Análisis

Mons. Roberto Flock: Concédenos un corazón comprensivo

Domingo 17 -27 de Julio, 2014 – Parroquia San José (San Juan Bautista)

Concédenos un corazón comprensivo

Queridos Hermanos.

A nivel internacional las noticias esta semana se han centrado en el caso del avión derribado sobre Ucrania que cobró la vida de 298 pasajeros y la guerra entre Israel y Hamás en Palestina con casi mil muertos. En ambos caso, hay muchos niños muertos, víctimas de quienes buscan una victoria a través de la violencia que justifican desde su particular punto de vista. Aunque un lado prevalezca, la sangre que derraman, solamente genera nuevos ciclos de violencia y dolor. Y la sangre inocente de los niños victimados clama al cielo.

Lamentablemente, la cultura de la violencia en el mundo es tan antigua que el asesinato de Abel a mano de su hermano Caín, cuya envidia le hizo sordo a la voz de Dios, quien le advirtió para evitar semejante pecado.

Hoy, la cultura de violencia está tan extendida que todos nosotros disfrutamos de películas, historias y juegos donde nos identificamos con un héroe bueno y sacrificado que logra aplastar a los malos para salvarse y salvar a los suyos.

En la práctica, esto resulta ser una fantasía infantil, la violencia no es simple destrucción del malo, sino participación en la maldad que se pretender vencer.

En este contexto es bienvenido la oración de Salomón que escuchamos en nuestra primera lectura hoy:

“Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?”

Salomón lo hizo por sentirse joven e ingenuo frente a la gran responsabilidad que le tocaba al suceder al Rey David en el trono de Israel. Sin embargo, es una oración que necesitamos todos para navegar las ambigüedades de la vida: “Concede a tu servidor un corazón comprensivo, para discernir entre el bien y el mal”. Seguramente, muchas de nuestras decisiones serían mejores, si primero pidiésemos sabiduría a Dios con la actitud del Salmo:  

Yo amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino. Por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. Tus prescripciones son admirables: por eso las observo. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante.”

Hubo un momento en que nuestro Señor Jesucristo dijo: “Aquí tienes a uno que es mayor que Salomón” (Mt 12,42; Lc 11,31). Hablaba de sí mismo y de su propia sabiduría que suele resultar elusivo para los sabios y vivos de este mundo, pero que es revelado a los pequeños y humildes.

Jesús hablaba siempre del “El reino de los cielos”, o “El reino de Dios”. Hoy lo presenta como un Tesoro Escondido y como una Perla Fina, cuyo valor, en ambos casos, justifica una inversión total. Jesús mismo es este comerciante que lo vende todo para comprar el Reino. Lo compra con su cuerpo entregado en la cruz; lo negocia con su sangre inocente derramando para el perdón de los pecados. Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que consiste en la violencia con que intentamos crear nuestros propios reinos, en vez de la obediencia que requiere el Reino de Dios.

Jesús no hubiera podido asumir la cruz, si no creyera lo que San Pablo explica en la segunda lectura:

Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquéllos que Él llamó según su designio.” (Rm 8,28).

El recurso a la violencia, a la imposición, al engaño siempre indica que el Tesoro permanece escondido, que no se percibe lo fino de esta Perla, que se cree en el reino que propone Satanás y no en el Reino de Dios.

Mientras, prevalece esta situación, el mundo se llenará con “llanto y rechinar de dientes” por los niños masacrados a manos de quienes se creen buenos y justos en su causa.

Concede entonces, Señor, a tus servidores, un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. Ayúdanos a encontrar el Tesoro Escondido; ayúdanos a comprar la Perla Fina.