Cochabamba

Mons. Flock: denuncia la violación de los derechos humanos en las cárceles de Bolivia

Estimados Hermanos

Hoy celebramos en Cochabamba otra vez del Día del Peatón y del Ciclista. Justo por movilizarme por bicicleta, más que todo en el centro de la ciudad, he podido acercarme a la Catedral esta mañana para celebrar la Misa con ustedes que lograron venirse también. Ojalá que haya cambios que favorezca a los ciclistas para que todos los días pudiésemos circular sin temor a ser atropellados. Cochabamba tiene una linda ciclovía que bordea el Cerro San Pedro, la Laguna Alcalá, además otras rutas, pero se nota una falta de mantenimiento y se llenan de basura, y muchos me aconsejan no usarlos por el peligro de maleantes. Favorecer a los peatones y ciclistas, es hacer un bien a todos nosotros, porque significa una población más sana, en un ambiente más sano.

El jueves pasado se anunció oficialmente la vigésima tercera versión del Telemaratón de Cochabamba. Este año se ha decidido dedicar la recaudación para la atención a los niños con Cáncer, tanto por medio de la colaboración directa a ellos, como en mejoras en el Hospital Viedma de esta ciudad. Felicito esta determinación y quiero animar la generosidad de los Cochabambinos. Está en sintonía con lo que dice Jesús en el Evangelio de hoy: «Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»

Gracias a Dios, en los últimos años, la medicina ha avanzado mucho en el tratamiento del cáncer en sus múltiples formas. Pidamos a Dios que se logre la comprensión necesaria, tanto para curarla, como prevenirla. He observado que en Bolivia, a pesar de lo que uno supone, se ofrecen los tratamientos de última tecnología en muchísimas cosas. Pero esta medicina avanzada está para quien tenga los recursos. Entonces, podemos dejar que en los países más ricos se dediquen a avance de la ciencia. Acá tenemos que dedicarnos al avance de la solidaridad con los más necesitados.

Cada niño que nace es signo de vida, de amor, de futuro, y por consiguiente de esperanza. La enfermedad amenaza esta realidad. Pero la enfrentamos y la vencemos con nuestro compromiso para con los más débiles y vulnerables.

En este sentido, era realmente hermoso ver la respuesta el pasado martes a la Marcha a favor de la vida del niño o niña por nacer, y en rechazo de la despenalización del aborto provocado. Este esfuerzo también es como dar un banquete a los que no tienen cómo retribuirte, pero que tendrá su recompensa en la resurrección de los justos, según la promesa de Jesús.

Otro ejemplo de esta solidaridad encontramos en las muchasobras sociales de la Iglesia. En Bolivia hay miles de niños, ancianos y otros acogidos en diferentes hogares. Es mínimo lo que colabora el gobierno; unos 7 bolivianos diarios para la alimentación, que a veces no llega. En realidad, depende de la caridad de muchas personas e instituciones, tanto locales como del extranjero, para funcionar. La Iglesia misma gestiona mucha ayuda para estas obras y para la pastoral. Sepan que la mayoría de esta colaboración viene no en grandes aportes de ricos donantes, sino por en sacrificio solidarios de muchos humildes que creen en la misión de la Iglesia. Aquellas ayudas no nos absuelvan de hacer nuestra parte. Más bien, deben estimularlos a ser generosos—muchos son— y al mismo tiempo, exigir transparencia y responsabilidad en la administración de los recursos limitados, tanto por las instancias de la Iglesia, por las otras instituciones de caridad, y también por el mismo gobierno.

Finalmente, hermanos, tenemos que referirnos al horrible y trágico acontecimiento de Palmasola, del jueves 23 de agosto, por lo que perdieron la vida, hasta ahora 35 presos, poniendo de relieve un crimen de que es culpable, no tanto los presos —aunque sucedió por un ataque de un grupo a otros—  sino todo un sistema que traiciona el más mínimo concepto de justicia. Cada paso es para sacar dinero, y la capacidad de pagar es lo que determina si uno cae en la cárcel, como también si permanece allí. Incluso, el “Chonchocorito” donde supuestamente estaban los más peligrosos, es en realidad donde meten a todos los presos cuando primero ingresan a Palmasola, para así cobrar su salida al régimen abierto, lo que cuesta $500.ºº, como fue denunciando por el padre de unos de los calcinados del otro día, y como sucedió con un empleado de mi parroquia en Santa Cruz hace unos años cuando entró por motivo de un accidente de tránsito.
El comunicado de la Pastoral Penitenciaría de Bolivia, al referirse a todo esto dice lo siguiente:

“Una vez más hacemos conocer nuestra denuncia sobre la insuficiencia de la infraestructura carcelaria, el hacinamiento que conlleva violación a los derechos humanos,violencia interna, pugnas de poder y la retardación de justicia, convertidos en detonantesde este tipo de tragedias.
Es urgente conocer mejor el sufrimiento que produce el sistema penitenciario, ir afondo en el tema, suscitando un debate socio-político con respuestas eficaces para iniciarun proceso de transformación estructural, implementando políticas penitenciarias queimpliquen voluntad política y asignación de recursos humanos y económicos, una reforma,revisión del código de procedimiento penal, despolitizar el tema penitenciario, unir lasfuerzas gubernamentales en las competencias municipales, departamentales y nacionales;y las instituciones que trabajamos en la temática: Pastoral Penitenciaria, DerechosHumanos, Defensor del Pueblo, quienes debemos aunar nuestros esfuerzos a fin de lograresta transformación y trabajar por la rehabilitación y reinserción de nuestros hermanosprivados de libertad.

Llamamos a todos a la sensibilización y concienciación social y, al mismo tiempo,animamos a los privados de libertad que en su condición de hermanos, hijos de un mismo Dios, a crecer en la práctica del perdón, del respeto, de la reconciliación, de la rehabilitación, de la fraternidad, renunciando al odio, poder y deseos de venganza.”

Semejante compromiso, Hermanos, nuevamente, significa tomar en serio lo que dice Jesús en el Evangelio: «Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»

Esto es lo que Jesús hace por nosotros, tanto a invitar nuestra participación del Banquete Eucarístico, como posibilitar nuestra participación algún día en el banquete celestial. “Dichosos los invitados al banquete del Señor.” Ojalá nos encontremos todos allí, recibidos con gozo eterno por quienes habíamos acogido en el banquete terrenal, donde nos sentamos nosotros, si nos damos cuenta, también por invitación del Señor.