Cochabamba

Mons. Flock: “El mundo islámico no ve que la plenitud de la compasión y la misericordia de Dios se han revelado en Jesucristo”

En este domingo 16 del Tiempo Ordinario, Mons. Robert Flock, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, reflexionó sobre la manera superficial que muchos bautizados conocen a Jesús, y por ello vemos tantos casos de feminicidios, conflictos violentos, enfrentamientos entre hermanos; como también en el “mundo Islámico, a pesar de proclamar a Dios como “Allah, el Compasivo, el Misericordioso”, se caracteriza por la violencia, porque no ven que la plenitud de la compasión y la misericordia de Dios se han revelado en Jesucristo, encarnado, crusificado y resucitado”.

A continuación les presentamos la Homilía completa de Mons. Robert Flock:

El misterio oculto

 

Queridos hermanos.

 

Hoy recordamos y celebramos a Mons. Ángel Gelmi, a un mes de su fallecimiento. Lamento que no lo conocía muy bien. Apenas yo fui ordenado Obispo Auxiliar de Cochabamba que el Vaticano aceptó la renuncia de Mons. Ángel, al cumplir sus 75 años. Ya evidenciaban fallas de la memoria, y cada vez que nos encontramos me preguntaba quién era yo. Sin embargo, he conocido su fama como misionero, pastor y obispo, encarnándose de manera impresionante entre el pueblo andino. En su funeral en Italia, Mons. Coter dijo de él: “Era simple pero no banal, pobre pero no inculto, hombre de acción y reflexión, con un corazón grande para Dios y para las personas que se le confió como sacerdote y después como obispo.”

 

Como sabemos, vino como misionero de la Diócesis de Bérgamo en Italia, Iglesia que ha enviado muchos sacerdotes a Bolivia, cuatro de ellos llegando a ser Obispos: en primer lugar, Mons. Ángel, luego Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, después Mons. Eugenio Sarpellini, Obispo de El Alto, y últimamente, Mons. Eugenio Coter, Obispo del Vicariato de Pando. Actualmente, aquí en Cochabamba tenemos de Bergamo el Rector del Seminario, P. Sergio Gamberoni y el párroco de Condebamba, P. Lucas Ceresoli. De Bérgamo salió un hombre recién canonizado con santo, llamado Giovanni Roncalli, mejor conocido como Papa Juan XXIII, quien convocó el Concilio Vaticano II, provocando una transformación de la Iglesia Católica que continua hasta ahora.

 

Uno se pregunta: ¿qué tiene Bérgamo para producir tantas vocaciones, misioneros y santos? Ellos podrían decir lo que Pablo escribió en nuestra segunda lectura en la Carta a los Colosenses: “Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.” Quiere decir que Bérgamo goza de una profunda y compartida experiencia de Jesucristo, que va permeando su cultura y su pueblo. Es un lugar donde ya hay mucho de lo que somos llamados a lograr en nuestro medio, según resumido en el lema de la última Asamblea de CELAM en Aparecida: “Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida.”

 

Por eso, según los testimonios, Mons. Ángel pudiera haber dicho con toda sinceridad, lo mismo que escribe San Pablo: “Me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque, de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios, el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.”

 

“El misterio que estuvo oculto”: Así habla Pablo de Jesucristo, a quien llegó a conocer profundamente a partir de su conversión que le hizo pasar de perseguidor a Apóstol. Esto explica también lo sucedido en la casa de Marta y María en el Evangelio hoy. “María eligió la mejor parte”, porque sentado a los pies de Jesús, escuchando su palabra, empieza a conocer y profundizar el misterio antes oculto. Es el misterio que empezó con en encuentro de Abraham con los tres hombres, que resultaban ser una manifestación de Dios que pone en marcha su plan de salvación para la humanidad.

 

Lamentablemente, a pesar de dos mil años de Cristianismo, y del testimonio de hombres como San Pablo y Mons. Ángel, el misterio sigue siendo oculto para gran parte de la humanidad. Obviamente está oculto de quienes protagonizan matanzas y atentados terroristas como sucedió hace unos días en Niza, Francia. El mundo Islámico, a pesar de proclamar a Dios como “Allah, el Compasivo, el Misericordioso”, se caracteriza por la violencia, porque no ven que la plenitud de la compasión  y la misericordia de Dios se han revelado en Jesucristo, encarnado, crucificado y resucitado.

 

Parece que muchos supuestos cristianos tampoco lo ven. Nuestra sociedad se caracteriza por los feminicidios, atracos y conflictos violentos, porque muchos bautizados conocen a Jesús de manera superficial. Jesús dijo a Marta: “te inquietas y te agitas por muchas cosas, pero una sola cosa es necesaria.” Así somos, inquietos y agitados por muchas cosas, y al buscar resolverlos, quedamos resentidos unos con otros. Por ejemplo, con la sequía, los pescadores y los agricultores están enfrentados por el agua de la Angostura. De repente, si se juntarían en el nombre de Cristo, para rogar por las lluvias y para ayudarse mutuamente, podrían encontrar la manera de preservar y compartir este recurso vital. De manera similar, si las parejas y familias, supieran unirse en Cristo para enfrentar juntos los desafíos y problemas, en vez de la violencia en el hogar, gozarían de la fuerza de Dios para superar todo.

 

Se trata de encontrar, como decía Pablo lo que celebramos en Mons. Ángel: la verdadera sabiduría y la madurez en Cristo. Es como dijo Jesús a Marta, “la mejor parte”; una vez alcanzada, nunca será quitada.