Beni

Monseñor Julio María Elías Montoya, Obispo de Beni

Monseñor Julio María Elías Montoya, O.F.M., es el  Obispo titular del Vicariato Apostólico de Beni

Monseñor Julio María Elías Montoya nació el 7 de febrero de 1945 en Medina de Pomar, Arquidiócesis de Burgos, España. Fue ordenado sacerdote francisco el 14 de julio de 1968 en la Orden Franciscano Menor OFM.

Monseñor Julio María Elías Montoya llegó a Bolivia con 24 años

Monseñor Julio María Elías Montoya, llegó a Bolivia en 1969, para servir con 24 años de edad y un año de sacerdocio al Santuario de la Virgen de Copacabana cuatro años más tarde inicia su misión en el Beni y de allí hasta la fecha viene trabajando por esta iglesia local. El año 1987, es nombrado por San Juan Pablo II, (Papa Juan Pablo II) Obispo titular del Vicariato del Beni.

Fue ordenado obispo el 25 de marzo de 1987.  Es Obispo titular de Cuma.

Este año 2014 el  25 de marzo, cumple 27 años como Obispo del Beni en la festividad de la Anunciación del Señor.

Su lema episcopal “hágase tu voluntad”, afirma Monseñor Julio María Elias, es el que marcó y define todo su trabajo y servicio a la Iglesia en el Beni. Espera seguir trabajando para que la Iglesia en el Beni tenga un rosto propio, con sacerdotes, religiosas y religiosos trabajando y evangelizando.

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Entrevista con Mons. Julio María Elías Montoya, vicario apostólico del Beni (04/04/2013)

El Vicariato Apostólico del Beni, creado en 1917 por el papa Benedicto XV, abarca seis de las ocho provincias que conforman el departamento amazónico del Beni. El obispo es Julio María Elías Montoya, de 67 años, franciscano español ordenado sacerdote en 1968. Al año siguiente llegó a Bolivia y en 1974 se trasladó desde el lago Titicaca a Trinidad, capital del Beni. En 1987 fue promovido a obispo. Paolo Moiola, colaborador de Noticias Aliadas, conversó en Trinidad con Mons. Elías Montoya sobre la situación de los pueblos indígenas y el medio ambiente en esa región del nororiente boliviano.

En Bolivia, alrededor del 60% de la población es indígena, y se reconocen por lo menos 36 grupos étnicos diferentes. ¿Cuál es la situación en el Beni?
El vicariato del que soy responsable tiene una gran extensión territorial pero una densidad poblacional muy baja. Dicho esto, la mayoría de su población está compuesta por mestizos. Los pueblos indígenas son una minoría que creo no alcanza el 30% del total. Hay varias comunidades, pero todas muy pequeñas. El grupo étnico más numeroso es el de los moxeños, llamados moxos en la época de las reducciones jesuitas.

En el vecino departamento de Santa Cruz, las antiguas “reducciones” o misiones jesuitas que se desarrollaron entre los chiquitanos, son bien conocidas, además de ser una atracción turística. ¿Qué ha dejado la historia de estas misiones en el Beni?
Se habrá dado cuenta de que en el Beni todas las ciudades llevan nombres de santos. La razón es que en el siglo XVII llegaron aquí los misioneros jesuitas. Casi todos los núcleos poblacionales han surgido a partir de las famosas reducciones. La primera misión jesuita fue fundada en 1682 bajo el nombre de Nuestra Señora de Loreto. En 1696 nació Trinidad y luego siguieron todas las otras ciudades. Tras la expulsión de los jesuitas [en 1767], los indígenas se dispersaron, pero son los que han conservado las tradiciones católicas. Basta pensar en las celebraciones durante las fiestas religiosas [Navidad, Semana Santa o fiestas patronales], esperadas por todos los habitantes.

Llegar a Trinidad y el Beni no es fácil, sobre todo en la temporada de lluvias. ¿Cuál es la situación en este departamento?
El Beni está un poco aislado respecto a La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, las principales ciudades del país. Sin embargo, al vivir en Trinidad desde 1974, puedo decir que he visto progresos, aunque no faltan las dificultades. Aquí no hay industrias. Nuestra única riqueza es —al menos hasta ahora— la ganadería de tipo extensivo.

¿Cuáles cree son los principales problemas de Bolivia?
En primer lugar, sin duda hay pobreza. Me explico: hoy en Bolivia no falta comida, pero sigue siendo una economía de subsistencia. Y además tenemos carencias en las áreas de salud y educación. Si uno se enferma, no es fácil curarse. Al mismo tiempo, falta un sistema educativo adecuado.

En el 2014 habrá elecciones presidenciales. Cuando el presidente Evo Morales fue elegido por primera vez en diciembre de 2004, había muchas expectativas. Viajando por los llanos orientales hemos notado mucha hostilidad hacia el mandatario. ¿Cómo explica eso?
Con la elección de Evo Morales hubo gran esperanza, que aún persiste, a pesar de que se encuentra principalmente en las poblaciones del altiplano. Al mismo tiempo, es cierto que los ciudadanos aquí se han sentido un poco colonizados por la gente proveniente de la región occidental del país.

¿Cree que haya un elemento de racismo en esta disputa entre los departamentos orientales (de mayoría blanca y mestiza por la migración) y el resto del país (de mayoría indígena)?
No, no creo que haya racismo. Por ejemplo, el Beni siempre ha estado abierto a recibir. Aquí hay gente del altiplano y personalmente no veo racismo en su contra. Por otra parte, es igualmente cierto que el Oriente boliviano es diferente, culturalmente diferente del resto del país.

La Constitución boliviana del 2009 habla de la “sagrada Madre Tierra”. Lamentablemente, incluso en este país, como en el resto del mundo, los problemas ambientales están avanzando a un ritmo impresionante.
Es tan cierto que, en marzo del 2012, los obispos de Bolivia presentaron una carta pastoral —titulada “El Universo, don de Dios para la vida”— dedicada precisamente a la temática ambiental, el modelo consumista y la crisis ecológica. Como franciscano, recuerdo que san Francisco hablaba no sólo de la “Madre Tierra”, sino de la “Hermana Madre Tierra”. En la raíz del problema ambiental está el hecho de que no podemos pensar sólo en nosotros mismos, sino que debemos pensar en los que vendrán después de nosotros.

Acerca de las intervenciones de la Iglesia boliviana, ¿cree que la institución católica todavía es escuchada?
Tenemos voz en la sociedad boliviana y somos respetados por el pueblo, que nos siente cercanos. Algunos políticos y gobiernos piensan que los obispos y sacerdotes deben dedicarse sólo a la salvación del alma. Pero no es así. La evangelización no es sólo para el alma, sino para toda la realidad de la persona humana. Como sacerdotes y obispos no debemos mirar al dinero, el poder o el placer, sino que debemos ponernos realmente al servicio del prójimo.