Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: LA TRAMPA PARECÍA PERFECTA

Hoy leemos en el evangelio de Mateo 22,15-21 una pregunta que los fariseos hacen a Jesús sobre si se pagan los impuestos al imperio romano. Es una pregunta caprichosa, capciosa y nada sincera. Las palabras usadas tienen apariencias de humildad, “sabemos que eres sincero… fiel a Dios… libre…” (Mt 22,16).

Cristo se da cuenta de inmediato de la intención tramposa e hipócrita y evita caer en la trampa y resuelve con elegancia y picardía el tema del terreno político y lleva el asunto al compromiso religioso; es esto lo que le interesa a Jesús.

Pocos textos del evangelio han sido tan mal interpretados como este: “den al cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21). Cristo nos invita a saber conjugar las dos cosas, aunque los fariseos y herodianos –estos últimos favorables a la ocupación romana– le habían preguntado una sola, “pagamos o no al Cesar…” (Mt 22,17).

El tema era muy candente en tiempos de Jesús, porque la ocupación romana había producido una oposición generalizada. Hoy también, como en siglos pasados el tema no es menos candente. ¡Cuantos gobernantes en el mundo en todas partes y épocas han recurrido a estas palabras de Cristo para reclamar una especie de distribución igualitaria de poderes con el mismo Dios! Sucede en diferentes países que cuando la Iglesia recuerda al pueblo y gobernantes sus obligaciones morales, o sea, las implicaciones del accionar humano-social con los principios éticos y cristianos se invocan las palabras del evangelio de este domingo, como una credencial que eximiera al portador del trámite de hacer un examen de conciencia o revisar su vida en forma crítica.

En los tiempos del imperio romano se exigía a los súbditos respetar al Cesar como un dios y ofrecer incienso, en estos últimos siglos se reclama el sacrificio de las propias convicciones, obedecer las leyes, sin que se sometan al juicio de la propia conciencia, a la ley natural ni a la ley de Dios.

No dudamos que sigue siendo difícil conjugar lo religioso y lo civil, las obligaciones de cristiano  y de ciudadano. Ha habido formulaciones diversas de esta relación y no pocas veces no han sido adecuadas. A veces el cesaropapismo se ha inmiscuido demasiado en el terreno religioso y otras veces los pastores de la Iglesia han incursionado excesivamente el terreno político.

Es  conveniente y necesario tener ideas y principios claros al respecto. El Vaticano II afirma: “la Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan los cargas de este oficio” (GS 15). A todo cristiano le es necesario recordar que su grandeza como hijo de Dios le hace instrumento del plan de Dios.

Todo es de Dios y todos somos de Dios. Gobernantes y gobernados hemos de dar cuenta de nuestros actos a Dios, el Señor Absoluto. A Dios, sólo a Dios y no a la Iglesia. “La comunidad política y la Iglesia son independientes, cada una en su propio terreno” (GS16). Es conveniente conservar la autonomía, la historia enseña que si las persecuciones fortalecen a la Iglesia, los favores de los gobernantes le quitan la libertad para anunciar el mensaje del evangelio. No conviene ni sacralizar el poder político, ni politizar la misión eclesial.
Por ello, quisiera recordar y transcribir algo de la introducción de la Carta de los obispos en la Cuaresma de este año, los católicos en la Bolivia de hoy, “los obispos de Bolivia, movidos por el amor de Cristo y cumpliendo con nuestra misión de  pastorear, custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios en fidelidad al Evangelio y en comunión con el Magisterio de toda la Iglesia Católica, estamos atentos a los signos de los tiempos”.

En la misma introducción en el número 2 decimos: “nuestra mirada se dirige a diferentes dimensiones de la sociedad, no para expresar preferencias por una u otra solución técnica o institucional, como para valorarlas en sus implicaciones religiosas, éticas y morales”. Nuestro papel “es servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esta estuviera en contraste con situaciones de intereses personales”.

Hoy día, en cualquier país del mundo, el cristiano se encuentra con muchos temas que tienen que ver con el binomio Dios y Cesar: el aborto, la moral sexual, las formas de constituir las familias, la eutanasia, el divorcio… Lo humano y lo espiritual deben ir en armonía.

 

Jesús Pérez Rodríguez
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 16 de octubre de 2011