdos de sus tres años con Jesús, predicando el Reino, curando a enfermos y expulsando demonios. También los acompaña la humildad que nace del conocimiento de su propia debilidad en el momento de la Cruz. Mas tarde, se añade el gran Apóstol de los gentiles, San Pablo, pero él también predica el Evangelio sabiendo que antes perseguía a Jesús. ¿Quién sabe cómo la Virgen María les acompañaba, les aconsejaba, les consolaba y les fortalecía? En todo caso, ellos establecieron la Iglesia y culminaron su testimonio con el martirio en imitación de su Señor.

Desde entonces muchos otros, hombres y mujeres, ancianos y niños, jóvenes y señoritas, han conocido y amado a Cristo Jesús. Han experimento la fuerza de la resurrección, han recibido el don del Espíritu Santo. Hay innumerables santos y mártires, como también algunos cobardes y traidores.

Ahora toca a nosotros. Desde el cielo nos acompaña la Virgen María, los santos Apóstoles y los mártires, y el mismo Señor Jesucristo. Si abrimos los ojos, los vemos. A través de los Sacramentos, participamos en el Misterio Pascual, no como simple recuerdo de los extraordinarios sucesos de aquel entonces, sino integrado a nuestra vida en el nacer y crecer, en el comer y beber, al formar una familia y una comunidad, al enfrentar la enfermedad y la muerte.

Que seamos entonces, verdaderos discípulos y misioneros de Cristo, beneficiarios y testigos del increíble milagro de nuestra salvación.

Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.