Cochabamba

Mons. Flock: “Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad”

En este domingo 26 del Tiempo Ordinario, Mons. Robert Flock, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba reflexionó el Evangelio sobre la Parábola de Lázaro y el Rico, decía que  “Lázaro goza del consuelo eterno, y el Rico está condenado a aquella cárcel infernal de la cual no hay escape por toda la eternidad”.

A continuación les presentamos la homilía completa:

Confirmación, Cárcel El Abra

Queridos hermanos,

Hoy, además de celebrar el Sacramento de la Confirmación con algunos de ustedes, estoy recordando en esta Misa a mi querida madre, fallecida hace cinco años. Hoy es su cumpleaños y hubiera alcanzado 87 años. En cuanto a mi padre, ya son 19 años que falleció, pero viven todos mis 11hermanos con sus esposos e hijos. Hay una excepción, hace 20 años mi hermano mayor quedó viudo, por un accidente de carretera. Con la pérdida de la madre, sus hijos adolescentes se metieron con malos amigos, y el mayor incluso participó en un robo; fueron apresados y mi sobrino recibió una sentencia de prisión por un año y medio. Al salir de la cárcel se fue a vivir con mi madre, que la acogió como hijo propio, y le ayudó a reorientar su vida de manera más responsable y más digna. Él no ha estado sin problemas, incluso un fracaso matrimonial, pero sin la intervención de mi madre, su abuela, temo que estaría en la cárcel en forma permanente.

Hoy en el Evangelio, Jesús, con la Parábola de Lázaro y el Rico, nos pinta una escena en que Lázaro goza del consuelo eterno, y el Rico está condenado a aquella cárcel infernal de la cual no hay escape por toda la eternidad. ¿Cuál era la maldad que le mereció el interminable tormento? No era asesino ni violador. Su crimen delante de Dios fue la indiferencia frente al sufrimiento de Lázaro. Ahora pide que Lázaro le refresque la lengua con una gota de agua, pero cuando estaba en su poder ayudarle a Lázaro con las sobras de su mesa, no quiso hacer nada. Lo dejó en la miseria. 

Cuando el Papa Francisco visitó la Cárcel de Palmasola en Santa Cruz el año pasado, entre otras cosas dijo lo siguiente: “Aquí, en este Centro de Rehabilitación, la convivencia depende en parte de ustedes. El sufrimiento y la privación pueden volver nuestro corazón egoísta y dar lugar a enfrentamientos, pero también tenemos la capacidad de convertirlo en ocasión de auténtica fraternidad. Ayúdense entre ustedes. No tengan miedo a ayudarse entre ustedes. El demonio busca la pelea, busca la rivalidad, la división, los bandos. No le hagan el juego. Luchen por salir adelante unidos.”

Nosotros sabemos que lo descrito por el Papa sucedió aquí mismo hace dos años, terminado en una matanza por los abusos y luchas de poder. El reto es escuchar el Papa, como también a la Palabra de Dios. Pero como Jesús lamentaba con la parábola: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán».

Hoy celebramos el Sacramento de la Confirmación para unos cuantos hermanos. Les felicito de haber hecho el esfuerzo para cumplir con la catequesis y confirmarse en la fe. Ojalá otros siguen su ejemplo, y busquen profundizar su amistad con Jesucristo, pidiendo el don del Espíritu Santo como manera de reencaminar su vida como hijos de Dios. 

Nuestra segunda lectura nos cae muy bien en este contexto como consejo propicio para ustedes y todos nosotros: “Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.” Su Confirmación hoy es “una magnífica profesión de fe”. Ahora toca vivir esta fe como discípulos de Jesucristo, precisamente en este lugar donde todo testimonio cristiano es una gran bendición que trae esperanza a todos los demás.

Al celebrar el Sacramento de la Confirmación vamos a invocar a Dios Padre para que les envíe su Santo Espíritu con sus siete dones: Sabiduría e Inteligencia, Consejo y Fortaleza, Ciencia y Piedad y el Santo Temor de Dios. Estos dones nos ayudan a guiar nuestra vida en las situaciones complicadas y difíciles que se nos presentan, para que podamos distinguir entre las tentaciones y engaños del demonio y optar por el camino que ofrece la vida verdadera. 

La Sabiduría que Dios nos da es exactamente lo que nos hace falta frente a la astucia del diablo. Porque todo lo que es crimen y maldad, sale de las maquinaciones serpentinas con las cuales uno se cree inteligente para sacar algún provecho, pero por oponerse a la voluntad de Dios y su deseo para tu bien resultan como el mayor tropiezo. En cambio la Sabiduría nos ayude a acertar en un proyecto de vida que nos lleva a la vida en abundancia. Su misma confirmación es una muestra de Sabiduría

La Inteligencia es un don que nos ayuda a percibir la presencia y ayuda de Dios mismo en nuestra vida. En cambio, el enemigo dice que Dios te ha abandonado, o que no existe, su mentira más grande. El Consejo nos ayuda en las decisiones diarias a acertar la voluntad de Dios y la Fortaleza nos da la valentía para optar por el camino bueno cuando sea difícil. Con la Ciencia vamos profundizando en los misterios de nuestra fe cristiana y nuestra salvación eterna, mientras la Piedad nos ayuda a vivir la actitud de misericordia hacia los sufridos, como Jesús nos indica en la Parábola de Lázaro y el Rico. Y finalmente, el Santo Temor de Dios no es miedo, sino una reverencia amorosa que el Señor nos permite hacia Dios mismo, permitiéndonos acercarnos a conocerlo cada vez mejor para enamorarnos con su bondad, belleza y perfección.

Termino con las palabras del Salmo: “Alaba al Señor, alma mía, [porque] El Señor libera a los cautivos y entorpece el camino de los malvados.”