Cochabamba

Mons. Robert Flock: El amor es paciente

Mons. Roberto Flock, obispo auxiliar de Cochabamba, en visita pastoral a la parroquia San Isidro de Colomi, presidió la eucaristía dominical en el templo parroquial.

En su homilía remarcó la realidad social que vivimos, muy parecidos a los tiempos de Jesús, donde existe ausencia del verdadero amor. A continuación la homilía realizada por mons. Roberto.

Cuarto Domingo en Tiempo Ordinario, 31 de enero, 2016
Parroquia “San Isidro”, Colomi
El amor es paciente

Queridos Hermanos,

El Evangelio que hoy escuchamos continúa la historia del Domingo pasado, cuando Jesús en la Sinagoga de Nazaret, leyó el Profeta Isaías:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Dice el Evangelio hoy que en un principio todos reaccionaron de manera muy positiva: “Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.”

Pero después de que Jesús habló de la Viuda de Sarepta y del Leproso Naaman, cambiaron totalmente: “Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
¡Jesús casi fue linchando!

¿Por qué cambiaron de parecer y se enfurecieron tanto contra él?

Porque lo dicho por Jesús puso de relieve sus prejuicios y malas actitudes.

Vivían en aquel entonces bajo el dominio de los Romanos, con mucho resentimiento y rencor; además creían que Dios amaba solamente a los Israelitas, y que iba a enviar el Mesías para castigar a los extranjeros. Consciente de sus actitudes, Jesús les dijo dos ejemplos bíblicos de los libros de los Reyes (1 Reyes 17 y 2 Reyes 5) en que Dios hizo un favor para extranjeros, y no para la gente de Israel. Entonces, cuando Jesús les hizo ver que ellos mismos eran los ciegos frente al amor de Dios por todos, se enfurecieron.

Me hace recuerdo de aquella vez que Mons. Tito Solari denunció que estaban utilizando a niños para vender droga sobre la carretera en el Trópico. Muchos, especialmente cocaleros y personajes del gobierno, se enfurecieron contra él. No porque había mentido, sino porque dijo una verdad que incomoda. El incidente hizo ver los prejuicios contra el por ser extranjero, y también puso de relieve la realidad del narcotráfico en Bolivia.

Jesús dijo «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.” De hecho, por ser profeta en su propia tierra, Jesús fue crucificado. Los Evangelios cuentan que desde el primero momento los grupos en poder empezaron a conspirar en su contra, a pesar de la profundidad de sus enseñanzas, a pesar de expulsar demonios, a pesar de sanar enfermos y a pesar de todo.
La gente estaba feliz cuando Jesús multiplicaba panes y cuando sanaba enfermos, pero no les gustó cuando dijo: “amen a sus enemigos”, o cuando denunció la hipocresía que veía.

Hoy es similar. Cuando la Iglesia trae ayuda del extranjero y regala obras de salud y educación, internados y comedores, todos están felices. Pero si decimos que no es bueno ni democrático que los mismos señores se mantengan indefinidamente en el poder o si revelamos que hay mucho narcotráfico y corrupción, en vez de reconocernos como Profetas que hablan en nombre de Dios, nos acusan de políticos. Es una triste hipocresía. Quieren que seamos un Papa Noel, y no lo que Dios nos pide: “profetas para las naciones”, cómo Jeremías (1ª Lectura).

Escuchamos hoy la voz de San Pablo en su hermoso e inspirado himno al amor. Obviamente son palabras que nos desafían a todos, y al mismo tiempo nos ofrecen un criterio para evaluar en qué medida estamos en el seguimiento de Jesús. Podemos sustituir su nombre por la palaba “amor”.

“Jesús es paciente, Jesús es servicial; Jesús no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, Jesús no procede con bajeza, Jesús no busca su propio interés, Jesús no se irrita, Jesús no tiene en cuenta el mal recibido, Jesús no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Jesús todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Jesús no pasará jamás.”

Por eso, cuando Jesús fue casi linchando en su pueblo de Nazaret, no buscó vengarse. Y cuando fue crucificado en Jerusalén, tampoco. Supo perdonar. Su cruz denuncia el pecado, pero también revela el amor.

Hoy entonces es una ocasión para examinar nuestros propios prejuicios, y preguntarnos si somos como Jesús, o como aquellos que casi lo lincharon y luego lo crucificaron.
La meta es poder poner nuestros nombres en este himno de amor y con toda sencillez decir. “Soy paciente, soy servicial, no soy envidioso… Todo lo disculpo, todo lo creo, todo lo espero, todo lo soporto.

Que este Año Jubilar de la Misericordia, y la experiencia de la misericordia divina en nuestras propias vidas, nos sirve para aprender el Amor paciente y verdadero.