Análisis

Monseñor Roberto Flock: «El que es de la verdad, escucha mi voz».

Viernes Santo 2019

«El que es de la verdad, escucha mi voz».

Queridos hermanos,

Según el Evangelio de San Juan, cuando Pilato le preguntó si estaba metido en política: Jesús respondió: «Tú dices que yo soy rey. Pero para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz». Pilato evidentemente no entendió la respuesta y dijo: «¿Qué es la verdad?». Podemos concluir, según el criterio de Jesús, que Pilato no era de la verdad, pues no escuchó la voz de Cristo, no se dio cuenta que tenía en su delante al Hijo Único del Dios. Luego, aunque constata su inocencia, lo manda crucificar. En cambio un ciego de nacimiento, curado por Jesús, al verlo declaró su fe y se postró ante él, en evidente señal de adoración por su divinidad (Cf Juan 9).

Durante la Última Cena, Jesús había explicado a sus discípulos: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.» (Jn 14,6). Ser la Verdad en la teología de San Juan, significa que Jesús revela a Dios Padre: «El que me ha visto, ha visto al Padre.» (Juan 14,8). La afirmación está en sintonía con la voz celestial que se escuchó cuando Jesús se transfiguró en la montaña: «Este es mi hijo, el Amado, escúchenlo.» (Mc, 9,7; Mt 17,5, Lc 9,35).

Más tarde, delante del Sanedrín, el apóstol san Pedro declaró: «En ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos». Esto sintetiza nuestra fe católica, una fe que por mandato del mismo Jesús somos llamados a proclamar en el mundo entero. “Vayan a todas las naciones y hagan que sean mis discípulos” (Mt 28,19).

Al dar este mandato, Jesús no dijo que se les obligue a bautizarse; pidió testimonio de sus discípulos. No siempre se ha comprendido y respetado esto durante la historia, ya que se creía necesario bautizar a las personas para que tengan acceso a la vida eterna. Entonces, hubo casos de conversiones forzadas.

Como parte del Concilio Vaticano II, en 1965, el Papa Pablo VI promulgó un documento sobre la libertad religiosa titulado “Dignitatis Humanae” que dice:

Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.”

La nueva Ley de Libertad Religiosa en Bolivia fue creada, según el texto de la misma ley, para “establecer un marco jurídico de derechos y deberes para el ejercicio de la libertad religiosa y de creencias espirituales de acuerdo a sus cosmovisiones, de culto, de conciencia y de pensamiento de forma individual o colectiva, pública o privada; y el reconocimiento institucional de las organizaciones religiosas y de creencias espirituales en el Estado Plurinacional de Bolivia.”

La Iglesia Católica no fue tomada en cuenta en el proceso de elaboración de esta ley y desde la Conferencia Episcopal se ha observado que, si bien reconoce el derecho a la objeción de conciencia, la anula en su propia esencia, al decir “con excepción de las obligaciones establecidas en la Constitución Política del Estado y la Ley”. Objeción de conciencia es precisamente para defenderse ante la ley.

Observo que instancias del gobierno y algunos sindicatos suelen convocar reuniones, trabajos comunitarios y otras actividades como clases de PROFOCOM en el Domingo, Día del Señor, y castigan a quienes no participan. Estas prácticas violan la libertad de religión de los cristianos. La nueva ley no nos ofrece ningún amparo.

Naturalmente, cada religión se auto proclama como portadora de la Verdad, incluso la Iglesia Católica, como indica Dignitatis Humanae: “En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, …

La Iglesia Católica reconoce al mismo tiempo que compartimos muchos elementos de la verdad en diverso grado con otras Iglesias y religiones, con quienes estamos llamados a dialogar para profundizar la verdad. Por cierto, hay errores y cegueras también, fruto de las limitaciones humanas y del pecado que nos perjudica a todos.

El que es de la verdad, escucha mi voz”, dice Jesús. Nos damos cuenta que la Verdad en que creemos tiene una fuerza propia que convence. Por eso, al mismo tiempo que proclamamos a Cristo, “Camino, Verdad y Vida”, defendemos la libertad de religión y de conciencia, no solo para nosotros mismos, también para quienes no comparten toda nuestra fe. Confiamos que, en la medida que las personas se liberen del pecado y se esfuerzan por su ser personas de bien, irán acercándose al conocimiento de la verdad plena. Al mismo tiempo, al contemplar, como hacemos hoy, a Cristo Crucificado por causa de nuestros pecados, nos damos cuenta con humildad, que todos necesitamos crecer en la sinceridad, la honestidad y la autenticidad, para ser personas de la verdad, capaces de escuchar la voz de Cristo el Señor.