Cochabamba

Mons. Flock: Jesús nos ofrece su amistad

Mons. Roberto flock, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba destacó durante su homilía la amistad que Jesús nos ofrece a todos nosotros.

Homilía para el Domingo, 6 de Julio, 2014

Cansados y Agobiados, Vengan a mi.
Consuelo y Descanso, Encontrarán en mi.

Si difícil es tu día, Esclavizador.
Carga con mi yugo, Soy liberador.

Si te pesa tu pecado, Tan aplastador.
Aprende mi consejo, Soy transformador.

Si sufres en tu alma, Profundo dolor.
Entrégame tu alma; Soy Consolador.

Si tuerce tu camino, Desesperador
Entrégame tu vida; Soy tu Salvador.
“Vengan a mi, todos ustedes que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré.”

Jesús nos hace esta invitación en el Evangelio de hoy. Nace de la observación que hace de la gente, que eran “como ovejas sin pastor”, por un lado, afligidos por la pobreza, la enfermedad y la decepción, y por otro lado agobiados por buscar alivio en lo que más cansa: los placeres pasajeros que dejan resaca en vez de alegría, los vicios que prometen libertad pero terminan esclavizando.

Entonces, nos dice Jesús: “Vengan a mi”. ¿Para qué será?

En primer lugar, nos ofrece su sincera amistad. ¿Cómo es este amigo de alma? ¿Cómo nos puede aliviar?

En primer lugar, Jesús, conociendo toda nuestra realidad, nuestras opresiones, esclavitudes, debilidades y hasta pecados, es amigo que no nos juzga, sino nos comprende. Su amistad nos comunica los sentimientos de Dios expresados en el Salmo responsorial:

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia.
El Señor es bueno con todos, y tiene compasión de todas sus criaturas.

Pues, en presencia del amigo podemos expresar nuestros sentimientos y fracasos con confianza, sin ser condenados. Por eso, Jesús nos dio el Sacramento de la Reconciliación. Es una forma de aprovechar su amistad desde nuestra debilidad. Nos trata con respeto y cariño; nos perdona y nos libera.

En segundo lugar, Jesús, nos revela el secreto de su propia fuerza, tal como nos dice en el Santo Evangelio: “Te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y los prudentes, las has revelado a los pequeños…. nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”

El secreto de la fuerza de Jesús es su intimidad con Dios Padre, cuyo ser comparte como Hijo Único, engendrado, no creado. Jesús transparenta a este buen Dios quien nos quiso desde antes de la creación. La alegría del Evangelio, dice el Papa Francisco, es el Amor de Dios Padre, experimentado en Cristo Jesús. Este amor no es cuento de hadas. Es presencia y compromiso del Dios que envió a Jesús al mundo para compartir su sabiduría, su poder sobre el mal y su regalo de vida en abundancia.

Finalmente, hay una parte de este secreto que puede ser más difícil de entender, incluso para los pequeños.

Jesús dice: “Vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados y los los aliviaré. Cargen con mi yugo y aprendan de mi, porque son paciente y humilde de corazón, y así encontrán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”

Sabemos que el yugo de Jesús incluye la Cruz. Captamos que carga con el dolor de toda la humanidad. ¿Cómo nos puede decir que es suave y liviana?

Debemos entender en qué consiste esta cruz que Jesús carga. Aunque es cierto que sobre sus hombres está el pecado del mundo, con todas sus trágicas y tristes consecuencias, fundamentalmente la carga es amor. Es como la mamá que cambia pañales de su bebé. No se fija en lo que sale del trasero, sino en la sonrisa que provoca en su cara. Y se alegra de la vida que ha salido de sus propias entrañas y celebra la persona que está criando con cariño y amor.

Así es el yugo que Jesús nos invita a compartir. Nos pide ser amigos comprometidos con los demás y con la salvación del mundo, y no con las obras de la carne y de la muerte, como dice San Pablo. No es por temor al castigo o por escaparnos de la realidad. Es simple consecuencia del amor que su gracia nos permite experimentar y compartir con los demás. Es vida según el Espíritu de Dios que resuscitó a Jesús.

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños.

Cansados y Agobiados, Vengan a mi.
Consuelo y Descanso, Encontrarán en mi.