Cochabamba

Mons. Flock: Es necesario renovar la experiencia de Emaús y el encuentro personal y comunitario con Cristo

Mons. Roberto Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba destaca durante su homilía del tercer Domingo de Pascua
Jornada de la Infancia Misionera la necesidad de renovar la experiencia de los discípulos de Emaús. Profundizar el encuentro personal y comunitario con Cristo, señala.

Queridos hermanos,

Comparto este canto titulado “Dos Discípulos” que escribí sobre el Evangelio de hoy, el camino de Emaús.

 
Lentos caminaban dos discípulos,
Les pesaba el corazón.
Con prisa volvieron misioneros
Les ardía el corazón.

¿Cómo puede ser? ¡El profeta murió!
Era poderoso, y nos inspiró.
Fue crucificado, su vida fracasó.
Y ahora nos dicen, que ¡resucitó!

¿Cómo puede ser? ¿No pueden entender?
Según las Escrituras, ¡Él tenía que sufrir!
El Mesías verdadero, no va a castigar.
Derrama su sangre, para perdonar.

¿Cómo puede ser? ¿Por qué no me ven?
Camino con Ustedes, y comparto su pan.
Bendito sea Dios, Gracias por su don.
Que abran sus ojos, y su corazón.
 
La experiencia de los Discípulos de Emaús viene a ser parte del caminar de todo cristiano. Se trata de un encuentro personal y comunitario con Cristo Resucitado, que nos hace arder el corazón y que nos abre los ojos. Nos recuerda la verdad de lo dicho por Jesús antes de subir al cielo: “Sepan que yo estoy con ustedes, todos los días, hasta el final del mundo”. A veces nos cuesta creer esto; nos cuesta reconocerle a Jesús cercano, y nos cuesta comprender la vida con sus sufrimientos.

De que Jesús caminar con estos dos discípulos en el mismo día de su resurrección fue ciertamente un privilegio extraordinario para ellos. “¿Qué comentaban por el camino?”, les pregunta. En realidad, esta iniciativa de Jesús sintetiza el actuar de Dios en toda la historia humana. Desde el Jardín de Edén hasta ahora, Dios siempre ha estado a nuestro lado, aunque no nos demos cuenta, y nos pregunta: “¿De qué van conversando?” Es una invitación a la confianza y comunión con Dios. Y a él le interesa todo.

La preocupación de los discípulos de Emaús fue la liberación de su pueblo. Ellos comentaban: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel.”

Con Abrahán la conversación fue sobre la tierra prometida y su descendencia. Con Moisés fue la liberación de la esclavitud en Egipto. Con los Profetas fue sobre la justicia en el mismo pueblo. Más tarde, Dios se preocupó de los sufrimientos de su pueblo oprimido por un imperio tras otro, hasta los romanos en tiempo de Jesús.

Hoy el Señor nos pregunta sobre lo que conversamos en el camino, y quizás podemos sugerirle que sigue las noticias en la prensa y los medios, o de repente estamos preocupados por temas más personales. Tenemos los aumentos salariales, la fiesta ayer de la Santa Vera Cruz, los accidentados en las carreteras; una religiosa falleció ante ayer; otra celebra bodas de plata hoy, esperamos el retorno pronto de Mons. Tito; un grupo de jóvenes recibe hoy su Confirmación, otros están metidos en pandillas. No es que el Señor no sepa. Es que quiere participar de nuestra conversación y compartir con nosotros el punto de vista de Dios. Con los discípulos de Emaús, se lo hizo explicando las Escrituras. Con ellos y con nosotros es una conversión que revela el misterio de la vida, que destapa la verdad de las cosas y que va cargado del cariño del Señor que ya pasó por la cruz a la vida por amor a nosotros. Por eso, la experiencia de encuentro con Jesús hace arder el corazón.

Y cuando lo reconocemos en la fracción del pan, es decir, en el compartir el pan de cada día y al compartir el pan de la Vida, nos abre los ojos, aún más a su cercanía, su amistad y su poder sobre la muerte.
Así los discípulos se convierten en misioneros, porque no pueden contener la experiencia; la tienen que compartir.

Esperamos que lo mismo suceda para todos nosotros, especialmente para los jóvenes que hoy reciben su confirmación en la parroquia de Condebamba. Que el Espíritu que reciben hoy, les convierta en testigos de Jesús, a quien habían conocido en el camino y siguen conociendo cada vez más de cerca.

Para esto es necesario que vayan renovando la experiencia de Emaús y el encuentro personal y comunitario con Cristo, lo que se hace, participando en la Eucaristía. Aquí en la Santa Misa, el Resucitado nos pregunta cada domingo: ¿De qué están conversando por el camino? Luego nos explica las Escrituras, para que nos arda el corazón y finalmente parte para nosotros aquel pan que  abre nuestros ojos.

Lentos caminaban dos discípulos,
Les pesaba el corazón.
Con prisa volvieron misioneros
Les ardía el corazón.