29 de junio, celebramos la SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO y proclamamos el Evangelio según San Mateo 16, 13-19.
Gloria a ti, Señor.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús
REFLEXIÓN
¡TÚ ERES EL MESÍAS, EL HIJO DEL DIOS VIVO! – ¡TÚ ERES PEDRO Y SOBRE ESTA ROCA CONSTRUIRÉ MI IGLESIA!
Queridos hermanos en Cristo, en la soledad de las cabeceras del río Jordán, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos conocen la opinión de la mayoría que lo tiene como un profeta grande, pero no lo acepta como el Mesías esperado. 1. La pregunta del Señor a los discípulos no dice: ¿Qué es lo que creen ustedes? Sino: Ustedes, ¿quién dicen que soy yo? En la fe cristiana no se trata de algo, de una suma de verdades o principios. Se trata de la persona de Jesús, el Cristo. El Dios hecho hombre. Él “está puesto para que muchos o caigan o se levantan en Israel” (Lucas 2,34). En la aceptación o en el rechazo de la persona de Jesús como Hijo de Dios se define si uno es cristiano. No es la ética y moral. Estas son la consecuencia de la fe. La fe en el Señor incluye lógicamente aceptar sus palabras y sus exigencias. Por eso en el sí a la persona de Jesucristo está la suma de nuestra fe. 2. La respuesta de Pedro: “¡Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo!” incluye la grandeza de la persona y su misión de Jesús el Salvador. Esta respuesta de Pedro resulta de dos fuentes. Una fuente: por su conocimiento personal del Señor y la reflexión sobre las palabras y milagros: las muchas sanaciones, las dos multiplicaciones de panes, su caminar sobre el mar de Galilea y su mano que lo sacó de hundirse. Otra fuente: Su pensamiento viene iluminado con el Espíritu Santo por Dios Padre. En la fe se une lo natural humano con lo sobrenatural divino. 3. La consecuencia definitiva: El cambio de la historia de la salvación, el paso de la Antigua a la Nueva Alianza, de Israel según la carne al Israel espiritual, de la Sinagoga a la Iglesia, de un solo pueblo elegido a la vocación de todos los pueblos. A San Pedro dirige Cristo estas solemnes palabras: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Juan: porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi PADRE que está en los Cielos. Y YO te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta “Roca” construiré mi Iglesia, y los poderes del abismo no la vencerán”. Nadie, ni satanás pueden destruirla. Y todavía añade: “YO te daré las llaves del Reino de los Cielos. Lo que atares en la tierra, será atado en el Cielo; y lo que desatares en la tierra, será desatado en el Cielo”.
SAN PEDRO
¿Quién es San Pedro? Después de la pesca milagrosa, Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: “Señor, apártate de mí, porque soy un pecador”. Jesús le contestó: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 5,8-10). Pedro ocupa siempre el primer lugar entre los Apóstoles. A él, por su respuesta dijo Jesús las palabras trascendentes que acabamos de escuchar. En la pasión de Jesús, Pedro negó tres veces a su Señor. Pero su arrepentimiento fue rápido y sincero. Jesús le perdonó y le entregó el cuidado de la Iglesia naciente. “Apacienta a mis ovejas” (Juan 21,15). Después de la Ascensión del Señor, por iniciativa de Pedro, se eligió a Matías como sucesor del Apóstol traidor. Cuando en Pentecostés bajó el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos con María, era Pedro que inició la predicación eclesiástica anunciando el KERYGMA, la muerte de Jesús para el perdón de los pecados y su gloriosa Resurrección. “Los que oyeron les llegó al corazón… se bautizaron y aquel día se convirtieron tres mil personas” (Hechos 2). De camino al Templo con Juan, dijo al cojo de nacimiento: “En nombre de Jesús, el Nazareno, levántate y camina” (Hechos 3,6). A una discípula llamada Tabita que murió, Pedro la hizo resucitar (Hechos 9,36-42). Luego abrió la fe para los paganos en la persona de Cornelio, capitán romano (10,1-11, 18). Por último, San Pedro llegó a Roma y fue su primer Obispo. Murió mártir crucificado cabeza abajo por el año 67.
SAN PABLO
Con San Pedro celebramos a San Pablo. Entre los más fanáticos perseguidores de los cristianos en Jerusalén, sobresalía Saulo de Tarso. Discípulo del célebre rabino Gamaliel. Una vez convertido por Cristo en Pablo sería el gran Apóstol de los gentiles. Hombre culto que habló varios idiomas, pero como buen fariseo practicaba un oficio, tejedor de telas para carpas. Bautizado por Ananías y presentado a los Apóstoles por Bernabé, con quién emprendió tres largos viajes misioneros a ganar para Cristo muchas personas. De sus muchas cartas se han guardado 14 en el Nuevo Testamento que forman el núcleo de la teología cristiana. Hechos 19,11s dice: “Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo, al punto de que bastaba que aplicaran sobre los enfermos los pañuelos que habían tocado el cuerpo de Pablo para que desaparecieran de ellos las enfermedades y salieron los espíritus malignos”. En la carta a los Gálatas escribe: “Fui crucificado con Cristo, por lo que no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (2,19s). Igual que Pedro, y al ejemplo de Jesús, Pablo resucitó al joven Eutiquio que se cayó del tercer piso y estaba muerto. Como Pedro sufrió el martirio en Roma por la espada por el mismo año 67.
El Papa Francisco invita orar este mes por la belleza del matrimonio y por los que se preparan al matrimonio para que crezcan en el amor. Nos unimos al pedido del Papa al rezar el SANTO ROSARIO, especialmente para las familias que sufren del covid-19 o lloran la muerte de una persona querida. Al final oramos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.
Monseñor Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Fuente: Franciscanos Conventuales Bolívia / Formacion Y Promocion Vocacional


