Santa Cruz

Aidete Vicensi: “Migrantes somos todos, incluso Jesús”

En Santa Cruz hay más de 60 refugiados que vienen de Siria, Irak y huyendo de la guerrilla de Colombia. Ellos necesitan ayuda sicológica, lingüística y de oficio

Tiene 36 años de servicio a migrantes de todo el mundo. Es brasileña y el miércoles retornó a su país tras 12 años de trabajo en Santa Cruz. Desde su fe (misionera scalabrina) y sus dos carreras ayudó a más de 20.000 personas a resurgir desde las cenizas

Habla con pasión sobre su vocación y tiene tantas historias que le cuesta detenerse. En sus maneras se percibe la paz interior y la firmeza de quien trabaja sin descanso por el prójimo. Sin darse cuenta ella inicia el diálogo con una anécdota:  

Cuando trabajaba en Buenos Aires, un día me habló Bergoglio (en ese entonces obispo de Buenos Aires y ahora papa Francisco) y me dijo que habían 40 personas a las que tenían encerradas en un contenedor abandonado. Fuimos de emergencia y los encontramos. Eran bolivianos, peruanos, brasileños y chinos. Fue lo más fuerte que vi en mi vida. Todos encerrados, padeciendo, sofocados a punto de morir. Trabajamos con ellos y muchos llegaron a tener buenos empleos e insertarse en la sociedad, a otros los ayudamos a volver a sus países.

 ¿Cómo empezó su trabajo con los migrantes?

Empecé hace 36 años. Gracias a mi formación de fe aprendí a ver el rostro de Jesús migrante en cada persona que acudía a pedir ayuda. También, gracias a mis dos carreras, entendí la complejidad de esta problemática y juntando todo siempre busqué atender los problemas de forma integral. Esto me llevó a pasar ocho años en Argentina, tres en México, otros tres en Paraguay y ahora termino una estadía de 12 años en Bolivia. Voy a donde me necesiten.

 ¿Cómo llegó a Bolivia?

El cardenal Julio Terrazas hizo un pedido a la Iglesia para crear un grupo de apoyo a migrantes en Santa Cruz. Entonces me encomendaron y junto con él fundamos la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Santa Cruz, la que coordiné estos años.

 ¿Cuál es la situación de los migrantes en Bolivia?

El humano es migrante, todos lo somos, incluso el mismo Jesús, hay que tener siempre presente eso. Poca gente sabe, pero acá hay exiliados y refugiados, solo en esta ciudad hay más de 60 refugiados que vienen de Siria, Irak y huyendo de la guerrilla de Colombia, entre otros. Ellos necesitan ayuda sicológica, lingüística y de oficio. Hay una señora que con 80 años llegó escapando de las FARC, imagínese el trauma. También atendemos a gente que viene de lugares remotos y hay que tratar el shock cultural. Encima de todo eso tienen que mantenerse en el bajo perfil, no pueden ser expuestos y tienen que tramitar todos sus papeles de identidad y residencia al mismo tiempo que se ganan la vida y adaptan. Son situaciones extremas.

 ¿Y la situación de los migrantes bolivianos?

Cuando llegué había una avalancha de bolivianos que dejaban el país. La mayoría eran mujeres y su partida no solo las afectaba a ellas, sino que ocasionaban un gran trauma en la sociedad boliviana. Los preparábamos, les dábamos datos útiles, contactos, trabajábamos con las embajadas y consulados. Ahora cambió y muchos bolivianos están de vuelta. Ya sea por las crisis en Europa o porque las leyes contra los migrantes se pusieron más rígidas. En los últimos dos o tres años estimamos que han vuelto unos 10.000 bolivianos al país. Lo complejo es que un gran número se vuelve a ir a otro país porque regresar es tan traumático como lo fue el irse. Se necesita una ‘contención’ por parte del Gobierno, crear redes de apoyo e incentivos para que la gente se pueda quedar.

  ¿Qué se ha logrado en ese sentido?

En estos años desde la Pastoral de Movilidad Humana atendimos a más de 20.000 personas, tanto llegadas como las que se van, muchos con grandes y felices resultados. Creamos trabajos sociales para prevenir la migración en busca de trabajo. En ello ayudamos a más de 500 familias en el campo con proyectos sostenibles. Se logró consolidar una organización de emigrados regresados que ya tiene personería jurídica.

 ¿Qué le queda de Bolivia?

Una enorme gratitud. Me siento agradecida de haber sido parte de una creación que salvó vidas y que ayudó a gente a resurgir desde las mismísimas cenizas. Le agradezco a toda esa gente por su trabajo, porque ellos son héroes que logran escribir su historia, nosotros solo podemos darles un apoyo, pero ellos son los que avanzan ante la adversidad